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«Nunca entenderán por qué el pensamiento del Che se arraigará en el mundo como trigo maduro en tierra fértil»


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«Nunca entenderán por qué el pensamiento del Che se arraigará en el mundo como trigo maduro en tierra fértil»

2013-10-09 |

A 46 años del asesinato de Ernesto Guevara, compartimos el prefacio de Camilo Guevara March a El Diario del Che en Bolivia (Ocean Sur, 2006)

 

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Por CAMILO GUEVARA MARCH

 

Confiscada por los militares bolivianos, en la última hoja de una agenda verde, con fecha 7 de octubre de 1967, apenas se puede leer por la difícil caligrafía de su autor: «Se cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente […]». Estas palabras no parecen de ningún modo el epílogo de la epopeya heroica que se describe en este Diario, no se percibe ni el más mínimo dejo de desánimo, de pesimismo, de derrota; por el contrario, parece un principio, el prólogo.

 

Santa Cruz, Bolivia, 1967

 

I

 

Casi un año de intensa contienda ha pasado; recientemente, por una delación, ha caído en una emboscada en Vado del Yeso el grupo de Joaquín; el cerco sobre la tropa del Che se cierra cada vez más y deciden abandonar la zona en busca de otra apropiada, donde logren desarrollar con eficacia las operaciones que permitan consolidar la lucha guerrillera. Comienza la tarde del 8 de octubre, avanzan los soldados y el combate se hace inminente.

 

Es trasladado hacia el precario recinto escolar de La Higuera un prisionero herido, ensimismado y casi sin aliento, apenas puede caminar erguido, enfrenta el peso que conspira contra la rectitud de sus hombros, el peso que acumula de los últimos meses, minado de calamidades, de enfermedades, de la muerte de amigos y compañeros, de la infidencia de otros supuestos, de la nada envidiada responsabilidad que tiene sobre vidas ajenas y cercanas, de las añoranzas por sus seres queridos. La carga sobre sus huesos se iguala a la suma de las fuerzas telúricas y, sin embargo, ahí están sin menguar, rectos, hirsutos, armados de convicciones, preparados para un próximo combate.

 

Más tarde, atado y recostado a la pared de adobe, en espera del veredicto que conoce de antemano, observa en silencio el deambular de los jefes esbirros a cargo de su custodia. Algunos más prepotentes que otros, como todo sicario en canto precoz de victoria, intentan esporádicamente vejar a quien consideran la víctima, pero el respeto que inspira y la fuerza que emite su pétrea mirada, esa que acostumbra a calar profundamente en todos, frena el ímpetu a la cobardía, que inmediatamente se convierte en confusión.

 

Ante ellos se encuentra una tremenda disyuntiva, por una parte tienen en sus manos a uno de los revolucionarios más prominentes que hayan conocido, quien puede convertirse en una prueba viviente de una supuesta agresión extranjera o de un macabro plan del comunismo para apoderarse del mundo; por la otra, un acusador pertinaz, hombre virtuoso y de argumento sólido, capaz de transformar cualquier tribunal en tribuna. Incluso, sin importar el resultado de un pretendido juicio legal, este se convertiría en un peligroso juego político con un final incierto.

 

El Ejército de Liberación Nacional de Bolivia se ha dado a conocer, ha realizado múltiples acciones casi siempre con éxito, sin que lo haya podido impedir nadie; ni la opinión pública nacional ni el mundo han estado ajenos a los acontecimientos. Se respira un aire de simpatía por doquier, aun cuando ciertamente, no se haya reportado la incorporación masiva de las fuerzas que debieran integrarse.

 

Los hechos acaecidos en el trascurso de estos meses, han dado un enorme reconocimiento a la guerrilla, se ha preparado el terreno para que en relativo corto plazo se comiencen a recibir los frutos esperados. Por tanto, este es un momento muy delicado para el statu quo, los interesados en mantenerlo deben intuirlo y preconizan despiadadamente un fin.

 

Resulta paradójico hacer de una escuela una cárcel, pero es sencillamente inútil, si no torpe y criminal, el pretender matar las ideas con un fusilamiento, allí donde se supone que fecun­den. Se respira un aire de venganza, es el tipo de actitud que encarnan aquellos que invariablemente defienden sus «causas» con métodos nada edificantes y sutiles.

 

En los breves momentos de quietud, forcejeando un poco contra sus amarras para aliviar el entumecimiento de los miembros, se despide de sus recuerdos, acompañado de su esposa, rodeado de sus hijos, sus familiares, de los amigos y compañeros más próximos, de su Argentina, de su Cuba, del mundo y de Fidel. Se preocupa por la suerte de los que lograron salir vivos del enfrentamiento, piensa…

 

Seguramente alguien se felicitó o fue felicitado por darle tal «gloria» al Ejército boliviano. La captura del Comandante Guevara es oxígeno puro para la poca vitalidad y el ausente prestigio del régimen, al menos eso se figuran; sin embargo, al final, se obtendrá lo contrario y a la vez convertirán en pasión el respeto y admiración que se le tiene ya al Che, y en conciencia y voluntad de lucha, su historia y obra. Cómo pretender apresar un espíritu de futuro en el pasado, cómo pueden creer que poseen la fuerza para confinar el ejemplo. Con la pierna sangrante, inutilizado su fusil y sin más parque, pudieron alcanzar al hombre aquel día, pero solamente porque era mucho hombre y revolucionario íntegro, hasta el tuétano, de esa especie que solo es movida por sentimientos de amor.

 

Quién duda de su inteligencia y de sus conocimientos estratégicos y tácticos, de su experiencia de guerrillero, de su capacidad para romper el cerco; prefirió, porque lo exigen las circunstancias y así debió ser, estar junto a los que no podían valerse por sí mismos y ello fue lo que dificultó su retirada. Hacía tiempo que debió haber salido de Santa Cruz, sin embargo decidió esperar, continuar la búsqueda y no abandonar la tropa de Joaquín. Fueron días preciosos que corrieron, que nunca consideró perdidos. Pudo y debió dejar que el Pelao y el Francés, ese que después lo satanizara, salieran por sus medios a la ciudad, donde emprenderían determinadas tareas, no obstante, los acompañó en persona hasta un lugar que considera racionalmente seguro.

 

Este es un hombre tan intenso y pleno que no cabe en la estrechez de criterios de quienes lo juzgan. Sí, para qué negarlo, hay quienes le temen y lo critican, digamos, por ejemplo, los inclaudicables revolucionarios de sobremesas, los burócratas, los cobardes, como es natural, el deshonesto, el oportunista, los tiranos de las oligarquías y los oligarcas de la democracia. Por diversas razones se esconden de él o intentan esconderlo con el manto ilusorio de que las utopías a su estilo no son realizables. Los más, los mayoritarios que comparten parcial o totalmente su visión de futuro, lo aprecian. Su talla apenas es percibida en estos instantes, su tope lo erige la historia. Sus capturados gozan de buena salud, sus captores están a punto de vengar la osadía de enfrentar, con poco menos de cincuenta hombres en armas, a todo un ejército, a tropas entrenadas y financiadas por el imperio y sus pretorianos rangers.

 

II

 

Cerca de allí, en la mañana del 9 de octubre, un reducido grupo de hombres reunidos en una zona cercada por abruptos relieves, algunos con heridas sin sanar, todos famélicos, sedientos y cansados hasta lo indescriptible, con la incerti­dumbre incrustada en sus rostros, en un radio portátil buscan desesperadamente noticias sobre el paradero de sus otros compañeros y su estimado jefe. Sin saber qué suerte habían corrido, aguijoneados por la poderosa intuición del desastre, mueven con nerviosismo el dial en busca de las emisoras que saben más veraces, aunque, lógicamente, con enormes reservas. Conocen por la propia experiencia y los libros que, sutilmente utilizadas, podrían convertir la necesidad perenne de información en una trampa mortal o, en el mejor de los casos, llevarlos en una dirección equivocada; por esta vez, están dispuestos a conformarse con el más elemental indicio que les permita, sin medir las consecuencias, actuar. Actuar acorde con sus sentimientos de solidaridad hacia los hermanos de armas e ideas. Es más fuerte la voluntad de ayudarlos y, a la vez, de salvar al movimiento amenazado en su primigenia etapa de formación, que las razonables vacilaciones que pudieran surgir sobre el resultado de acciones de rescate.

 

Han cumplido cabalmente las orientaciones previamente coordinadas, si no era aquí, era allá y si no acullá, así se había planificado la posible evacuación de las fuerzas y dónde deberían reunirse en caso de un descalabro o retirada organizada. Por tanto no hay de qué avergonzarse, aun así están postrados por el hecho de que en un momento tan crucial les resulta imposible tenderles la mano a sus camaradas. Para algunos, aquellos once meses de lucha en los parajes bolivianos; para otros, toda una vida compartiendo vicisitudes, las pocas provisiones y las muchas esperanzas y sueños, protegiéndose unos a otros, exponiéndose por los demás, perdiendo en combate entrañables amigos y familiares, los deja conmovidos por un injusto y a la vez explicable sentimiento de culpa. Piden en silencio acompañar la suerte de los demás, fuera cual fuere, y aunque obligaban al optimismo a imperar en sus mentes, el corazón se agitaba de forma extraña y anuncia la inminencia de lo que consideran inverosímil.

 

Así llega la dramática noticia, el Che ha muerto en combate, según las mismas fuentes que describían con lujo de detalles sus pertenencias y otras sutilezas que solo conocen los allegados. Entonces, sin que se albergara alguna duda, comprenden que lo sopesado como una lejana posibilidad, es ahora dura y fría realidad, que envuelve maniatando todos los pensamientos y músculos.

 

Qué hacer, cuáles son los próximos pasos a dar después de algo así, por qué estaban allí, cuál es el deber. La respuesta exige estar a la altura de los acontecimientos, la emoción los embargaba y el tiempo apremia, el Ejército no había abandonado la búsqueda, en cuestión de minutos o segundos podrían caer sobre ellos. Tienen que actuar con inmediatez. Cuántos recuerdos inundan sus mentes, cuántas voces frescas aún, cuánta complicidad. Tal vez retumba una frase de esas que con tanta eficacia reducen las grandes verdades a pocas letras, «en una revolución se triunfa o se muere si es verdadera», quizás otra, vaivén entre despedida incierta y la fe imperturbable en la meta, «Hasta la victoria siempre». De todas formas no es lo más importante, ahora solo concierne el hecho: si continúa la lucha, independientemente de la gran pérdida, el Che y sus camaradas habrán vencido; si se abandona, sin tener en cuenta el hoy o el mañana, su himno, como él lo llamara, hecho a la medida de los pobres y para oídos receptivos, quedará tan inerte como su cuerpo.

 

Ellos van a tomar una decisión que marcará el curso de esta historia, sabemos que la última palabra la dirán los pueblos, pero es un signo propicio e inequívoco cuando el cuerpo de las huestes revolucionarias se adhiere al pensamiento y a la acción de sus líderes. Ello perpetúa el esfuerzo y los que caigan o abdiquen serán reemplazados y se hallarán las energías suficientes para alcanzar el éxito. Surge así el famoso pacto del exiguo Ejército de Liberación Nacional: combatir hasta las últimas consecuencias, continuar la lucha hasta hacer realidad los objetivos fundacionales de la guerrilla, enraizados fuertemente al pensamiento histórico latinoamericanista (al cual Guevara aporta un original e invaluable caudal), dando paso a nuevas epopeyas en las luchas de los pueblos por su redención.

 

III

 

9 de octubre: En aquella pobre escuelita de La Higuera, un reducido espacio apresa el cuerpo de uno de los seres más consecuentes que se haya conocido, a un hombre inmenso, que aguarda pacientemente la muerte que quisieron para él sus verdugos, sin sospechar qué le espera; la inmortalidad dada por la colosal empatía entre sus ideas, las más puras, y sus actos, los más altruistas. Las órdenes vienen de Washington: que sea asesinado; los súbditos obedecen y con una bala tras otra roban el vigor al cuerpo gallardo del guerrillero, un terrible y triste error. Se convierte, y no porque ellos quieran, en el símbolo aguerrido de resistencia, de lucha por lo justo, de pasión, de hombre necesario, multiplicado infinitamente en los ideales y los brazos de quienes luchan, que es, en última instancia, a lo que más temen los testaferros y su omnipotente dueño.

 

Nunca entenderán por qué el pensamiento del Che se arraigará en el mundo como trigo maduro en tierra fértil, ni por qué en el mismo instante que decidan ultimarlo lo eternizarán. La enjundia paradigmática de un creador audaz, del trabajador y estudioso incansable que fuera él, del formidable condotiero que a fuerza de humanismo y sentido común asestó mandobles mortales a la burocracia y a la aristocracia, estará presente por siempre como esperanza.

 

¿Qué sentido tiene el crimen, acaso suponen que doblegarán, siquiera un ápice, la certeza encarnada en su pensar y conducta, de que el individuo puede ser solidario, puede cambiar para bien y puede ennoblecer la sociedad en la cual vive? ¿Qué procuran, que cambie toda una filosofía de vida, la herencia y savia en que bebió? Es posible que no conozcan lo inapelable que es en sus convicciones. Pueden estar seguros de que no se permitirá odiar ni al verdugo ignorante que lo asesina, no consiguen envilecerlo. No dejará de creer, ni masacrado sádicamente, que los revolucionarios deben, solo cuando fuere rigurosamente necesario, invocar la fuerza, ese primitivo pero legítimo impulso, que nunca ha de ser, porque ello es incompatible con la condición humana, acompañado de la crueldad. ¿Qué objeto tendría este homicidio, arrebatar sus ganas de vivir, esas que se sienten más cuando se esquivan con éxitos las ataduras de las circunstancias y se les toman de las riendas, las que adquieren supremo brío cuando la voluntad lucha contra unos pulmones cansados, por una bocanada de aire? Qué absurdo.

