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Ho Chi Minh: “Un hombre que ilumina”


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Claudia Fonseca Sosa

Entre los grandes hombres que conforman la historia del siglo XX se encuentra el vietnamita Nguyen Sinh Cung, más conocido como Ho Chi Minh o “el que ilumina”. Nacido el 19 de mayo de 1890 en la aldea de Kimlien, en Annam, su vida fue una sucesión de luchas en pro de la libertad y del mejoramiento de su Patria, a la que supo conducir para liberarse del colonialismo francés, la invasión japonesa y resistir el imperialismo estadounidense.

La obra del Tío Ho —como le gustaba que lo llamaran— fue una clara muestra de dignidad, fervor revolucionario y abnegación por sus iguales. En él convergen la esencia, la determinación y los ideales de la nación asiática, que coinciden en muchos puntos con los conceptos martianos.

Siempre fue muy sencillo. Se formó como maestro de Lenguas y a los 21 años ya estaba enrolado en un barco galo como simple marino mercante y pinche de cocina, lo que le permitió conocer Francia, África y América. Vivió en el barrio estadounidense de Harlem y en Londres, donde desempeñó diferentes oficios.

De vuelta a Francia a finales de 1917, se incorporó de lleno en la lucha por la liberación de las colonias asiáticas y africanas, como aliado del Partido Socialista del país europeo. Para entonces ya había fundado también un periódico.

Su paso al Partido Comunista francés fue un acto natural luego del triunfo de la Tercera Internacional y de Lenin, cuyas tesis constituyeron un acicate para el pensamiento revolucionario del joven vietnamita, que más tarde fundaría el Partido Comunista de Indochina, organización guía del movimiento revolucionario que se enfrentara a Francia, Japón y Estados Unidos.

Llegó a ser Secretario General del Partido de los Trabajadores de Vietnam, fundador y Presidente de la República Democrática de Vietnam.

Por infortunio, Ho Chi Minh muere en 1969 antes de que se logara la reunificación del Norte y el Sur; lo que para él iba a ser la victoria definitiva. Sin embargo, dejó escrito: “En la lucha patriótica contra la agresión norteamericana, en realidad tendremos que soportar más dificultades y sacrificios, pero estamos seguros de que obtendremos la victoria total (…) Mi último deseo es que todo nuestro Partido y pueblo, unido estrechamente en la lucha, construya un Vietnam pacífico, unificado, independiente y próspero, y haga una valiosa contribución a la Revolución mundial”.

Y así se cumplió. El imperialismo fue derrotado y la nación indochina —dirigida por el Partido Comunista— ha logrado resultados socioeconómicos impresionantes, mientras continúa aplicando su política de Renovación para “construir un Vietnam diez veces más bello”.

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