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Factores claves en la estrategia económica actual de Cuba (I y II, III)


cuba-luchita-kaloian-04-580x416Las transformaciones que tienen lugar en el modelo económico cubano en estos momentos son las de mayor complejidad en toda la historia revolucionaria, tomando en cuenta que se transita simultáneamente hacia una nueva etapa en la estrategia de desarrollo, basada en la creación de condiciones para un crecimiento sostenible a mediano plazo; se diseña una política económica que plantea una nueva relación entre plan y mercado y un sistema de dirección donde se abre un mayor espacio a la propiedad no estatal y a los mecanismos económicos de gestión, con una participación superior de los trabajadores en el proceso de toma de decisiones.

Un elemento de gran importancia para comprender los cambios que se vienen introduciendo, se refiere a los tipos de soluciones a corto plazo que se plantea la política económica actual.

En la página 10 de los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución se destacan como medidas inmediatas eliminar el déficit de la balanza de pagos; incrementar la eficiencia económica, la motivación por el trabajo y la distribución del ingreso y crear las condiciones infraestructurales y productivas que permitan el tránsito a una etapa superior del desarrollo.

Examinemos en qué medida se ha avanzado en estos objetivos.

Un elemento esencial para mejorar el balance financiero externo es el saldo comercial del intercambio con otros países. Tomando en cuenta los datos del Anuario Estadístico de Cuba y la información brindada en la última sesión de la Asamblea Nacional, así como los estimados de Economist Intelligence Unit, las exportaciones de mercancías entre 2008 y 2014 aumentaron 49,5%, un crecimiento que se asocia al incremento de las ventas de productos de la biotecnología y a la exportación de derivados del petróleo en ese período. El saldo de la balanza de servicios presenta un crecimiento de 59,3% en esa etapa, con un componente de servicios médicos que se planificó en 8 200 millones de dólares para 2014.

En términos comparativos se obtiene que las importaciones entre 2008 y 2013 bajaron de 32,4% a 18,8% del PIB, mientras que las exportaciones totales se estima pasaron del 18,4 al 21,5%.

De tal modo, el saldo de la balanza comercial, que resultó negativo en -1 736 millones en 2008, se transformó en un superávit de 1 591 millones de dólares en 2014. En relación con el PIB, estas cifras representaron -5,0% en 2008 y +1,9% en 2014, lo cual se obtiene básicamente por la significativa contracción relativa de las importaciones en el período.

En términos financieros, el país emprendió un proceso de renegociación y pago puntual de los adeudos pactados a partir de 2009.

Los procesos de renegociación de la deuda bilateral resultaron significativos desde inicios de los años 2000, cuando se reportaron renegociaciones de las deudas con Alemania, por 115 millones de dólares; con China (6 000 millones) y con Japón, que se estima condonó alrededor de 1 400 millones. Más recientemente, México canceló el 70% de una deuda de alrededor de 500 millones y Rusia el 90% de una deuda estimada en 35 000 millones de dólares, pendiente de pago con la antigua URSS. (1) Adicionalmente, en marzo de 2015 el presidente del Club de París, Bruno Bézard, anunció que en semanas o meses se iniciaría la renegociación de la deuda con esa entidad, entre 15 y 16 000 millones de dólares, que permanece sin solución desde 1986.

Todas estas medidas incrementan la confianza de los medios financieros internacionales en la capacidad de la economía cubana para hacer frente a sus compromisos, a pesar de la presencia del bloqueo de Estados Unidos y no obstante la calificación de riesgo de la deuda, que fue incrementada en mayo de 2014 a Caa2 por Moody’s, aduciendo la situación de Venezuela y la supuesta indefinición de políticas del país.

La deuda externa de Cuba puede estimarse tomando en cuenta no solamente la renegociada, sino toda la deuda pendiente de pago. Según estimados de Economist Intelligence Unit, los adeudos pasaron de 16 645 millones de dólares en 2008 a 25 512 millones en 2014, para un crecimiento de 53,3%, pero en términos relativos estos se movieron del 32,3 al 30,5% del PIB, lo que muestra una evolución favorable habida cuenta del monto de recursos destinados al pago de su servicio.

En efecto, entre 2008 y 2014 se estima que se pagaron 19 554 millones de dólares por conceptos de principal e intereses, elevándose anualmente de 1 571 millones al inicio del período hasta 3 106 al final, para un incremento del 97,7%, lo cual se aprecia al examinar estas cifras en relación con el PIB. En este caso, el servicio de la deuda se elevó de 2,9% a 3,8% del PIB, alcanzando su punto más alto en 2013, con 5,4%.