 

Cae ultimado, sin juicio de tribunales y de pensamiento, el Che y con él toma cuerpo un sueño dormido en tanto tiempo, germina y se eleva el anhelo de que el hombre nuevo no es ni ilusión ni quimera. Es renuevo constante, sacrificio por los demás y por sí mismo, para crecer y dejar atrás la mediocridad, para ser, aunque sea por una única vez, diferente, mejor.

 

Camilo Guevara March

Centro de Estudios Che Guevara

 

Tomado de El Diario del Che en Bolivia (Ocean Sur, 2011), pp.1-10

 

 

 

Como la vida misma

2013-06-21 |

Reseña del libro Notas de Viaje, crónicas del primer recorrido de Ernesto Guevara de la Serna por América Latina.

Por Disamis Arcia

 

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Un año después del regreso de su primera aventura por el continente latinoamericano, el joven Ernesto Guevara de la Serna retoma las escuetas anotaciones que realizara durante el recorrido, para escribir estos pequeños relatos que, muchas décadas después, cuando su nombre se había enraizado en la memoria de los pueblos como sinónimo de rebeldía y de lucha por la justicia social, fueron publicados en el año 2004 por el Centro de Estudios Che Guevara y la editorial Ocean Sur bajo el título de Notas de Viaje.

 

Pocos años después, cuando el cineasta brasileño Walter Salles los toma como base para su película Diarios en motocicleta, alcanzarían fama mundial las experiencias vividas por este muchacho soñador e inquisitivo que regresó de aquel encuentro con la Mayúscula América sintiéndose distinto, conmovido hasta la raíz por una cultura, una manera de vivir y de ver la vida que, a fuerza de contradictoria y llena de matices, lo atrapó para siempre.

 

A través de los 42 textos que conforman este volumen, América se muestra en toda su majestuosidad, en toda su multiplicidad cultural, geográfica y social. Para el joven estudiante de Medicina que sale de Córdoba el 31 de diciembre de 1951 junto a su amigo Alberto Granado, para no detenerse hasta llegar a Caracas en julio del año siguiente, la iniciática aventura constituye tal vez un punto de viraje y ruptura de lo que podría haber sido su vida futura. Las tierras americanas tienden al joven una trampa de la que no se liberaría nunca. Las propias circunstancias de un viaje que se inició con la loca pretensión de recorrer varios miles de kilómetros en motocicleta y muy bajo presupuesto posibilitaron en cambio un acercamiento, desde dentro, de las dimensiones y realidades geográficas, culturales, económicas y sociales de los países visitados.

 

Cada nuevo paso deviene en acercamiento directo a una variedad increíble de climas y paisajes que van desde las cercanas pampas, pasando por las desérticas tierras de Atacama, las majestuosas cumbres de los Andes, hasta la lujuriosa selva de la Amazonia peruana. Cada  página se traduce además en la interacción y convivencia con sus pobladores y sus historias personales, sus tradiciones culturales, su realidad económica y política, su historia y las múltiples caras de la explotación y la injusticia social en las que se desenvuelven.

 

Numerosos son los momentos para recordar que se describen o rememoran en estos relatos. Algunos permanecen por su dureza y sinceridad. Pero es tal vez el espacio que dedica a estudiar, comprender, interiorizar la grandeza antigua de la cultura incaica y su posterior proceso de degradación lo que más puede impactar al lector que transite por estas páginas. Frente a las majestuosas ruinas de Machu-Picchu, en las calles del Cuzco y sus tradicionales procesiones, en las iglesias, los caminos, las riberas amazónicas y laderas andinas  muestran una compleja realidad que es percibida por Ernesto en sus múltiples aristas, expresada en sus valoraciones relacionadas con el valor incalculable de su legado cultural para todos los países latinoamericanos en tanto constituyen un elemento significativo de identidad; su preocupación por hilvanar y comprender el proceso sociohistórico que conllevó a la situación de exclusión social y explotación en que se encontraban los descendientes de estos pueblos originarios; su sagacidad para “encontrar” entre las expresiones artístico culturales producidas desde los tiempos de la colonia, la presencia de aquellas muestras de cultura ancestral que han devenido en expresión de resistencia cultural.

 

Como él mismo confesaría en estas sus Notas de Viaje, la experiencia devendría en profunda transformación y gradual consolidación de esos intereses e inquietudes sociales. Estas constituyen, al decir de Cintio Vitier,  «apuntes llenos de tantos contrastes y enseñanzas, de tanta comedia y tragedia, como la vida misma», que son expresión de la visión de un continente.

 

 

Tomado de Che Guevara. Proyecto Editorial

 

El Che en América Latina en el 85 aniversario de su natalicio*

2013-06-19 |

Ponencia presentada en el coloquio «Che Guevara en la hora actual en el 85 aniversario de su natalicio», celebrado en La Habana los días 13 y 14 de junio de 2013

Por Roberto Regalado

 

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¿Tiene vigencia el pensamiento del Che en la América Latina del siglo XXI, cuando la izquierda accede al gobierno mediante elecciones y el único conflicto armado revolucionario que se mantiene activo, el colombiano, parece avanzar hacia una solución negociada?

 

La vigencia del pensamiento de Ernesto Guevara de la Serna –lo llamo por su nombre debido a que sus ideas revolucionarias empiezan a formarse antes que sus compañeros en Cuba lo apodaran «Che» y que ascendiera a comandante del Ejército Rebelde– aparece de manera nítida, evidente, y con inusitada actualidad y fuerza, cuando traspasamos la cortina de humo que lo estereotipa con una imagen estrecha, unilateral, sesgada de Che‑guerrillero, y brota a la luz el pensador y líder revolucionario que, en su corta vida, tanto hizo para desarrollar la teoría de la revolución de fundamento marxista y leninista como teoría de la praxis, emanada de la interacción fecunda con la realidad, enriquecida con la experiencia de la Revolución Cubana, en las condiciones de la crucial sexta década del siglo XX, y con el objetivo de emancipar a América Latina y todo el entonces llamado Tercer Mundo.

 

Es imposible para mí abordar el tema, con la profundidad y la amplitud que merece, en el tiempo que me corresponde hablar en este coloquio «Che Guevara en la hora actual en el 85 aniversario de su natalicio». Además, sería presuntuoso intentarlo siquiera, al ser un evento del Centro de Estudios Che Guevara, prestigiosa institución dedicada a analizar y divulgar su vida y su obra, la más autorizada para fundamentar la vigencia de su pensamiento, a la que mucho agradezco la distinción de invitarme a participar en este panel. Me limito, por tanto, a puntualizar algunos elementos que contribuyen a difuminar la mencionada cortina de humo.

 

El pensamiento revolucionario de Fidel Castro y Ernesto Guevara, entrelazados y retroalimentados entre sí de manera indisoluble, son el símbolo por excelencia de la etapa de luchas populares abierta en América Latina por el triunfo de la Revolución Cubana, que comienza en 1959 y concluye entre 1989 y 1991. Haré unos breves comentarios sobre esa etapa, y luego otros sobre la actual.

 

Nada más lejos de la realidad que presentar al Che como un ser esquemático, aferrado a la guerrilla como única forma de lucha. Al contrario, él comprendió, reiteró y actuó con apego a la idea de que los pueblos emprenden la lucha armada revolucionaria solo cuando se convencen de que las vías legales para satisfacer sus necesidades e intereses vitales están cerradas, la cual nos remite a la definición leninista de situación revolucionaria.[1] La primera consideración que deseo trasladarles es que, tanto la situación de América Latina previa al triunfo de la Revolución Cubana, como la posterior al asesinato del Che, hasta el momento en que se produce el derrumbe del bloque europeo oriental de la segunda posguerra mundial, validan sus reflexiones sobre la lucha armada como motor de la revolución.

 

¿Qué sucedía antes de la victoria del Ejército Rebelde en Cuba?

 

La izquierda tradicional latinoamericana seguía aferrada a la estrategia de frentes populares, que si bien le facilitó ocupar espacios institucionales, políticos y sociales mediante la lucha legal mientras duró la alianza antifascista entre los Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética, se tornó impracticable, y hasta suicida, a partir del estallido de la guerra fría.

 

¿Y qué sucedió después del asesinato del Che?

 

La izquierda tradicional pretendió descalificar su pensamiento mediante la construcción del estereotipo de Che‑guerrillero, contrapuesto a la elección del gobierno de la Unidad Popular chilena. Sin embargo, el derrocamiento del presidente Allende demostró que en América Latina podría haber reveses en la lucha armada revolucionaria, pero era imposible emprender un proceso de reforma social de signo popular –¡ni hablar de un proceso de transformación social revolucionaria!– mediante la competencia electoral, ni siquiera en Chile, uno de los dos casos excepcionales, junto a Uruguay, donde la democracia burguesa funcionó en la primera mitad del siglo XX con una estabilidad muy por encima de los estándares de la región.

 

Añádase a lo anterior que tampoco perduraron los procesos de reforma social liderados por militares progresistas como Juan José Torres en Bolivia, Juan Velasco Alvarado en Perú y Omar Torrijos en Panamá, y que desde finales de la década de 1970 se produjo un nuevo auge de la lucha armada revolucionaria, con la insurrección del Movimiento de la Nueva Joya en Granada y el triunfo de la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua, y con la convergencia de fuerzas revolucionarias materializada en la creación del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador, la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en Colombia, nuevo auge que fue neutralizado por el fin de la bipolaridad mundial.

 

¿Cómo concebía el Che la lucha armada revolucionaria?

 

A riesgo de dar una visión reduccionista y esquemática, por lo cual pido disculpas anticipadas, permítanme sintetizar que el Che evaluaba que en América Latina existían las condiciones objetivas para emprender la revolución, cuyo carácter tenía que ser socialista para ser verdadera. La guerra de guerrillas no era para él la única forma de lucha, pero sí la más conocida y efectiva en su momento, porque la acción de la vanguardia armada revolucionaria contribuiría de modo decisivo a crear las condiciones subjetivas. El propósito de las fuerzas revolucionarias era aniquilar al enemigo mediante la lucha armada con la finalidad de conquistar el poder, y ello presuponía que la guerrilla ascendiera a los peldaños que le permitiesen obtener crecientes resultados militares, mejorar su composición social y profundizar su desarrollo político, hasta convertirse en la impulsora del movimiento generador de conciencia revolucionaria de las masas. No era la guerrilla la que haría la revolución, sino la acción directa del pueblo que ella genera.

 

¿Por qué la concepción del Che sobre la lucha armada revolucionaria no tuvo el resultado que él esperaba?

 

No lo tuvo por una combinación de factores, entre los que resaltan: la violencia contrarrevolucionaria y contrainsurgente desatada por el imperialismo, en sus dos vertientes, a saber, la empleada para bloquear, aislar y estigmatizar a Cuba, y la utilizada para descabezar, desarticular y aniquilar a los movimientos revolucionarios del resto de la región; la extrapolación de la estrategia y la táctica victoriosas en Cuba a naciones con condiciones y características económicas, políticas y sociales muy diferentes, incluidas las dimensiones étnica y cultural; las debilidades, errores e insuficiencias de las fuerzas revolucionarias, entre ellas, las pugnas que impidieron la unidad, un principio elemental en la concepción revolucionaria del Che; y, cuando a contracorriente de los elementos señalados parecía afianzarse una nueva etapa de flujo de la lucha revolucionaria en Centroamérica y Colombia, entró en escena el cuarto factor negativo, cuyo peso es determinante para el cierre de la etapa histórica abierta por la Revolución Cubana. Ese factor es el cambio en la correlación mundial de fuerzas, que en América Latina repercute a partir de la proclamación de la política de nueva mentalidad de Mijaíl Gorbachov, en particular, mediante las presiones que la dirección soviética ejerció sobre el Gobierno Revolucionario de Nicaragua para que concertase, a cualquier costo, un acuerdo político que «desactivara» el llamado conflicto centroamericano.

 

Es importante detenernos un instante en este punto porque con demasiada frecuencia se habla de las tendencias mundiales como algo inmaterial o sobrenatural, y se pasa por alto, por ejemplo, las torceduras de brazos, amenazas, presiones, chantajes y agresiones a las que acudieron las potencias imperialistas para imponer la globalización neoliberal, cuya esencia asesina y depredadora no estuvo predestinada desde el «más allá», sino impuesta por la fuerza bruta del «más acá». En el caso que nos ocupa, la «tendencia mundial» que frenó el auge de la lucha revolucionaria en América Latina a finales de la década de 1980, incluyó la decisión del gobierno soviético de suspender la ayuda económica y militar que le permitía a la Revolución Popular Sandinista enfrentar la guerra contrarrevolucionaria desatada contra ella por el imperialismo norteamericano. Esta política, que pasó de la amenaza a los hechos cuando la URSS interrumpió el suministro de petróleo a Nicaragua mientras se negociaban los nefastos acuerdos de Esquipulas II,[2] no solo hizo mella en ese país, sino también frenó el flujo revolucionario en la región en su conjunto.

 

La interrelación entre las «tendencias mundiales» sublimadas y los hechos concretos, mundanos y ocultos, sobre los que ellas se sustentan, se evidenció cuando el entonces alcalde de Moscú, Boris Yeltsin, viajó a Managua como portador de un mensaje del Buró Político del Partido Comunista de la Unión Soviética, que informaba a la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional la política a la que acabo de hacer referencia.

 

¿Dónde y cómo se aprecia hoy la vigencia del pensamiento del Che?

 

La vigencia del pensamiento del Che en América Latina –y en el resto del mundo– se expresa, ante todo, a través de la supervivencia de la obra de la cual él fue uno de los constructores principales, es decir, de la Revolución Cubana, pues muy distinto sería el mapa político del continente si ella no hubiese sido capaz de resistir y vencer la ofensiva ultrareaccionaria que estremeció a la humanidad a finales de los años ochenta e inicios de los noventa, y así demostrar, con su ejemplo, que los pueblos sí podían emprender y llevar a cabo proyectos políticos, económicos y sociales contrapuestos a la lógica del totalitarismo neoliberal. No encuentro palabras para enfatizar cuan decisiva fue para América Latina la supervivencia de la Cuba libre y soberana en ese momento, y cuan decisiva lo sigue siendo en el presente.

 

Del significado de la Revolución Cubana para la izquierda latinoamericana de nuestros días, quiero destacar dos ingredientes del cemento con que Fidel y el Che forjaron sus pilares, cuya extraordinaria calidad explica que haya sobrevivido a todos los avatares enfrentó y enfrenta.

 

Un ingrediente del cemento de los pilares de la Revolución Cubana es la concepción, ética, moral, integral, de la conciencia revolucionaria y, en particular, del trabajo como fuente de riqueza social, antes y por encima de, como medio de beneficio individual. Tan fuerte es ese principio que sobre él se ha asentado el funcionamiento de la economía cubana durante las cinco décadas y media en las cuales, por razones conocidas, Cuba no ha logrado estabilizar la edificación de la base material del socialismo y, por consiguiente, tampoco ha podido aplicar de modo efectivo la fórmula socialista de distribución a cada cual según su trabajo, con otras palabras, no ha podido establecer un balance entre las políticas sociales que benefician al pueblo en su conjunto, y un salario real que cubra las necesidades particulares del trabajador, la trabajadora y sus familias.

 

Pese al comprensible desgaste sufrido por el mecanismo ideológico debido a su tan prolongada sobreutilización para compensar el déficit en la producción y la distribución de la riqueza material, cuando hoy hablamos de reencauzar la economía cubana, está claro que en el futuro previsible tendremos que seguir apelando a él como el resorte fundamental para mover a esa inmensidad de hombres y mujeres que llevan sobre sus hombros el peso de la producción y los servicios del sector estatal, hasta el día en que finalmente logremos definir la combinación de formas de propiedad social sobre los medios de producción, de mecanismos –morales y materiales– de estimulación del trabajo creador, y de políticas públicas y políticas salariales de distribución social de riqueza, todos ellos adecuados a las posibilidades y las necesidades de la Cuba del siglo XXI.

 

La impregnación en el pueblo de la concepción revolucionaria de crear riqueza con la conciencia –y no conciencia con la riqueza–, esa extraordinaria contribución de Fidel y el Che, es la que mantiene con vida a la Revolución Cubana a más de dos décadas de que se derrumbara el socialismo en países con mucho mayores recursos económicos y niveles de consumo que los nuestros, y la que, pese a los costos sociales e ideológicos de las tareas incumplidas de la infancia de nuestra economía socialista, aún nos tiende puentes y amplía los plazos para enfrentar los problemas que arrastramos. Esa concepción es uno de los elementos de mayor vigencia del pensamiento del Che, no solo para Cuba, sino también para los países latinoamericanos que emprenden procesos de transformación social revolucionaria, los cuales, igual que Cuba, tendrán que enfrentar desafíos inéditos.

 

Un intelectual y líder del calibre del vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera habla del problema recurrente de movimientos sociales que, en medio de las luchas que desembocaron en la elección del gobierno de Evo Morales, asumieron posiciones y actitudes universalistas, en pro de la emancipación de la sociedad boliviana en su conjunto, y que luego, en el desarrollo de la Revolución Democrática y Cultural, asumen posiciones y actitudes particularistas y corporativistas, como la reciente huelga de la Central Obrera Boliviana –por solo citar un ejemplo, ya que no es el único caso–, que pretenden desestabilizar al gobierno popular y son capaces presionar con la intención de hacerlo caer, en función de sus intereses egoístas y estrechos, sin importarles que ello provoque el retorno de la derecha neoliberal al control del Estado, con su desastrosa secuela para las mayorías y minorías nacionales, incluidos ellos mismos.

 

También puede hablarse de los efectos del rentismo y el clientelismo que arrastra la sociedad venezolana de etapas anteriores a la Revolución Bolivariana, una de las causas principales de la relativamente elevada votación que recibió el candidato derechista derrotado en la reciente elección presidencial, Henrique Capriles, ya que la burguesía y la clase media de esa nación no pueden tener más de siete millones de votantes propios. Sin duda, hay amplios sectores populares en Venezuela que aún zigzaguean al vaivén del flujo y reflujo de la hegemonía del capital, y eso requiere librar una batalla, no tanto económica, como ideológica.

 

El otro componente del metafórico cemento de los pilares de la Revolución al que deseo referirme, es la concepción del internacionalismo como deber político y moral, claro que practicado en correspondencia con las condiciones y requerimientos de cada momento histórico. Precisamente por la sistematicidad, el amor y el altruismo con que la Revolución Cubana desarrolló el internacionalismo desde su triunfo mismo, es que en la actualidad cosecha los beneficios de esa política. En lo interno, ella sirvió para profundizar la conciencia revolucionaria del pueblo, algo que se entronca y complementa con lo dicho en el punto anterior. En lo externo, permitió cambiar la correlación continental de fuerzas a favor de los sectores de izquierda y progresistas, y construir un sistema de relaciones políticas y sociales que sentaron las bases de la ayuda internacionalista y solidaria que hoy recibimos nosotros mismos, la cual se multiplica en la medida en que aquellos revolucionarios modestos, y en muchos casos anónimos, que hace décadas recibieron la mano de Cuba a lo largo y ancho de la geografía de Asia, África, América Latina y el Caribe, en la actualidad son presidentes, primeros ministros, ministros o figuras políticas de países con los que mantenemos relaciones fraternales de comercio, colaboración y cooperación.

 

Ahora que hay varios de gobiernos de izquierda y progresistas en América Latina y el Caribe, es el momento de evitar el facilismo de encauzar la política internacionalista y las relaciones solidarias, en forma exclusiva o desproporcionada, por canales intergubernamentales. De la misma forma en que dentro de cada país donde la izquierda gobierne se precisa una interacción complementaria, armónica y respetuosa entre Estado, partido y movimiento social, también se precisa una interacción semejante entre esos tres actores en el plano regional y mundial, no solo para que el internacionalismo y la solidaridad sean realmente integrales, sino también porque es la única forma de garantizar su continuidad a largo plazo. Téngase en cuenta que en la historia se producen sucesivos relevos generacionales, y el relevo de Fidel, Raúl, Chávez, Maduro, Evo, Correa, Daniel, Lula, Dilma, Tabaré, Mujica y otros, si es genuino, no provendrá de las estructuras gubernamentales, ni siquiera de las estructuras gubernamentales que ellos encabezan, sino de las jóvenes generaciones de los movimientos sociales, social‑políticos y políticos populares, de los cuales ellos provienen.

 

Además de la vigencia del pensamiento del Che derivada de su contribución a la Revolución Cubana, quiero resaltar que el acumulado de las luchas populares libradas en la etapa 1959‑1989, la cual él simboliza, aunque no haya sido coronado con la toma del poder político en las condiciones y con las características que entonces lo entendíamos, es el principal factor que obligó al imperialismo norteamericano y a las oligarquías criollas a abrir los espacios de participación política legal a través de los cuales fuerzas de izquierda y progresistas acceden al gobierno, lo que me hace evocar el concepto marxista de trabajo acumulado.

 

Trabajo acumulado es aquel que se atesora en las maquinarias que multiplican la productividad del trabajo vivo. Siguiendo ese concepto, lucha acumulada es la que se atesora, no solo en la Revolución Cubana, que conquistó el poder con las armas, sino también en todos los procesos de transformación social revolucionaria y de reforma social progresista que se desarrollan en América Latina. No habría hoy en la región gobiernos de izquierda y progresistas si entre las décadas de 1960 y 1980 no se hubiese producido un auge sostenido de diversas formas de lucha popular, entre ellas la lucha armada revolucionaria. Esta afirmación no es etérea. Hay casos mucho más obvios. Por ejemplo, si no hubiese triunfado una revolución en Nicaragua en 1979, el Frente Sandinista de Liberación Nacional no hubiese podido acceder al gobierno por la vía electoral en los comicios de 2006, ni haberlo retenido en los de 2011. Si el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador no hubiese desarrollado la insurgencia revolucionaria entre 1981 y 1991, no sería hoy el partido político en torno al cual se formó la coalición que gobierna en el país.

 

Hay casos menos obvios, pero también reales y tangibles. El Movimiento Revolucionario 200 de Venezuela, protagonista del pronunciamiento militar de febrero de 1992 contra el desgobierno de Carlos Andrés Pérez, se inserta en la tradición revolucionaria venezolana que, desde los años sesenta, buscaba combinar la lucha armada con la insurrección de sectores militares de izquierda. De manera análoga, en la construcción del Instrumento Político boliviano, que desde las elecciones de 2005 asumió la identidad de Movimiento al Socialismo, se inserta la lucha acumulada de los continuadores del Ejército de Liberación Nacional, comandado por Ernesto Che Guevara. Recordemos, además, que una de las vertientes de la construcción del Partido de los Trabajadores de Brasil fueron los llamados sobrevivientes del movimiento insurreccional, entre ellos la actual presidenta Dilma Rousseff. También juega un papel importante en el Frente Amplio de Uruguay el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, entre cuyos dirigentes históricos se encuentra el presidente José Mujica. Es cierto que hay quienes en sus actuales cargos en el gobierno, en la legislatura o en la corte reniegan de su pasado guerrillero o lo consideran una etapa superada de sus vidas, pero sin ese pasado no habría gobierno, ni legislatura, ni corte que los aceptara como miembros.

 

En este contexto es preciso colocar a la insurgencia colombiana, una parte de la cual está inmersa en un diálogo con el gobierno nacional que esperamos desemboque en un acuerdo de paz, mientras otra parte reitera su disposición de iniciar un proceso similar. La insurgencia colombiana no pertenece a una especie de luchadoras y luchadores revolucionarios diferente a la que ejerce el poder en Cuba, a la que desarrolla procesos de transformación social revolucionaria en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, ni tampoco a la que impulsa procesos de reforma social progresista en Brasil, Uruguay, El Salvador y Argentina. La diferencia radica en que la lucha acumulada, que en los demás países mencionados ya se atesora en nuevos procesos de transformación social revolucionaria o de reforma social progresista, todavía no lo ha hecho en Colombia. Con otras palabras, en Colombia hasta ahora no ha habido la posibilidad de convertir el acumulado de lucha político‑militar en acumulado de lucha política, social y electoral, en condiciones que no impliquen una renuncia a la historia ni a los objetivos estratégicos, una conversión que sí fue posible hacer en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, una metamorfosis que, como bien sabemos, no está exenta de contradicciones, retos y peligros. Digamos que mirar a la insurgencia colombiana es mirar a un retrato de muchos de nosotros de hace veinte, treinta, cuarenta o cincuenta años.

 

La otra cara de la moneda, también derivada de las luchas populares en las décadas de 1960, 1970 y 1980, es el rechazo universal que llegó a provocar el genocidio cometido por las dictaduras militares de «seguridad nacional» del Cono Sur y los Estados contrainsurgentes de América Central. El acumulado de luchas populares y el acumulado de represión dictatorial compulsan al imperialismo norteamericano y a las oligarquías criollas, a reconocer y respetar los derechos de participación política que históricamente les negaron a los pueblos, y esto último sumado los efectos sociales de la reestructuración neoliberal, explica que fuerzas de izquierda y progresistas accedan al gobierno mediante elecciones.

 

Es cierto que fuerzas progresistas y de izquierda hoy ganan elecciones, pero baste mencionar los golpes de Estado en Honduras y Paraguay, las campañas desestabilizadoras y pro-golpistas en Venezuela, Bolivia y Ecuador, y las guerras imperialistas de recolonización en África del Norte y el Medio Oriente, para demostrar que la violencia reaccionaria no desapareció de la faz de la tierra, sino se incrementó. De modo que la legalidad y la legitimidad no bastan para defender los espacios institucionales, políticos y sociales conquistados por los pueblos. Es necesario tener también la capacidad y la voluntad de defenderlos mediante el ejercicio de la violencia revolucionaria. Sin duda alguna, es muy importante que la auditoría de los resultados de la elección del 14 de abril de 2013 haya demostrado la pulcritud de ese proceso, porque ello ratifica el respeto de la Revolución Bolivariana a la voluntad ciudadana. Sin embargo, por sí solo no bastaba. La verdad, algo que nunca le ha interesado al imperialismo ni a la derecha, hubiese sido negada y escamoteada, a no ser por el apego a la Constitución y el respaldo a la Revolución de la Fuerza Armada Bolivariana, de las milicias populares, de la mayoría de los hombres y las mujeres del pueblo venezolano, y de los gobiernos y las fuerzas de izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe.

 

Por último –no porque con ello se agote el tema, sino para no extenderme más–, quiero mencionar la vigencia del multidimensional concepto guevariano de emancipación política, económica, social, cultural, humana, latinoamericana, tercermundista, concepto excepcionalmente fértil para el cultivo y el florecimiento de las nuevas visiones que hoy amplían los horizontes de los movimientos sociales y social‑políticos y políticos de América Latina y el Caribe.

 

 

 

*    Ponencia presentada en el coloquio «Che Guevara en la hora actual en el 85 aniversario de su natalicio», celebrado en el teatro del Ministerio de Educación Superior de Cuba, en La Habana, los días 13 y 14 de junio de 2013.

 

[1]    Véase a Vladimir Ilich Lenin: «La Bancarrota de la II Internacional», Obras Completas, t.26, Editorial Progreso, Moscú, 1986, pp. 228‑229.

 

[2]    Firmados en agosto de 1987.

 

Jornada intensa dedicada al Che

2013-06-14 |

Sesionó la primera jornada del Coloquio «Che Guevara en la hora actual, a 85 años de su natalicio», con un panel acerca de la significación del legado del Che en la actualidad

 

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Por Rodolfo Romero Reyes

 

En el día de ayer, sesionó la primera jornada del Coloquio «Che Guevara en la hora actual, a 85 años de su natalicio», que se desarrolla en La Habana con sede en el teatro del Ministerio de Educación Superior.