Finalmente cabe destacar que en 2015 se aprecia un importante cambio en la política financiera externa.

Al respecto, vale la pena recordar que en la estructura económica del país, para crecer 1% se requiere que las importaciones lo hagan entre 2 y 3%. Tomando en cuenta esa realidad y tal y como explicó el ministro de Economía y Planificación en la Asamblea Nacional, se demanda un crecimiento de 13,3% de las compras en el exterior este año, que permita asegurar el aumento del 28,7% en las inversiones y el 4% en el PIB. A su vez, para alcanzar esos objetivos debe disponerse de un flujo financiero superior, por lo que se decidió elevar el pago de la deuda a 5 661 millones de dólares este año, lo que representa un aumento de 84% sobre el estimado de 2014 y el 6,6% del PIB. Partiendo de ese pago, se planifica obtener créditos por una suma equivalente para financiar importaciones.

Esta decisión en el orden financiero debe incrementar la confianza de los acreedores en nuestro país, lo cual se ve favorecido a partir de los nuevos escenarios que se abren en las relaciones económicas con Estados Unidos.

En el corto plazo

Entre los aspectos a atender a corto plazo en la política económica diseñada en 2011 se destacan, por su importancia, el incremento de la eficiencia económica, la motivación por el trabajo y la distribución del ingreso, así como la creación de las condiciones infraestructurales y productivas que permitan el transito a una etapa superior de desarrollo.

A diferencia de la eliminación del desbalance financiero externo, que opera básicamente en la esfera de las relaciones económicas internacionales, en este caso se trata de aspectos en los que resulta determinante la acción de múltiples actores al interior de la economía nacional.

Con toda la complejidad que pueda presentar el tema financiero externo, la elevación de la eficiencia económica -en la que incide muy directamente la motivación por el trabajo y la distribución del ingreso- y la creación de condiciones infraestructurales y productivas para el avance del país son sin dudas las tareas más difíciles, pero a la vez imprescindibles en estos momentos, con vistas a lograr un crecimiento sostenible.

Como punto de partida para este análisis es necesario comprender que en el incremento de la eficiencia económica incide fundamentalmente el crecimiento de la productividad del trabajo. En la evolución de este indicador en Cuba han influido un conjunto de factores negativos que incluyen desde una estructura económica deformada creada antes de 1959, pasando por políticas económicas que no dieron los frutos esperados, hasta los negativos efectos del bloqueo estadounidense, por lo que se requieren muchos años y esfuerzos para compensar las negativas consecuencias de todo este cúmulo de factores.

De ahí que no sorprenda que, a pesar de lo avanzado, se registre un bajo incremento de la productividad del trabajo, el cual -según algunos estimados- solo alcanzó 0,4% como promedio anual entre 1959 y 2009.

A la luz de la experiencia puede decirse que en el crecimiento de este indicador intervienen dos grandes grupos de factores: por un lado medidas de organización del trabajo y por otro los efectos de las inversiones que incrementen la incidencia de la ciencia y la técnica en la producción de bienes y servicios.

En el período que transcurre a partir de 2009 han preponderado las medidas de organización del trabajo como vía para el incremento de la eficiencia productiva, que, en un estudio realizado en 2007, se estimó podrían incrementar hasta en 60% los niveles de productividad en nuestras condiciones.

Un primer elemento que se tuvo en cuenta fue la reducción del subempleo en el sector estatal, que inicialmente se estimó en torno a un millón 500 mil trabajadores cuyo contenido de trabajo no aseguraba una labor productiva para ocho horas.

Por supuesto, el elemento de mayor complejidad en estos años ha sido encontrar una salida apropiada al excedente laboral identificado, para lo cual la medida más significativa ha sido el crecimiento del empleo en el sector no estatal a través del trabajo por cuenta propia desde 2010 y de las cooperativas no agropecuarias desde 2013. También la distribución en usufructo gratuito de tierras ociosas ha operado en esa dirección.

A su vez, esta racionalización debía tomar en cuenta que alrededor del 51% de los empleados del Estado laboraban en el sector presupuestado, espacio que brinda importantes servicios a la sociedad pero que no crea valor en las mismas condiciones que una empresa. 

De tal modo, luego de un primer momento en que los ritmos de avance resultaron excesivos al plantearse la salida de 500 000 trabajadores en unos seis meses a la altura de 2011, se produjo, de acuerdo con la información del Anuario Estadístico de Cuba, una disminución en cuatro años del 14,7% del empleo estatal (unos 624 000 trabajadores) y se incrementó el empleo no estatal en 57,2%, hasta unas 471 000 personas.