 

Con el estreno del documental “Hoy liberé una mariposa”, dedicado a los guerrilleros cubanos que cayeron en Bolivia junto al Che, se inició la mañana. Uno de sus realizadores, el joven periodista Pedro Enrique Moya explicó que el audiovisual lograba indagar entre la relación de los hijos de estos guerrilleros con la imagen del padre ausente y destacó, entre los valores históricos que tiene el material, la utilización de fotografías inéditas así como una grabación original de una reunión en la que se preparaba la infiltración en Bolivia de Tania la guerrillera, como antesala del periodo insurreccional.

 

Acto seguido, las palabras de Aleida March, directora del Centro de Estudios Che Guevara dieron la bienvenida a los presentes, entre quienes se encontraban Armando Hart Dávalos, las madres de los héroes cubanos prisioneros del imperio, el embajador de Venezuela en Cuba, compañeros de obra y de lucha de Ernesto Guevara, y otros investigadores, docentes y académicos que a lo largo de más de cuatro décadas han estudiado la vida del Che.

 

La Dra. María del Carmen Ariet, ofreció una breve explicación del Centro de Estudios desde su origen en 1983, cuando por aprobación directa de Fidel comenzó siendo el Archivo Personal del Che. También explicó la forma en que se ha venido confeccionando el proyecto editorial Che Guevara, que desarrolla el Centro de conjunto con las editoriales Ocean Sur y Ocean Press.

 

Minutos después empezó el primer panel donde se presentaron ponencias de Fernando Martínez Heredia, Pedro Pablo Rodríguez y la Dra. María del Carmen Ariet. El Che «buscaba una causa revolucionaria para dedicarle todo su ser», así afirmó Fernando Martínez en su ponencia titulada «La teoría revolucionaria: capacidad y crítica creadoras». En opinión del académico,  Ernesto Guevara supo desaprender sus contenidos teóricos para adaptarse el curso del proceso revolucionario cubano, pero al calor de la guerra nunca abandonó la teoría. Y esa concepción teórica, acompañada de la crítica que le hace al socialismo tiene, en palabras de Fernando, un «carácter trascendente como instrumento para comprender las circunstancias actuales».

 

Por su parte, la Dra. María del Carmen Ariet explicó que el Che supo entender la realidad cubana con todas sus peculiaridades y en función de eso se apropió de la doctrina marxista de una forma creativa y creadora, al tiempo que alertó de los peligros que existían en torno al proceso de transición y que podían dañar seriamente el proceso revolucionario. Para culminar su ponencia la investigadora principal del Centro Che recordó unas líneas escritas por el Che en Bolivia precisamente el día de su cumpleaños en 1967: «He llegado a los 39… por ahora estoy entero».

 

Con el título: «Humanismo revolucionario: justicia social y solidaridad», Pedro Pablo Rodríguez hizo su ponencia con más preguntas que respuestas, despertando ansiedades en el público asistente. Para el investigador, el Che «era un inconforme hasta con la Revolución que vivió», por eso con su quehacer diario se convirtió en un eterno luchador «contra la ética y la lógica de la cultura burguesa».

 

En el debate posterior se pusieron sobre la mesa temas como: el proceso de transición socialista, la influencia del Che en los procesos culturales en la década del 60 y la necesidad de traer su pensamiento político y filosófico al contexto social de la Cuba de hoy.

 

Como parte de este plenario se destacaron las intervenciones de Aurea Matilde Fernández, profesora Emérito de la Universidad de La Habana, Niurka Gregory, investigadora del Instituto de Licenciatura y Lingüística, y Aleida Guevara, colaboradora del Centro Che.

 

Como parte de la segunda jornada de este evento se profundizará hoy en la vigencia del proyecto alternativo y humanista del Che. Roberto Regalado Álvarez presentará el tema «América Latina hoy: procesos revolucionarios y estrategias de poder»,  Gilberto Valdés Gutiérrez hablará acerca de «Los movimientos sociales: “proyectos socialistas” y poder político», mientras que Jonathan Quirós expondrá «El anticapitalismo global: una nueva integración».

 

Nota de edición: Más adelante podrá usted consultar en este mismo espacio un resumen de la segunda y última jornada del Coloquio.

 

 

Tomado de Che Guevara. Proyecto editorial

El Che en la memoria de la humanidad

2013-06-12 |

Presentada la Colección Documental Vida y Obra de Ernesto Che Guevara para su inclusión en el Registro Mundial de la Memoria del Mundo de la UNESCO

 

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Por Disamis Arcia Muñoz

 

«Nadie ignora que el Che es un símbolo uni­versal, celebrado en los más diversos luga­res y cantado en las más diversas lenguas. Su memoria se enciende y crece, porque ella encarna la energía de la dignidad humana, porfiadamente viva, mal que les pese a los indignos del mundo». Con estas palabras argumenta el escritor uruguayo Eduardo Ga­leano no solo la pertinencia sino, más importante aún, la necesidad de conservar y preservar para las futuras generaciones el legado de Ernesto Che Guevara, mate­rializado en sus apuntes personales, cartas, diarios, foto­grafías, relatos, poemas y otros documentos históricos que conforman la Colección Documental Vida y Obra de Ernesto Che Guevara, 1928-1967, presentada para su inclusión en el Registro Mundial de la Memoria del Mundo de la UNESCO.

 

El Registro de la Memoria del Mundo

 

El programa, relativamente joven si se compara con otros proyectos de salvaguarda y desarrollo cultural implementados por ese organismo internacional, fue creado en 1992 a partir de la impostergable necesidad de aunar esfuerzos a través de todo el globo terráqueo, y concebir estrategias de preservación y difusión de los fondos documentales más importantes que existen y son expresión de la cultura de los pueblos. En un mundo azotado cada vez con mayor frecuencia por desastres naturales o conflictos bélicos en escalada; ante la indiferencia de muchas entidades frente al deterioro de las instalaciones que atesoran los archivos o la falta de recursos necesarios para difundirlos; sumado a la tendencia creciente de producir nuestro acervo documental en soportes cada vez más efímeros, era imprescindible establecer un plan de acción común orientado a revertir una tragedia que, lamentablemente, pasa desapercibida para muchos en el planeta: la desaparición acelerada de las memorias escritas de la humanidad.

 

Desde ese momento, el Programa se planteó como objetivos fundamentales facilitar la preservación del patrimonio documental mundial con el uso de técnicas apropiadas, colaborar en el acceso universal a dicho legado e incrementar el conocimiento a nivel mundial de su existencia y relevancia. En la práctica constituye una especie de catálogo mundial en el que aparecen las colecciones o documentos únicos relevantes, alrededor del cual se gestionan proyectos de asesoría científica en el campo de la conservación y preservación, la interconexión entre experiencias disímiles y el acceso a recursos materiales –que aunque reducidos- contribuyen al rescate y la permanencia de nuestra memoria.

 

La entidad responsable de esta compleja labor es el Comité Asesor Internacional (IAC por sus siglas en inglés), compuesto por 14 miembros designados por el director general de la UNESCO. En encuentros que se vienen celebrando desde 1995, con una frecuencia bienal, se analizan las propuestas presentadas a través de los comités nacionales, inicialmente concentrados en los países desarrollados, y presentes en la actualidad en la mayor parte de las naciones. Como fruto de este esfuerzo se han incluido en ese registro documentos o colecciones documentales cuyo número asciende en estos momentos hasta la cifra de 238, exponentes de la tradición escrita y la memoria histórica de numerosas regiones del planeta. Textos tan valiosos como los Manuscritos literarios de la antigua Naxi Dongba,[1] los Fondos Archivísticos del Mar Aral,[2] conservados durante siglos, u otros más cercanos en el tiempo, como es el caso de los Archivos de Prisioneros Internacionales de la Agencia de Guerra (1914-1923),[3] o los Archivos del Instituto Literario en París (1946-2000),[4] por solo mencionar algunos, se encuentran hoy en el Registro, y su sola inclusión representa un llamado de atención a los hombres y mujeres no solo sobre su valor intrínseco, sino además sobre nuestra responsabilidad de mantenerlos para las próximas generaciones.

 

Durante los años transcurridos desde su fundación, el Comité Nacional de Cuba ha trabajado en la elabora­ción de nuestro registro nacional, y se ha concentrado en identificar y fundamentar la inclusión de nuestro acervo documental en los registros regional y mundial. Como resultado inicial, se propuso y fue aceptado por el IAC el Fondo Documental José Martí, atesorado y preserva­do por la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado y conformado en su mayor parte  por escritos, cartas y apuntes personales manuscritos pertenecientes a nuestro Héroe Nacional. La presencia cubana se enriquecería tiempo después con la incorpo­ración de los negativos del Noticiero Latinoamericano ICAIC,[5] producidos semanalmente entre 1960-1990, por  representar el archivo cinematográfico más exhaustivo de la historia de la Revolución.

 

En este contexto, la propuesta cubana de incluir la Colección Documental Vida y Obra de Ernesto Che Guevara, 1928-1967  en el Registro Mundial de la Memoria del Mundo, como el paso evidente luego de haber sido reconocida en los registros nacional y regional latinoamericano, se fundamenta tanto por la riqueza y multiplicidad de formatos, tipologías y soportes de los archivos; por el tiempo que cubren –prácticamente desde su nacimiento hasta su muerte-; como por la multiplicidad temática de sus escritos que constituyen la expresión de su legado teórico y práctico, profundamente universal, en la búsqueda de una estrategia emancipadora para los desposeídos de todo el mundo.

 

Los fondos documentales de Ernesto Che Guevara

 

La colección se origina a partir de los archivos personales del propio Che, quien desde muy joven cultivó la costumbre de conservar, a modo de archivo trashumante, las cartas que cruzara con familiares y amigos, sus apuntes de estudios y lecturas, relatos, diarios, artículos y otros escritos a los que luego fueron sumándose documentos históricos vinculados con la lucha insurreccional contra la tiranía de Fulgencio Batista, los años de fundación de la nueva sociedad que comenzara a construirse a partir del triunfo de enero de 1959, y su proyección mundial como líder y voz del llamado Tercer Mundo.

 

Conservados por su familia a su partida de Cuba para incorporarse a la lucha revolucionaria en el Congo y lue­go en Bolivia, sus documentos personales se enriquecie­ron además con su biblioteca personal, compuesta por títulos que corresponden a temas tan disímiles como imprescindibles tanto para la intensa actividad que des­plegara como dirigente revolucionario –las temáticas abarcan un amplio espectro que va desde filosofía, so­ciología, física, cálculo, historia, principios de contabi­lidad, entre otros-, como por su variado gusto literario. Posteriormente pasarían a formar parte de los archivos atesorados por el Centro de Estudios Che Guevara, ins­titución creada inicialmente bajo el nombre de Archivo Personal del Che, con el objetivo expreso de ordenar, clasificar, transcribir y difundir estos documentos origi­nales que en su mayoría se mantuvieron inéditos hasta la década de los ochenta del pasado siglo, fecha de crea­ción de la institución.

 

Desde una perspectiva formal, la colección se caracteriza por la variedad de soportes y formatos, así como por la tipología diversa de los documentos. Manuscritos o mecanografiados sobre papel o cuartillas; escritos con diferentes tipos de tinta o a lápiz, de tamaños y volumen que transitan desde pequeñas libreticas –donde escribiera, por ejemplo, su Diario de un combatiente, cuidadosamente protegidas por pequeñas fundas de nylon, previendo las dificultades de la lucha guerrillera-, folletos, cuadernos escolares, o legajos improvisados de acuerdo a su contenido conforman en buena medida los documentos de mayor relevancia dentro del fondo. También se encuentran publicaciones periódicas – especializadas en temas médicos, o dirigidas al gran público- y ediciones príncipe de obras de su autoría, con revisiones y correcciones de su puño y letra. El número se eleva de forma significativa hasta 1007 documentos que de una u otra manera son resultado de la experiencia vital de Che, casi desde su nacimiento hasta sus últimos momentos en Bolivia, y giran en torno a su obra revolucionaria, ensayística, periodística, biográfica y personal, así como su correspondencia oficial y familiar.

 

Este universo archivístico se ve en­riquecido con los negativos de las fo­tografías tomadas desde sus tiempos juveniles, fruto de una práctica perma­nente en su asomo a la realidad que lo circundaba. Asimismo, comprende un valioso material iconográfico, filmográ­fico y cartográfico, este último relacio­nado en particular con el desarrollo de la guerra revolucionaria en Cuba. A lo que se suman además obras plásticas, fotografías, documentos, audiovisuales y otros materiales relacionados con las múltiples formas en que los hombres y mujeres se han apropiado y [re]creado el símbolo del Che Guevara desde las esferas artística, política y religiosa en las más diversas geografías y culturas del planeta, ya sea en su natal Argen­tina, o Bolivia y América Latina en ge­neral, como en lugares tan lejanos en el espacio como Yemen, el Líbano, o China y Japón.

 

Desde su creación primero como Archivo Personal del Che y luego como Centro de Estudios Che Guevara, estos fondos documentales han funcionado como el eje central y el punto neurálgi­co de nuestro trabajo de investigación y divulgación. Gracias al paciente y cons­tante trabajo científico desarrollado, fue posible realizar un estudio sistematizado de su vida y obra, caracterizada desde el punto de vista conceptual por su forma­ción autodidacta y por la permanente interrelación que establece entre teoría y práctica como rasgo distintivo de un proceso de acumulación teórica en cons­tante interrelación con la práctica y la experiencia. Los primeros contactos con la realidad latinoamericana, su incorpo­ración a la lucha revolucionaria en Cuba para llegar a convertirse en uno de sus líderes militares y políticos esenciales, su desempeño como dirigente de la Revolución y las reflexio­nes teóricas –elaboradas sobre la base de una interpreta­ción creativa y antidogmática de lo mejor del pensamien­to marxista, enriquecidas con la práctica cotidiana- que lo llevarían a convertirse en una figura descollante de la causa de la liberación tercermundista, y su proyección in­ternacionalista, coherentemente defendida en el Congo y Bolivia, todos estos constituyen momentos fundamentales en la vida y la obra de Ernesto Che Guevara que pueden percibirse y estudiarse a partir de los numerosos docu­mentos que se conservan en nuestra institución.

 

Sobre la base de esta sistematización construida como problema científico fundamental, es posible dis­tinguir las etapas y facetas más significativas en el de­sarrollo de la vida, la obra y el pensamiento de Ernesto Che Guevara, a partir de las cuales se establece entonces un criterio de organización y clasificación que responde a una perspectiva cronológica y temática. Los períodos fundamentales son:

 

  1. Niñez y adolescencia: del nacimiento a los 16 años.

 

  1. Primera juventud: de los 16 a los 25 años.

 

III. Etapa de adulto-joven: de los 25 a los 30 años.

 

  1. Etapa de adulto: de los 30 a los 39 años.

 

La importancia de esta colección y su incidencia en el trabajo actual y futuro del Centro de Estudios Che Gue­vara, en sus propósitos de mantener vivo, vibrante y en constante diálogo con la realidad y sus retos en los mo­mentos actuales, es expresada por el intelectual cubano Alfredo Guevara cuando afirma que

 

«La memoria histórica, la obra rediviva del Che en instantáneas y escritos es la manera de unir, alrededor de esta institución, a las nuevas ge­neraciones latinoamericanas y cubanas que se interesan en su propia historia y la de sus pen­sadores.[6]

 

Es que esta colección constituye, precisamente, el cora­zón de la institución, aquello que nos define y lo que ha marcado nuestra labor hasta el momento.

 

A lo largo de los años, este empeño se ha materializado en el impulso de un proyecto editorial abarcador motivado por el propósito de dar a conocer gran parte de los documentos inéditos que forman parte de los archivos documentales del Centro, y promover de esta forma el acceso a la obra y el legado de Che Guevara, a través de sus propias palabras. Esta línea de trabajo se ha visto ampliada con la realización de numerosas acciones y productos comunicativos marcados por el propósito común de promover una visión integral de su pensamiento y acción coherente.[7] El reto se encuentra, ahora, en darle continuidad a este esfuerzo mantenido durante décadas, con la vista orientada a alcanzar niveles superiores de divulgación y promoción del legado teórico y del ejemplo coherente del Che, para contribuir así al debate, al diálogo y esclarecimiento que hoy es una necesidad impostergable entre investigadores, teóricos y actores políticos progresistas del mundo en su búsqueda de estrategias emancipadoras.

 

 

[1] Patrimonio documental presentado por China y recomendado para su inclusión en el Registro de la Memoria del Mundo en 2003.

 

[2] Patrimonio presentado por Kazajstán y reco­mendado para su inclusión en el Registro de la Me­moria del  Mundo en 2011.

 

[3] Presentado por el Comité Internacional del la Cruz Roja Internacional (ICRC) e incluido en el Re­gistro en 2007.

 

[4] Propuesto por Polonia e incluido en el Registro en 2009.

 

[5]  Incluido en el Registro en 2008, a propuesta de Cuba.

 

[6] Alfredo Guevara: Carta de aval incluida en el expediente de la colección documental Vida y obra de Ernesto Che Guevara, 1928-1967, para su inclusión en el registro regional de la Memoria del Mundo, América Latina.

 

[7] El horizonte de los productos comunicativos producidos por nuestra institución se extiende desde el universo audiovisual -con documentales como Ausencia presente, A través de la luz, o el reciente Che un hombre nuevo del documentalista argentino Tristán Bauer-; el lenguaje hipermedia, cuyos exponentes principales son el sitio web -que reúne la selección más abarcadora hasta el momento de documentos de Che-, los productos multimedia Che ciudadano del mundo, y Che fotógrafo entre otros; sin contar los artículos científicos y periodísticos que también forman parte de la labor que hemos desplegado a lo largo de los años.

 

 

Tomado de Che Guevara. Proyecto Editorial

 

El Che por el Che, en dos nuevos libros

2012-02-16 |

Los títulos Che Guevara presente. Antología mínima y Diario de un combatiente fueron presentados el 15 de febrero en la Casa de las Américas. La jornada incluyó además un conversatorio sobre la permanencia del Che, a 45 años de su asesinato

 

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Che Guevara: 45 años de permanencia. Con ese pretexto y bajo el Árbol de la Vida, en la sala que en la Casa de las Américas lleva su nombre, el revolucionario argentino-cubano fue evocado otra vez entre amigos: el teólogo y pedagogo brasileño Frei Betto; Harry Villegas, compañero de lucha del guerrillero; el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, presidente de la Casa donde tantas veces anduvo Ernesto; el investigador y ensayista Fernando Martínez Heredia, autor de La batalla y las ideas del Che; la historiadora María del Carmen Ariet y el investigador Jacinto Valdés Dapena. Les acompañaron también Aleida Guevara y Aleida March, hija y viuda de Ernesto Che Guevara.

Como parte del encuentro, fueron presentados los libros Che Guevara presente. Antología mínima y Diario de un combatiente. De la Sierra Maestra a Santa Clara, publicados por la editorial Ocean Sur en coedición con la Editorial de Ciencias Sociales, como parte de su proyecto editorial Che Guevara.

La antología incluye textos y discursos del Che, materiales reveladores de un hombre “culto e incisivo, irónico y apasionado, terrenal y teórico revolucionario, es decir, vivo”. Así se nos presenta el volumen en su nota de contracubierta. Se anuncia además el contenido de sus cuatro secciones: la guerra revolucionaria en Cuba, los años de gobierno y construcción en la Cuba revolucionaria, la solidaridad internacional con una mirada especial a la revolución latinoamericana, y una selección de cartas.

Por su parte, el Diario… recoge momentos irrepetibles de la lucha armada en Cuba desde la llegada del yate Granma, en 1956, hasta el triunfo de 1959. El narrador es un protagonista fundamental: el propio Che Guevara. El alto valor testimonial y humano propicia acercamientos privilegiados a la Cuba de esos años y su contexto político, social y cultural. Se trata de un volumen que había permanecido totalmente inédito hasta ahora. El título, Diario de un combatiente, fue una elección del propio Che.

Según certifica la nota editorial del Centro de Estudios Che Guevara, el diario se sometió a una revisión exhaustiva con el propósito de comprobar nombres y lugares, rectificar errores o imprecisiones cometidas por el autor, “sobre todo en los primeros tiempos, como consecuencia de su desconocimiento de la geografía en que se desenvolvieron los acontecimientos que se narran”.

Harry Villegas recordó que han sido publicados hasta ahora tres diarios de combate escritos por el Che. Según su criterio, el más reciente es el fruto del ánimo del guerrillero de dejar plasmados los hechos que iban ocurriendo, aquellos más significativos, de forma cronológica y concreta: “En honor a la verdad, en honor al Che, tenemos que decir que escribió estas notas épicas y fue capaz de ir reflejando durante sus viajes lo que iba interpretando, literariamente logrado. No se puede ver al Che en la épica solamente, sino en todas aquellas cosas que le motivaron a dejar constancia (…) Veremos aquí el sustrato intelectual del Che en su cultura, en su manera de pensar, en las referencias a la historia de América o a la literatura universal. Es un diario signado por un valor que define la vida del Che: la verdad”.

Para Frei Betto, resultó realmente un dilema referirse al Che 45 años después de su muerte. Sin embargo, confesó la dicha que le causa constatar tanta experiencia de vida y tanta cultura en un hombre que todavía no había llegado a los 40 años. “Hay gente que tiene el don de una inteligencia muy precoz, igual que Fidel. Los que mueren antes de tiempo, como fue el caso del Che, dejan una obra, un pensamiento consistente, que encontramos en sus escritos. Tres ideas me surgen: primero, resulta impresionante ver cómo el Che, un hijo de raíces indígenas de América Latina, deglutió el marxismo para producir una versión adaptada a nuestra realidad. Lamentablemente, no mucha gente ha hecho eso o, quienes lo hacen, no tienen su experiencia de lucha revolucionaria, experiencia que cambia la manera en que se ven los textos: leer el Manifiesto comunista en La Sorbona es completamente diferente a hacerlo en la guerrilla. Por eso, cuando llegué a la URSS, hallé que había dos nombres prohibidos: Paulo Freire y el Che.

“La segunda cosa que deseo significar se refiere a la construcción del hombre y la mujer nuevos: es espantoso que después de 70 años de construcción del socialismo en la URSS, nos preguntamos dónde están los hombres y mujeres nuevos de ese proyecto. Es mucho más fácil construir una nueva sociedad que una nueva humanidad; quizás sea una visión mecanicista pensar que con nuevas estructuras tenderemos hijos nuevos. La sociedad socialista puede tener 200 años, pero cada hijo le nace capitalista, porque el amor nace de una pedagogía.

“Y la tercera idea es la globalización de la lucha: en medio de una crisis tremenda, no hay una izquierda lo suficientemente organizada para proponer una salida, y el único continente donde hay esperanzas de futuro es América Latina; pero hemos perdido ese sentimiento de internacionalismo revolucionario que viene de Bolívar, de Martí, y que el Che tenía profundamente. Eso se ha perdido, no tenemos más esa cosa de que cada pueblo que sufre terriblemente movilice la lucha. Miramos lo que pasa en muchos países: 45 años después, el Che nos sigue hablando por su obra y su testimonio de vida. Quizás hoy él hiciera una convocatoria dentro de esta globalización de la lucha: organizar la esperanza”.

La presentación de ambos textos y el conversatorio sobre el legado del guerrillero a 45 años de su muerte ocurrieron justamente en la Sala Che Guevara de la Casa de las Américas. La coincidencia no fue fortuita: fundada y dirigida por Haydee Santamaría, una mujer unida por vínculos muy profundos al Che, la Casa le acogió muchas veces en los primeros años de la Revolución. “La existencia misma de esta institución la convierte, por derecho propio, en la Casa del Che”, afirmó Retamar. Y agregó: “esta sala es casi el corazón de la Casa, lo cual significa mucho más que cualquier cosa que podamos decir”.

Todos los panelistas ofrecieron sus visiones acerca del valor de los textos presentados en la tarde de este miércoles, apuntalando sus criterios en las experiencias personales que cada uno de ellos atesora. A modo de resumen, María del Carmen Ariet explicó que se trata de un proyecto mucho más amplio, que tiene como fuente el archivo personal del argentino. Entender al joven Ernesto desde el Che que conocemos, presentar en antologías temáticas lo que pensaba y afirmaba sobre América Latina, son propósitos de una apuesta editorial que el Centro de Estudios Che Guevara y las editoriales Ocean Sur y Ocean Press se han propuesto desde la publicación de Notas de viaje. Diario en motocicleta, en el año 2004.
Tomado de La Ventana

 

Todos llevamos adentro un pedacito de hombre nuevo

2011-10-12 |

Palabras del embajador de Cuba, Pedro P. Prada, en la presentación del Diario de un combatiente, del comandante Ernesto Che Guevara, en el Centro Cultural Nuestra América (El Salvador) el pasado 7 de octubre

 

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Hermanas y hermanos salvadoreños.
Embajadora Nora.
Querida Tania.
Colaboradores y residentes cubanos:

No es posible reunirnos hoy, para recordar al Che y presentar este diario inédito de su etapa guerrillera en la Revolución Cubana, y no recordar que desde las 4:30 de la mañana de hoy, un discípulo fiel suyo, un hombre nuevo de esos que nos enseñó a construir, ha vuelto a ser un hombre libre.

René González Sehwerert está libre de las mazmorras de la prisión Marianne, en la Florida, donde injustamente cumplió 13 años de cruel presidio.

René fue recibido por su padre, su hermano y sus hijas, pero no pudo abrazar y besar a su madre y a su esposa porque el Gobierno de los Estados Unidos ―para acentuar el castigo― no les dio visa.

René ha sido excarcelado, pero permanece confinado al territorio nacional de un país que da refugio y protección a los mismos terroristas que él combatió.

¿Cómo resolverá la justicia estadounidense el conflicto creado con la liberación de un hombre a quien se le ha prohibido estar o acercarse a lugares donde estén los terroristas y, a la vez, se le ordena que no puede irse de ese lugar, a vivir en paz, con su familia y su pueblo?

¿Se hará cargo el FBI de su protección? Sobre todo ahora, que una congresista loca y feroz lo ha calificado de “villano”, de “enemigo número 1 de los Estados Unidos”, y lo ha calumniado bañándolo de sangre, al punto que cualquiera pensaría que se habla de Al Qaeda, del Ku Klux Klan, de Bin Laden o de Luis Posada Carriles.

Lo que ocurre es que hay un hombre nuevo libre, de esos que convocaba a forjar el Che. Y un hombre nuevo suelto en este mundo suele ser algo muy peligroso.

Fíjense, si no, en cuántos prohombres (y “promujeres”) se manifiestan en estos momentos en todas partes del mundo por un destino mejor para los habitantes de este planeta. (Y digo fíjense, porque no lo van a hallar fácilmente en la prensa que practica la libertad de prensa de la SIP).

Miles de personas han marchado en estos días en Nueva York y Washington contra los poderes del Imperio global. En una sola tarde setecientos fueron detenidos de forma ilegal y arbitraria por expresarse libremente contra el poder de las transnacionales de Wall Street. En Europa los jóvenes corren ensangrentados en Atenas y París, víctimas de los garrotes y las balas de plástico de las fuerzas antimotines.