Como consecuencia de estas transformaciones, el empleo fuera del Estado pasó del 16,2 al 26,3% entre 2009 y 2013, proporción que se espera llegue al 30% en el presente año y que pueda alcanzar 35% en el futuro próximo.

A su vez, ha sido notable el adelgazamiento de la estructura del Estado que se ha operado paralelamente a lo anterior, con reducciones del 34% en el número de ministerios y 27% en el de empresas hasta 2013, a lo que se añade una disminución del 20% en la cifra de cooperativas agropecuarias, en un proceso aún no concluido.

Para la medición de los impactos de esta significativa evolución aún no se tiene toda la información factual necesaria para llegar a conclusiones definitivas. No obstante, puede apreciarse que se produce una disminución de la actividad económica en la población, que baja de 75,4% en 2009 a 72,9% del total en 2013, fenómeno concentrado en las mujeres, cuya tasa desciende 3,7 puntos porcentuales.

Por otro lado, la desocupación se eleva de 1,7 a 3,3% en ese período. En este sentido habría que analizar por qué trabajan proporcionalmente menos mujeres y qué relación tiene ese fenómeno con un desempleo que aumenta, pero en una proporción menor que lo que cabría suponer, en lo cual pueden estar incidiendo factores que frenen el empleo femenino, condiciones laborales más favorables del sector no estatal y, por tanto, no demanda de empleo al Estado, o el efecto de las nuevas disposiciones migratorias del país vigentes a partir de 2013, entre otras consideraciones.

En todo caso resulta también notable el incremento del empleo fuera del Estado y particularmente en el caso del trabajo por cuenta propia, que pasó de 143 800 personas en 2009 a 478 951 al cierre de 2014, para un crecimiento de 3,3 veces. No obstante, esta expansión -si bien es una solución de empleo, en general, bien remunerado- no ha dado respuesta a la fuerza de trabajo calificada que resulta excedente en el Estado, algo sobre lo que se volverá más adelante.

Corresponde en estos momentos evaluar en qué medida el volumen de las inversiones y la retribución del trabajo han estado también presentes en esta etapa, antes de valorar el impacto de todo lo que puede haber incidido en el incremento de la productividad que se registra en los últimos cinco años.

1 Sobre estos aspecto puede verse de Jorge Mario Sánchez Egozcue: “Reestructuración incipiente del comercio exterior cubano”, en Economía cubana: Transformaciones y desafíos, Colectivo de autores, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014.

(Tomado de Cuba Contemporánea)

 

Factores claves en la estrategia económica actual de Cuba (III)

Entre los factores que deben tomarse en cuenta en el estímulo al crecimiento de la productividad del trabajo juega un papel determinante el incremento de los ingresos del trabajador. En las presentes condiciones de la economía cubana, el análisis de este tema resulta de elevada complejidad dado el conjunto de factores que inciden en él y la transformación actual de los mecanismos de retribución.

Tomando esto en cuenta, en este análisis no se pretende agotar el tema, aunque se tratará de mostrar el papel de los diferentes elementos que inciden en su determinación.

En primer lugar, se trata de examinar separadamente el sector estatal del no estatal, considerando que en este último los factores que determinan la retribución del trabajo están mediados por relaciones de mercado y su relación económica con el Estado transcurre básicamente por la vía fiscal a través del pago de impuestos.

En este caso puede decirse que no hay límites a la retribución laboral más allá de la carga fiscal, por lo que -tomando en cuenta los déficits en la oferta estatal de un grupo de bienes y servicios a la población- los precios resultan actualmente elevados dada la fuerte demanda insatisfecha de los mismos y -consecuentemente- los ingresos de los trabajadores por cuenta propia y los cooperativistas son naturalmente muy superiores a las retribuciones que el Estado puede brindar a sus empleados, dados los compromisos que tiene en relación con la acumulación y el consumo de toda la sociedad.

Centrando la atención en la economía estatal, debemos tomar en cuenta que esta abarca un sector empresarial y un sector presupuestado, que tienen dinámicas diferentes. También debe considerarse que los ingresos de los trabajadores estatales se componen de salarios (el elemento básico), ingresos por sistemas de estimulación (esencialmente en CUC) que no se computan en el salario y, en menor medida, pagos en especie que pueden incluir alimentos, ropa, calzado y artículos de higiene personal.

Los salarios han estado determinados en general por parámetros  o escalas en función de la complejidad, calificación y resultados del trabajo. Un primer problema a destacar es la diferencia entre el salario nominal -que no toma en cuenta su poder de compra- y el salario real, que sí lo contempla.