Aquí mismo, en el sur del continente, hemos visto reverdecer las duras imágenes de las dictaduras fascistas, aplastando con carros lanza agua, gases lacrimógenos y cachiporras a estudiantes y periodistas.

No son René y sus heroicos hermanos los únicos hombres nuevos. Miles, o millones se están soltando por todas partes de este planeta. El Che se ha multiplicado, por mucho que le duela a los que se creen Dios (y no es una broma, ya hay un candidato republicano por ahí sugiriendo que Dios le dio a Estados Unidos la misión de dirigir el mundo, y no de ser dirigido, y que se va a empeñar en hace cumplir la voluntad de Dios).

Ahora, y a lo que nos convoca: ¿cómo se forma un hombre nuevo?

El libro que hoy presentamos, con el concurso de la editorial Ocean Sur, nos ayuda a adentrarnos en ese camino.

Como probablemente conozcan, el Che fue un ser extrovertido, que tenía el hábito de llevar diarios de sus viajes y tareas. Era una forma de rendir cuentas ante su propia conciencia de lo vivido. Esas notas en forma de apuntes, a veces telegráficos y en muchas ocasiones crípticos, nos van trazando la ruta de su crecimiento como revolucionario y ser humano.

Este que hoy presentamos ―y que ha permanecido inédito hasta este momento―, es un ejemplo (y no se crean que asistirán a un acto sobrenatural de surgimiento de ese ser humano ideal que fue San Ernesto de la Higuera, porque lo primero que tiene este diario es que existe como resultado de una indisciplina suya, de haberse rebelado contra la orden de Fidel de no dejar escrito nada que fuera comprometedor para la Revolución).

El Diario de un combatiente, como lo tituló el Che, relata las vivencias del guerrillero desde el día que salta de la borda del yate Granma, se sumerge en los pantanos de Los Cayuelos, gana tierra firme, experimenta el primer combate, sufre el primer revés, sangra la primera herida y toma también la primera decisión trascendental de ser combatiente antes qué médico.

A lo largo de sus páginas y con su peculiar estilo y humor, que ya le conocemos desde los diarios de Bolivia y del Congo, el Che nos trasmite sus primeras impresiones de la realidad cubana, el choque de culturas, realidades políticas e identidad, cargados con toda la subjetividad propia del soldado novicio que pronto se convertirá en el primero ascendido a comandante.

Para los cubanos será asistir también a un desfile de héroes y mártires, de actores que no pudieron llegar por diversas razones hasta el triunfo y seguirlo, y de quienes se convirtieron en traidores. Y no por desconocido, nos asombrará una vez más el respeto y consideración con que se refiere a los cubanos, al punto de asumirse un día como uno más de nosotros, por la manera con que se entregó a nuestra Revolución.

El Diario enseña otra cosa que Fidel siempre nos recuerda: una revolución verdadera solo puede ser hija de la cultura y de las ideas. El Che era, si acaso, uno de los más ilustrados integrantes de aquella vanguardia revolucionaria cubana. Hombre de capacidad intelectual excepcional, cultivada en el estudio, el análisis y la discusión, que luego traducía en escritos afilados, llenos de talento, gracia y una honestidad y sinceridad sin límites.

Aflora en estas páginas el necesario y doloroso proceso de construcción de la unidad revolucionaria, esa que constantemente decimos los cubanos que constituye la joya principal de nuestra Revolución y lo que la sostiene viva e imbatible frente a bloqueos, conspiraciones y deserciones. Sabremos de episodios dolorosos tratados con sensibilidad de médico y reconoceremos en cada una de sus acciones la más profunda convicción de que cualquiera de nosotros, incluso el mejor de todos nosotros, no habría sido nada si no se hubiera integrado a una obra colectiva y la hubiera defendido, por encima de diferencias personales y preferencias.

En esto se unen Fidel y el Che, como bien señala Armando Hart en el prólogo del libro, que asumieron la tradición democrática martiana desde la más pura eticididad y la más radical y profunda universalidad.

Solo añado que en la medida que nos adentremos en el Diario, que pasen ante nuestros ojos los días de la guerra en Cuba y los escenarios se vuelvan más complejos, irán cobrando relieve y hondura las reflexiones del Che y con ellas, su compromiso revolucionario con Cuba. El humanismo nos cercará y liberará con cada día que recorramos con él en estas páginas. La autenticidad del testimonio, dicho con naturalidad, nos acercará a la realidad cubana de la época, a las prácticas culturales establecidas y al contexto político de una dictadura brutal y de un país entregado por completo a los Estados Unidos. Y al final, cuando nos montemos en su jeep y salgamos con él de Santa Clara libre, para tomar la capital del país, estaremos acompañando a un hombre que como sus herederos René, Ramón, Fernando, Antonio y Gerardo, cruzó por la historia sin imaginar que iba de constructor de futuro.

Recíbanlo como un regalo por el 31 aniversario del FMLN y el 81 cumpleaños de Schafik [Hándal], en vísperas de su XXVIII Convención y de las próximas elecciones, para las que el pueblo y los revolucionarios salvadoreños tienen, como tenemos los revolucionarios cubanos, como nos lo están demostrando ahora los revolucionarios venezolanos que se unen en el Polo Patriótico Bolivariano, una única opción: unirse; ¡unirse y vencer!

Y aquí acabo. Léanlo sin falta, rápido, de un tirón, y luego dediquen días y noches a meditarlo. Todos llevamos adentro un pedacito de hombre nuevo. Liberémoslo y construyámoslo.

Muchas gracias

Palabras del embajador de Cuba, Pedro P. Prada, en la presentación del Diario de un combatiente, del comandante Ernesto Che Guevara, en el Centro Cultural Nuestra América, San Salvador, 7 de octubre de 2011

 

Para acercarnos al pensamiento del Che

2010-10-07 |

Presentado en La Habana el libro El pensamiento político de Ernesto Che Guevara (Ocean Sur, 2010), de María del Carmen Ariet

 

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En la mañana de este jueves 7 de octubre —vísperas del aniversario 43 de la captura de Ernesto Che Guevara en Bolivia, y de su posterior asesinato—, fue presentado en La Habana el libro El pensamiento político de Ernesto Che Guevara (Ocean Sur, 2010), de la investigadora cubana María del Carmen Ariet.

“Al Che hay que redescubrirlo y descubrirlo, para que las nuevas generaciones conozcan el legado de su pensamiento, que fue uno de los grandes de Latinoamérica. Y en estas fechas, el compromiso es mayor”, expresó Ariet a un numeroso público reunido en el Centro de Prensa Internacional, en la capital cubana.

Ante la presencia de Aleida March, compañera del guerrillero e intelectual argentino, de los comandantes Víctor Dreke (Moja) y Oscar Fernández Mell (Siki) —compañeros del Che en la guerrilla congolesa—, de familiares de los cinco cubanos antiterroristas presos en los Estados Unidos, de miembros del cuerpo diplomático acreditado en Cuba y de representantes de organizaciones políticas y culturales de América Latina y el Caribe, fue presentado este volumen que expone un estudio general sobre el pensamiento político de Ernesto Guevara, en el que se reseñan etapas definitorias de su vida y obra que validan su amplia formación marxista.

Acompañaron a la doctora Ariet como panelistas el investigador cubano Jacinto Valdés-Dapena —coautor del prólogo del libro— y Alfonso Fraga, secretario general de la OSPAAAL, organización que con esta presentación comenzó la jornada de actividades por su 45 aniversario.

Según Fraga, la motivación esencial para marcar este inicio de celebraciones «es que el legado político, revolucionario e internacionalista del Che ha sido y será fuente de inspiración permanente para quienes en África, el Medio Oriente, Asia, América Latina y el Caribe hemos militado a favor de las mejores causas de la solidaridad tricontinental».

Para el también profesor Jacinto Valdés-Dapena, El pensamiento político de Ernesto Che Guevara es un libro que «examina y aprecia, con profundo sentido histórico y lógico, los orígenes de la formación, desarrollo e integralidad del pensamiento marxista del Che». En sus páginas «se abordan las formulaciones teóricas esenciales acerca de la lucha revolucionaria en Cuba, América Latina y África», así como «los rasgos principales de la concepción acerca del poder político y las especificidades de la construcción del socialismo en Cuba: sus retos y desafíos».

«Acceder a este texto —prosiguió— nos hace evidente que la obra revolucionaria del Che posee un valor excepcional en el mundo posterior al desarrollo del derrumbe del socialismo en Europa del Este y la URSS, de la posguerra fría y el neoliberalismo».

Según Valdés-Dapena, uno de los principales logros de este libro es «conocer el pensamiento del Che a través de sus propios textos, estructurados y presentados de una forma creadora y original». Agregó que a través de sus páginas podremos acercarnos a «las cualidades excepcionales del jefe militar y teórico de la guerra de guerrillas, el dirigente revolucionario, el estratega político y el economista» que fue Guevara, a «la enorme significación que el Che adjudicó al internacionalismo revolucionario», y a la manera en que «percibió en fecha temprana las vulnerabilidades y debilidades que se expresaban en los países socialistas del este de Europa y la URSS», entre otros muchos temas.

El pensamiento político de Ernesto Che Guevara se divide en tres grandes bloques: “Etapa formativa de su pensamiento político”, “El desarrollo y la multiplicidad de su pensamiento político” y “Che constructor (1961–1965): particularidades políticas”. Incluye además varios anexos. En el libro se logra proyectar su obra política con rigor y desde su propia obra con un sentido abarcador de sus formulaciones teóricas esenciales acerca de la lucha revolucionaria en Cuba, América Latina y África.

Su autora agradeció a Aleida March, directora del Centro de Estudios Che Guevara, «por su colaboración permanente» para tener acceso al archivo personal del Che y así concretar este y otros libros —«ya vamos por dieciséis»— con los que Ariet ha estudiado rigurosamente la vida y obra del revolucionario argentino-cubano. «Sin Aleida March no hubieran sido posibles las investigaciones, el doctorado, el ordenamiento cronológico y temático de la obra del Che».

La doctora aclaró: «Soy una investigadora que escribe, no una escritora que investiga, por lo que siempre pienso que estoy en deuda. Por supuesto que el deber se impone y se hace necesario no guardar las experiencias y conocimientos acumulados, y se impone escribir».

María del Carmen Ariet partió de explicar la etapa formativa del Che —«sorprendente desde todo punto de vista»— y su «paulatino radicalismo, para entender su compromiso con la lucha revolucionaria y más tarde su entrega a la construcción del socialismo» en Cuba. «El concepto filosófico en la obra del Che es columna vertebral en todas las ramas de su pensamiento. A partir del estudio de la filosofía se acercó al marxismo y al antodigmatismo», agregó.

Dijo que «fue una sorpresa» cuando descubrió que «Ernesto Che Guevara comenzó a escribir un diccionario filosófico a los diecisiete años», ejercicio que «mantuvo a lo largo de su vida. ¡Tremenda tarea!». En ello ayudaron «sus viajes a América Latina, con los que no solo conoció el continente, sino fue creando un sentido de pertenencia latinoamericano». En ese proceso se produce «su radicalización política», en la que influyó mucho «su encuentro con Fidel Castro».

El pensamiento político de Ernesto Che Guevara es una manera de «acercarnos al legado, al ejemplo y a la eterna presencia del comandante Ernesto Che Guevara», concluyó.

 

Los retos del Che siguen siendo retos para América Latina hoy

2009-12-10 |

Entrevista a la investigadora cubana María del Carmen Ariet, a propósito de Retos de la transición socialista en Cuba (1961-1965), libro editado por Ocean Sur en asociación con el Centro de Estudios Che Guevara

 

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por Gabriel Caparó

«Siempre visualizo al Che como un adelantado, luchando contra el dogmatismo y el quietismo, en un proceso revolucionario como el cubano que había alcanzado su poder precisamente por medio de decisiones radicales, con un proyecto autóctono muy nuestro y expresión de lo más avanzado en el largo camino por el que tuvimos que transitar para obtener nuestra soberanía», expresa en esta entrevista la doctora en Ciencias Históricas e investigadora cubana María del Carmen Ariet, coordinadora científica del Centro de Estudios Che Guevara.

Conocida mundialmente por ser quien organizó y ejecutó la investigación socio-histórica que finalizó con el hallazgo, en 1997, de los restos del Che y de sus compañeros de la guerrilla en Bolivia, Ariet expone el alcance continental de las ideas guevarianas: «Muchas de sus posiciones y acciones llevadas a cabo dentro de la realidad cubana se convirtieron en tácticas y estrategias pensadas también para que sirvieran de experiencias a procesos revolucionarios futuros y con similares características al nuestro».

Ariet demuestra que en el pensamiento del Che se encuentran las claves de ese mundo, mejor y posible, al que tantos aspiramos: «No nos damos cuenta de que el tiempo se nos agota y que se hace necesario y casi urgente abogar por un cambio de correlación de fuerzas en el planeta que permita una organización más humanizada del acceso a los recursos de manera igualitaria, unas relaciones económicas más flexibles y abiertas entre las principales regiones del mundo y la creación de instituciones políticas que representen los intereses sociales a escala mundial».

María del Carmen Ariet es autora y de los libros Pensamiento político de Ernesto Che Guevara, Pensamiento del Che y Lecturas y reflexiones sobre el Che. Ha compilado y prologado libros como Justicia Global; América Latina, despertar de un continente; Punta del Este; Che Guevara presente; Apuntes críticos a la economía política; El socialismo y el hombre en Cuba; Notas de viaje y Otra vez, muchos de ellos ediciones del Proyecto editorial Che Guevara, desarrollado por el Centro de Estudios Che Guevara y las editoriales Ocean Press y Ocean Sur.