Si se examina la dinámica del salario nominal promedio medido mensualmente entre 1989 y el 2013 -según el Anuario Estadístico de Cuba-, se aprecia que pasó de 188 a 471 pesos, para un crecimiento de 2,5 veces en 24 años, lo cual resulta apreciable. Sin embargo, si se incluye en el análisis la dinámica de los precios minoristas estimada para el mismo período, a fin de calcular el salario real, se observa que el salario nominal de 2013 equivale a entre 106 y 51 pesos del salario nominal de 1989.  En todo caso, aun con diferentes cálculos, lo que no ofrece dudas es que el poder de compra real del salario no se ha recuperado en estos años, lo que es un factor importante de desestímulo al incremento de la productividad del trabajo.

No obstante, más recientemente se observa un gradual incremento del salario real en la misma medida en que se aplican fórmulas que posibilitan incrementar el pago de acuerdo a los resultados en el sector empresarial, lo que debe sustentar un crecimiento más dinámico de la productividad del trabajo.

Así, por ejemplo, en la entidad BioCubaFarma el salario medio previsto para este año le permitirá alcanzar un salario real equivalente a un poder de compra de 325 pesos de 1989, un 73% superior al salario nominal medio de ese año. Esta situación también se reflejará en alrededor de 70 empresas que pagarán salarios nominales promedio de entre 1 000 y 3 000 pesos mensuales, así como en el sector de la salud, cuyo incremento salarial computó unos 2 750 millones de pesos anuales para más de 440 000 trabajadores.

Para enfrentar los desequilibrios salariales presentes no sería lo más efectivo una reforma general de salarios, tomando en cuenta los resultados de experiencias como la de 1981, que engendró importantes desequilibrios en la economía nacional. Con vistas a evitar errores pasados, será indispensable que -a nivel macroeconómico- la productividad crezca más rápido que el salario medio y que la proporción del salario no rebase los límites previstos en relación con el valor agregado bruto, o sea, el nuevo valor creado.

La dinámica de este último aspecto mostró tendencias negativas en el primer decenio de los años 2000, cuando la productividad aumentó 46% pero el salario medio se elevó en 87%. En el período 2009-2013, esa situación comenzó a corregirse en la misma medida en que la productividad del trabajo creció 10,7% mientras que el salario medio escaló 9,8%. Para el plan 2015 se prevé que los salarios aumenten 5,8% y la productividad 6,2%.

Otra forma de mantener la retribución del trabajo en un cauce adecuado consiste en fijar la proporción de los salarios a pagar en relación con el valor agregado bruto. Este índice reflejó los fenómenos apuntados en el párrafo anterior, al computar hasta 0,43 a inicios de los años 2000, proporción que se redujo a 0,3326 en el plan del presente año.

Un ingreso laboral no siempre vinculado con los resultados del trabajo y que tampoco se incluye en el salario es el monto de los sistemas de estimulación en divisas. Estos esquemas se introdujeron a la par con la doble circulación monetaria en 1994 y -en la medida en que se concentraron en las actividades generadoras de ingresos en divisas- aportaron resultados favorables. Alcanzaron su mayor impacto alrededor de 2007, cuando se estima que llegaron a alrededor de 820 000 trabajadores estatales -el 20,3% del total- con un monto de unos 118 millones de CUC, para un ingreso medio de 12 CUC mensuales.

Finalmente, otros ingresos monetarios beneficiaron a la población desde 1993, cuando se autorizó la recepción de remesas en divisas que, si bien incrementaban los ingresos de una parte de los habitantes del país -que se ha estimado en el 25% del total-, no se vinculaban con los resultados del trabajo y no incidían directamente en el aumento de la productividad.

En síntesis, la recuperación del salario real de los trabajadores estatales es un elemento clave para el incremento de la productividad del trabajo, lo cual debe reflejarse también en un aumento del peso de los salarios nominales en el total de ingresos, que disminuyó de 80% a solo 46% en los últimos 30 años.

En ese sentido, la política que se ha comenzado a implementar para vincular la retribución laboral con los resultados del trabajo en las empresas es un elemento de enormes potencialidades. No obstante, el aseguramiento de factores que la empresa no controla -como el financiamiento de los suministros importados- puede frenar este mecanismo, para lo cual deberán adoptarse otras medidas que impidan esa y otras afectaciones externas al cumplimiento de los indicadores directivos del plan.

Igualmente -tal y como se ha hecho con el sector de la salud y el deporte- habrá que diseñar otras políticas que permitan incrementar los ingresos de los trabajadores del sector presupuestado -sin crear desequilibrios inmanejables-, tomando en cuenta que en estos sectores se ubican factores estratégicos para el desarrollo del país, tales como la educación y la ciencia, que hoy padecen la migración de fuerza de trabajo calificada.

(Tomado de Cuba Contemporánea)

 

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