Reconocida como una de las personas más conocedoras de la vida y la obra de Ernesto Che Guevara en el mundo, la investigadora accedió amablemente a conversar sobre el libro Retos de la transición socialista en Cuba (1961-1965), antología que reúne los conceptos esenciales del pensamiento guevariano sobre la construcción del socialismo en Cuba a través de discursos y escritos del Che, ordenados cronológicamente. Estas reflexiones que emanan del debate, la polémica y su “asombrosa” proyección de futuro, resultan fundamentales no solo para comprender, sino para emprender los nuevos caminos de transformación social que, aunque sustentados en un auténtico pensamiento socialista y marxista, tienen el reto de no excluir lo autóctono de cada proceso, cada lugar, cada cultura.

En estos tiempos, una antología que exponga tales retos se convierte en un valioso documento histórico, en una mirada crítica al presente y una formidable luz hacia un futuro por el que se lucha más que nunca en Latinoamérica. De estos y otros temas conversamos con María del Carmen Ariet.

¿Qué importancia le concede al hecho de que, precisamente en estos tiempos de cambio en América Latina, aparezca un libro como Retos de la transición socialista en Cuba (1961-1965), que contiene el núcleo de lo que fuera para el Che el socialismo en Cuba?

—En estos tiempos, después de años inciertos, de retrocesos y de nuevas búsquedas en los movimientos revolucionarios y sociales, se percibe como una necesidad casi obligada de que todas esas fuerzas de avanzada reconstruyan las nuevas alternativas de poder bajo una mirada escrutadora del legado histórico dejado por procesos que, como el cubano, apostaron por una transformación radical y consecuente de sus estructuras de dominación, signada por el socialismo y enfrentada a un agresivo poder hegemónico imperialista.

»Esas pudieran ser razones suficientes para conocer una experiencia histórica, revolucionaria y transgresora, que por sus particularidades y dinámica propia consiguió ser referente casi obligado de los movimientos de liberación que desde las regiones más atrasadas del mundo se plantearon alcanzar sociedades más humanas y dignas. Sin embargo, existen razones más abarcadoras que no se ciñen a las enunciadas y que tienen que ver con la validez y la necesidad del surgimiento de nuevos proyectos de cambio que, como Cuba, se planteen como alternativa la vía socialista como parte de un nuevo orden mundial, conscientes de los errores y dificultades por los que transitó el denominado “socialismo real”, pero por encima de todo ello sabedores de que solo mediante una acertada transición socialista, sin calco ni copia —como pedía Carlos Mariátegui—, se podrá enfrentar un poder omnímodo como el actual, capaz de hacer desaparecer al mundo con tal de no perder su poderío.

»Pensemos brevemente en las dimensiones por las que transitó el Che en su carácter de actor revolucionario y de pensador, y se verá con claridad su trascendencia al dejar sentado un análisis crítico del imperialismo y el capitalismo con un involucramiento activo, sumado a sus reflexiones en torno a la transición socialista. Son, a no dudar, principios activos en la política revolucionaria contemporánea que nos permiten plantearnos múltiples estrategias y tácticas, aun cuando él era consciente de las variaciones históricas y de la contextualización de determinadas posiciones y acciones que debió asumir en su tiempo.

»En el plano particular, ajustándonos al contenido del libro, y teniendo en cuenta lo expresado anteriormente, aunque su estructura se diseñó con el objetivo de ordenar el cuerpo teórico y práctico de lo expuesto por el Che en años tan decisivos de la transición socialista en Cuba (1961-1965), es importante remarcar que su sólida formación teórica y política, su dedicación y entrega al proyecto revolucionario cubano, y su experiencia adquirida como dirigente de la Revolución cubana en sus vínculos con los países socialistas, los partidos comunistas del mundo y con los dirigentes de los principales movimientos de liberación de su época, se conjugan para entregarnos un legado que representa un nexo obligado para los futuros cambios que debían producirse en el mundo».

“MAYÚSCULA AMÉRICA”

«Siempre he pensado que su pensamiento y su obra miraban hacia el futuro con la experiencia del presente sin ataduras ni dogmas, con el espíritu puesto en un quehacer mayor, en el que participaría lo más avanzado de la humanidad toda y, sin lugar a dudas, en ese espacio América Latina ocupaba un lugar preponderante en sus aspiraciones de alcanzar un verdadero proyecto de cambio en el continente.

»En el caso de Latinoamérica, si alguien estaba preparado para percibir un futuro de cambios era el Che, porque demostró su sentido de pertenencia desde que en épocas tempranas de su juventud fue atrapado por esa “Mayúscula América”, de la que nunca quiso salir por voluntad propia, y a la que le entregó lo mejor de sí. Es cierto que sus tesis más avanzadas apuntaban hacia la unidad tricontinental y de lucha global, pero nunca dejó de ser un actor principal en la región al vislumbrar una América integrada, apta para enfrentar las transformaciones a partir de los procesos revolucionarios que necesariamente se debían asumir como parte de los caminos de la lucha contra el poder del capital, basados en el surgimiento de un nuevo hombre, donde primara la solidaridad y la justicia social como base de la plena emancipación humana, lo que renueva el contenido moral en la política.

»Esos enunciados por sí solos hablan permanentemente y para todos los tiempos de la herencia dejada por el Che y que estamos en la obligación ética de conocer y estudiar no solo como punto de partida, sino como ejes y principios que mantienen un valor per se en los nuevos espacios de poder y en los que surgirán sin dudas de ningún tipo, porque no se puede perder de vista que la perspectiva revolucionaria del Che se sitúa en la lucha de todos y entre todos por cambiar el mundo».

A su criterio, ¿dónde radica la validez del pensamiento del Che sobre la transición socialista para la realidad cubana actual?

—El “asombro” ante la vigencia de los “llamados” del Che sobre la transición socialista se debe esencialmente a que existe, en general, un desconocimiento de su papel en Cuba sobre el difícil reto que significó asumir el socialismo, la multiplicidad de sus responsabilidades y el tremendo esfuerzo que realizó para teorizar sobre muchos de los problemas que existían y se debatían en torno a los modos y maneras de cómo realizar la construcción socialista.

»A ello habría que sumarle elementos vitales para entender la magnitud de la empresa, porque muchas de sus posiciones y acciones llevadas a cabo dentro de la realidad cubana se convirtieron en su caso en tácticas y estrategias diseñadas no solo para la realidad de nuestro país, sino que fueron pensadas también para que sirvieran de experiencias a procesos revolucionarios futuros y con similares características al nuestro, si se tiene en cuenta además los problemas que desde esa época se manifestaban en los países socialistas y que con tanta exactitud pronosticó, muy a su pesar.

»Como podrás darte cuenta, estamos hablando de una suma de factores en extremo complejos, que por sí solos generaban y motivaban la polémica y el debate, porque se ubicaban no solo en cómo ejecutar, sino en cómo repensar el socialismo en un contexto específico, lo que constituía para muchos una osadía y peor una herejía, olvidándose, como ha afirmado Alfredo Guevara, del carácter revolucionario del hereje.

»Siempre visualizo al Che en esa época como un adelantado, luchando contra el dogmatismo y el quietismo, en un proceso revolucionario como el cubano que había alcanzado su poder precisamente por medio de decisiones radicales, con un proyecto autóctono muy nuestro, expresión de lo más avanzado en el largo camino por el que tuvimos que transitar para obtener nuestra soberanía.

»En ese proyecto, pensado y defendido por nuestra vanguardia revolucionaria, encabezada por Fidel y su liderazgo indiscutible, el Che fue un factor relevante porque llega a nosotros después de transitar y conocer profundamente la realidad lacerante de nuestro continente y de haberse decidido por el camino de la revolución, ya para esa época con un apellido: socialista. Con eso quiero indicar que nadie más preparado que el Che para impulsar un proyecto tan radical como el cubano, apoyado además en su preparación teórica marcada por la filosofía y en particular por el marxismo y su filosofía de la praxis, componentes que constituirían la columna vertebral de su pensamiento y acción.

»Aunque expuesto a grandes rasgos, lo anterior es en extremo importante para convertir el reto de la transición en un reto de cada uno de nosotros por conocer y entender el verdadero legado del Che acerca de la transición socialista y por qué fue el centro de sus ideas y posiciones más preclaras.

»Afirmaciones como el marxismo creador del Che y dentro de ello el papel central que tenía que desempeñar el hombre, juzgadas como una de sus mayores contribuciones, se adentran precisamente en el plano de cómo y de qué forma se debía enfrentar una revolución socialista, convencido de que no se produce mecánicamente, sino que como premisa esencial debe ser construida por medio de la actividad humana y donde la transformación de la conciencia es parte inseparable del proceso, aspectos que a su juicio se habían relegado no solo de la terminología marxista imperante en los países socialistas y su consiguiente vulgarización de categorías teórico-políticas —olvidándose de premisas esenciales desarrolladas por Marx—, sino además por su comportamiento e involución que provocaron la crisis y la restauración paulatina del capitalismo.

»Esto explica por qué para el Che la transición no podía verse como un esquema lineal, tenía necesariamente que transitar hacia un cambio total y abarcador de todas las dimensiones de la existencia humana y su base no podía apoyarse restrictivamente en una socialización económica, sino que tenía que concebirse en su sentido sociológico y político como un proceso simultáneo».

RETOS PARA TODO PROCESO NUEVO

«Si analizamos detenidamente los discursos y escritos seleccionados en el libro que presentamos, más allá de contextos específicos y hechos puntuales que no alcanzaron un desarrollo sistemático, en todos se percibe la esencia de sus posiciones conceptuales y prácticas en un esfuerzo extraordinario por dejar una síntesis teórica de las cuestiones cruciales de la transición referidas a Cuba, marcadas por la acción humana como el centro y en la que se inserta la conciencia, la organización disciplinada y la claridad ideológica como lo verdadero y auténticamente transformador y revolucionario, encaminado a un proceso de emancipación de los individuos válido para cualquier movimiento socialista a escala mundial, pero sin perder su carácter nacional, más allá del internacionalismo y la solidaridad política y sobre todo con la advertencia de que cada proceso debe asumirse a partir de sus realidades y de la decisión colectiva para encontrar sus vías: recuerden su prevención de que no todo había que copiarlo ni era válido y que se debían encontrar las especificidades propias.

»Aun cuando el tiempo no le alcanzó para sistematizar su pensamiento por la urgencia de la lucha, el hecho de dejar esclarecidas ideas y acciones emanadas de la práctica cotidiana, nos acerca a un modelo propio de socialismo a alcanzar y que abarca un proyecto de nación que debe construir un nuevo ser humano con una nueva ética, afianzada en una educación masiva del pueblo capaz de generar un proyecto de consenso libertario con la intervención consciente de las masas en contra del autoritarismo, de la burocracia y las brechas que pudieran abrirse entre la dirigencia y el pueblo, poniendo en riesgo el proyecto.

»Por eso no faltan las definiciones esclarecedoras sobre el socialismo, ahí está su fórmula de producción más conciencia, que apunta a hacernos entender que el socialismo tiene que demostrar su superioridad, pero nunca con herramientas melladas del capitalismo, hay que producir no solo para entregar bienes materiales al pueblo, cuestión de hecho vital, pero hay que insistir en su esencia consciente donde el hombre sea capaz de entregar lo mejor de sí, como la obligación moral que nos corresponde a cada uno como deber social. No debemos olvidarnos cuando nos advierte que el hombre debe transformarse conjuntamente con la producción, porque de nada nos vale que fuéramos productores de artículos y no fuéramos a la vez productores de hombre.

»Si esos ejes son analizados bajo el prisma de la realidad cubana actual, después de cincuenta años de revolución, tamizados por nuestros propios problemas y errores internos, así como la traslación de los de carácter externo copiados del llamado modelo soviético, sin lugar a dudas sorprende la exigencia y el rigor del ejemplo y las enseñanzas dejadas personalmente por el Che para transitar por una sociedad heredera de una conciencia del pasado muy difícil de destruir, pero que se puede transformar si entre todos luchamos por alcanzar una plena democracia participativa, conscientes de nuestras responsabilidades y deberes mediante la disciplina y la autoridad que emana de una dirección que se involucra en el trabajo y la vida cotidiana y que enseña dando ejemplo, no por decreto o mandato, con una organización del trabajo como base de la productividad, requisito indispensable para el desarrollo económico del futuro y para desterrar el capitalismo.

»Por supuesto, en su actuar está presente una práctica ética que marcó su influencia política no a partir del engrandecimiento individual, sino por su concepto de la ética de la política que lo condujeron, en el plano interno, a enfrentar críticamente a la burocracia, al sindicalismo y a todo el pensamiento sectario, a defender a un partido capaz de ejercer funciones en lo interno y en lo externo, al conjugar la acción política y su acción educativa para obtener un nivel más alto de cultura general para sus cuadros en su funcionamiento democrático y participativo con el objetivo de eliminar la corrupción, la doble moral, la economía burocrática y no socializada y la demagogia.

»Es cierto que llegar a alcanzar todo esto no ha sido ni es tarea fácil, cuesta años de sacrificio y trabajo, de avances y retrocesos, de incomprensiones y dudas, pero aunque yo no lo alcance a ver recuerdo al Che cuando miraba hacia ese futuro y nos expresaba que alguna señal queda de lo que hicimos “en ese bello edificio que estamos empezando a construir” y que esa es la recompensa de un verdadero revolucionario.

»Siguen siendo retos para todo proceso nuevo que surja al estar obligados a barrer con un pasado donde la dominación imperial y las relaciones de clase permanecen en el centro de las disputas políticas. Concebir una estrategia de lucha integral, la conquista del poder político, la hegemonía del poder apoyada en un amplio consenso y la creación de una sociedad nueva son problemas difíciles y no existen recetas para solucionarlos, pero hay experiencias que indican la importancia de la ética en el socialismo y la formación de hombres que asumen los nuevos proyectos, porque sin socialistas no puede haber socialismo».

¿Cree usted que se asumen el pensamiento y la ética del Che en el actual mundo individualista y enajenado en que se vive?

—Creo que la enumeración última puede ayudarnos a entender por qué en un mundo enajenado, consumista y en crisis, muchas banderas se enarbolen con la imagen del Che como el símbolo tangible de la rebeldía. Pudiera pensarse que muchos lo asumen por agotamiento y lógica, ávidos de asirse a algo que los aleje del abismo en que se encuentran prisioneros de un sistema que cada día en su devenir profundiza las desigualdades e impide la capacidad de los pueblos y naciones para actuar y poder construir un proyecto social alternativo y anticapitalista.

»¿Se podrá transitar por ese proceso?, ¿se podrá luchar conscientemente contra la explotación económica y la dominación política y cultural? Son preguntas que desesperanzadoramente muchos no se hacen o quizás no se hacían, porque los tiempos de crisis nos catapultan a posiciones impensadas. De pronto ese poder omnímodo que emana de los centros de poder del capitalismo actual y que definen el marco en que opera la ley del valor que rige en el mundo, se nos presenta como el eje del mal que nos anula y limita en nuestros espacios naturales, imponiendo una jerarquía más desigual que ninguna otra por las que se ha transitado.

»¿Podemos, queremos y es posible construir un proyecto alternativo y humanista, socialista por demás, a pesar de los errores y dificultades por las que transitaron experiencias anteriores? La pregunta muchas veces se diluye, no se enfrenta o se pasa por alto, y no nos damos cuenta que el tiempo se nos agota y que se hace necesario y casi urgente abogar por un cambio de correlación de fuerzas en el planeta que permita una organización más humanizada del acceso a los recursos de manera igualitaria, relaciones económicas más flexibles y abiertas entre las principales regiones del mundo y la creación de instituciones políticas que representen los intereses sociales a escala mundial.

»Aunque también parezca asombroso, todos esos indicadores fueron expuestos y analizados por el Che en tribunas internacionales en esos años decisivos de los sesenta y pasados por alto —al no avenirse a los intereses y estrategias de los que estaban en el deber de sustentarlos—, sin embargo todo nuevo proyecto está en la obligación de reconstruir los valores universales desvirtuados por el capitalismo e intentar modelar una política de desarrollo que responda a las necesidades de la mayoría, contra la discriminación, contra las desigualdades y la dependencia de las naciones, que luche por frenar el deterioro del planeta, por acabar con la explotación económica, la opresión política y la dominación cultural mediante la socialización del saber y que su razón de ser y su fin último sea crear un hombre nuevo más avanzado y mejor, capaz de luchar por la igualdad, la justicia social, la dignidad humana y la defensa de sus derechos. Ahí está, con una total validez, su ensayo mayor El socialismo y el hombre en Cuba, síntesis preclara de lo que afirmamos y que cumplirá cuarenta y cinco años de haberse publicado en marzo del próximo año, al que estamos comprometidos a volver una y otra vez y a divulgarlo y estudiarlo en fecha tan especial.

»Sin dudas, el compromiso es de todos sin distinción, porque estamos frente a una disyuntiva impostergable. En particular a “las izquierdas” les corresponde interrogarse a sí mismas, buscar espacios perdidos, avanzar y unirse a la resistencia que se levanta y enfrenta el pensamiento único. Yo estoy convencida, aunque parezcan adversos los tiempos, de que el Che y todos los que han contribuido con su pensamiento y acción a marcarnos los caminos de la lucha por la emancipación de la humanidad, mantienen su validez en los cambios que obligatoriamente se vislumbran y no solo en los por venir, ahí están los países del ALBA y sus presidentes dando un ejemplo de dignidad y soberanía y de plena continuidad con el legado histórico de Bolívar, Martí, el Che y Fidel».

En un entorno mundial donde la información se monopoliza por los grandes centros de poder y son difíciles las iniciativas contrahegemónicas, ¿cómo valora el Proyecto Editorial Che Guevara?

—Si asumimos el contenido de las afirmaciones anteriores, creo hoy más que nunca en un proyecto editorial como el que desde el Centro de Estudios Che Guevara y la Editorial Ocean Sur se han propuesto desarrollar en torno a la vida y la obra del Che.

»Es real y asfixiante el poder de la información monopolizada por los grandes centros de poder, pero también es cierto que a pesar de las dificultades y limitaciones materiales, a partir de los avances tecnológicos empleados también por nosotros —muy a su pesar—, se están abriendo espacios alternativos que ganan en credibilidad y afianzan las iniciativas contrahegemónicas basadas en un principio marxista y guevariano: la transformación de la conciencia como precepto inseparable de los cambios estructurales.

»Es imprescindible asumir a Gramsci cuando reafirmaba la necesidad de un cambio total que abarcara la política, la cultura, las relaciones sociales, la ideología, entre otros factores sustanciales, como concepción estratégica y revolucionaria de la lucha. Si no se lucha por su obtención no alcanzaremos el poder hegemónico ni seremos capaces de construir una nueva sociedad bajo los signos rectores de la filosofía de la praxis, y en esa línea de pensamiento y acción el Che ocupa un espacio indiscutible que es necesario divulgar para acabar con “los asombros”, sin magnificarlo ni hacerlo extraterrenal.

»La obra del Che parte de los años de su formación política con ejes temáticos y disciplinas insoslayables desarrolladas en su etapa de madurez intelectual, esta última vinculada esencialmente a su actividad práctica como dirigente de la Revolución cubana. Existe entre esas etapas una continuidad teórica y aunque se realiza en un breve tiempo el resultado es muy coherente, al irrumpir como un teórico de la revolución mediante una obra dinámica que contiene una dialéctica del cambio y una concepción estratégica, expresión cualitativa de su marxismo creador.

»En ese espíritu renovador y crítico es que se ha asumido el ordenamiento de su obra, avalado por un proceso investigativo y de rescate de documentos inéditos invaluables, para ofrecer un producto lo más acabado posible de su trayectoria revolucionaria y de su pensamiento, que nos acerca actualmente a la edición de más de dieciséis títulos, que abarcan desde la recuperación de la memoria histórica hasta los más polémicos y sugerentes, en total consonancia con los tiempos actuales de fuertes debates y definiciones necesarias».

 

“El Che hizo un poema con su propia vida”

2009-06-15 |

Entrevista a Aleida Guevara March (Cuba, 1960): “El trabajo conjunto Ocean Press-Centro de Estudios Che Guevara ha permitido realizar nuestro sueño de romper el bloqueo impuesto contra la verdad”

 

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Por Mario Casasús
La Habana.- Aleida Guevara March (Cuba, 1960) ejerció como médico internacionalista en Angola, Ecuador y Nicaragua. En febrero de 2004 incursionó como periodista, entrevistando al Presidente Hugo Chávez, tiempo después conversó con João Pedro Stedile, líder del MST, y ahora escribe sobre el movimiento indígena de Ecuador. En entrevista exclusiva con el sitio web de teleSUR habla del libro Evocación y parafraseando a Miguel Barnet: “No es que yo quiera darte/pluma por pistola/pero el poeta eres tú”, Aleida describe a papá: “El Che hizo un poema con su propia vida”.
El Centro de Estudios Che Guevara, fundado en octubre de 1983, es presidido por Aleida March; su hija, Aleida Guevara dice a teleSUR: “Mira, hay que trabajar mucho, comenzamos a trabajar intensamente con los niños y adolescentes para saber cómo esas nuevas generaciones ven al Che, cómo lo reflejan, cómo lo sienten. A través del Che fomentamos los valores más hermosos del ser humano: la solidaridad, el respeto, la alegría de vivir, la ternura para tratar a otro ser humano, esas cosas sí son muy importantes”. El Centro Che imparte talleres de computación, cerámica y fotografía, por supuesto alienta la investigación sobre “legado teórico-práctico y ético del Che, para los presentes y nuevos proyectos de emancipación”.
Edel Morales (director del Centro Dulce María Loynaz) escribió una crítica inequívoca sobre Evocación: “Aleida March narra una de las historias de amor más estremecedoras de la época contemporánea: su relación personal con el Che Guevara de todos los días, el combatiente, el constructor de una sociedad nueva, el internacionalista, el ser solidario y desprendido de sí en función de los Otros, el mito universal, todo contado desde la intimidad más cercana, o como ella misma dice al principio desde ‘mis recuerdos más queridos […] mis cartas, mis poesías’, haciendo dejación de sí misma para entregarnos la dimensión personal de un Che íntegro, con sus amores y fobias, una vez más desde el renunciamiento y el sacrificio de los elegidos por llevar una estrella martiana en la frente”. En el 81 aniversario del Comandante Ernesto Che Guevara, resulta imprescindible traerlo a la memoria.
En 2007, la Casa de las Américas publicó Evocación, de Aleida March; la UNEAC lo reeditó por los 80 años del Che. ¿Cómo vivió el reencuentro con las cartas, poemas y fotografías de su papá?
—Aprendimos a amar a mi papá a través de mami, con esa ternura tan grande que muestra en su libro Evocación; mi mamá es una mujer que sin embargo no es capaz de expresar muchos sentimientos, pero tú sabes que está ahí siempre y nunca nos ha fallado, además siempre ha intentado que conozcamos mejor a mi papá, desde todos los puntos de vista y este le faltaba —fíjate—, este era muy difícil para ella y al fin lo logró y yo creo que ha sido el regalo más lindo que he recibido en mi vida, porque saber que soy fruto de una historia de amor así, te da una extraordinaria intensidad para vivir.

El Che Guevara tenía una enorme sensibilidad poética, al describir la geografía humana de sus primeros viajes. Al tiempo que combatía, el Che solía leer poemas de Neruda a los guerrilleros de Sierra Maestra y la Quebrada del Yuro. Doctora Aleida, la he visto sollozar leyendo las cartas y poemas de su padre…
—Los poemas que tenemos de papá son íntimos, ni siquiera le gustaba publicarlos, decía que era un mal poeta. Lo hermoso es que siempre expresaba sus sentimientos, mi papi intentaba que los compañeros que lo rodeaban se cultivaran y para cultivarte hace falta leer a los grandes poetas, escritores y filósofos, pero no solamente la teoría, sino poder verlo en la práctica y ese es el poema que hizo mi papá con su propia vida, es decir, educarnos con su ejemplo, para ser revolucionarios. En definitiva, yo pienso que ese es el mejor poeta de todos.

Las editoriales Ocean Press y Ocean Sur hacen un magnífico trabajo de distribución internacional de los libros y diarios escritos por su padre. ¿Por qué decidieron triangular la publicación del legado bibliográfico del Che desde Australia?
—Tú sabes que Cuba ha estado bloqueada y sigue bloqueada por Estados Unidos, durante toda la historia de la Revolución. Era necesario que la imagen del Che no fuera esa imagen de camisetas o en banderas, sino que llevara un contenido: los ideales y pensamientos de su propia obra; entonces —claro— nos pareció extraordinario que Ocean Press, una editorial pequeña, quisiera asumir el riesgo, porque al principio era un gran riesgo, así que comenzaron a trabajar con nosotros desde ese punto de vista y realmente han cumplido muy bien con el objetivo, porque a través de Ocean Press hemos llevado escritos del Che a Estados Unidos, Australia, Inglaterra y otros países de Europa, hasta a Japón han llevado las obras del Che.
«El trabajo conjunto Ocean Press-Centro de Estudios Che Guevara ha permitido realizar nuestro sueño de romper el bloqueo impuesto contra la verdad, contra la dignidad de los pueblos, para que otros nos conozcan mejor a través de la historia e ideología del Che que muchos aman».

¿Qué nuevos proyectos surgirán del Centro de Estudios Che Guevara?
—Mira, hay que trabajar mucho, comenzamos a trabajar intensamente con los niños y adolescentes para saber cómo esas nuevas generaciones ven al Che, cómo lo reflejan, cómo lo sienten. Porque no es solamente hablarles de una persona, es saber llegar a través de esa persona a fomentar los valores más hermosos del ser humano: la solidaridad, el respeto, la alegría de vivir, la ternura para tratar a otro ser humano, esas cosas sí son muy importantes.

¿Cree que las dos últimas películas sobre Ernesto Che Guevara ayudan en el rescate de los valores revolucionarios?
—La de Gael García Bernal sí, es decir, Diarios de motocicleta dirigida por Walter Salles sí refleja —para mí— todo ese amor. El otro largometraje dirigido por Steven Soderbergh no logra mucho la cuestión; no es una mala película desde el punto de vista de que no es irrespetuosa, pero no logra llegar a la fibra del ser humano que era mi papá.

Con la doble vena literaria, la de Aleida March y Che Guevara, ¿escribirá sus experiencias junto a los médicos internacionalistas de Cuba?
—Estamos tratando de escribir (risas), ¿sabes?, una mujer me dijo: “tú tienes un gran privilegio, porque conoces a mucha gente” —y es verdad— siendo la hija del Che Guevara he llegado a muchas partes, tengo ese privilegio de conocer personas maravillosas y empecé a escribir, publiqué un libro con el Presidente Hugo Chávez basado en una extensa entrevista que le hice (Chávez, un hombre que anda por ahí); acabo de presentar otro libro: MST: Simiente de la vida y la esperanza (entrevista a João Pedro Stedile, miembro de la coordinadora nacional del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, de Brasil); para nuestro continente, para mí, es el movimiento social más importante de Nuestra América.
«Ahora estoy trabajando un libro sobre el movimiento indígena ecuatoriano, más que del movimiento indígena tratará de lo que yo he aprendido de ellos, porque es verdad lo que decía aquella mujer, tengo el privilegio de conocer a mucha gente, entonces tengo el deber de repartir ese privilegio entre muchas personas mediante escritos y comentarios de lo que voy viviendo».

¿Volveremos a conversar cuando publique sus vivencias junto a los indígenas ecuatorianos?
—Por supuesto.

Mientras tanto leeré ambos libros: MST y la Entrevista al Presidente Chávez. Doctora Aleida, gracias por su tiempo para los lectores de teleSUR.
—Gracias a ustedes.

 

Tomado de teleSUR

 

 

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