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3 imágenes para entender la vida cotidiana de La Habana


  • 30 abril 2015
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Waldo, en su carro de alquiler

De lunes a sábado, entre las seis de la mañana y las seis de la tarde, Waldo maneja su auto de alquiler. Es uno de los miles de “boteros” de la capital cubana, conductores de taxis que tienen más de cincuenta años.

El carro de Waldo es un Dodge de 1955, modelo Coronet. “Pero del Dodge solo le queda la carrocería” —admite.

El motor es de un Toyota, las bombas de freno son de un Mercedes Benz, los frenos de Audi, el timón de Lada… Y las llantas son de producción nacional: las fabrican en el Cotorro, uno de los barrios de La Habana.

En este armazón rodante también hay piezas de Hyundai, Yutong y Mitsubishi. El sistema de audio es de la marca Pioneer; a Waldo le gusta poner música bailable mientras conduce. “Pero si los pasajeros me piden que la quite, la quito. El cliente siempre tiene la razón”.

La ruta de Waldo es fija: va todos los días de la Víbora al Vedado y del Vedado a la Víbora. Va recogiendo pasajeros por el camino. Dos en el asiento delantero, tres en el trasero. La tarifa tampoco varía: diez pesos por persona (50 centavos dólar).

“Yo quisiera cobrar menos, pero la cuenta no me da. Los impuestos son altos, yo vivo al día. Yo no estoy en contra de pagar los impuestos, pero me gustaría que el gobierno diera ciertas facilidades. Que arreglaran las calles, que vendieran piezas en tiendas especializadas, con mejores precios. ¿Tú sabes cuánto cuesta una llanta en el mercado informal? ¡Tres mil pesos! (125 dólares). Y tengo que pasar por una revisión cada cierto tiempo, para ver si el carro tiene condiciones”.

Siempre le doy mantenimiento. Para mí es más importante la mecánica que la apariencia. ¿Para qué quiero un carro bien pintadito que se descomponga en cualquier esquina?”

Waldo
Reuters

El Dodge de Waldo luce descuidado, pero apenas se rompe. “Siempre le doy mantenimiento. Para mí es más importante la mecánica que la apariencia. ¿Para qué quiero un carro bien pintadito que se descomponga en cualquier esquina?”.

Waldo es vicepresidente de un club de conductores de autos estadounidenses fabricados en las décadas de los cuarenta y cincuenta.

“Tenemos más de mil asociados. Hacemos carreras y exhibiciones de carros, nos reunimos periódicamente. Lo de Cuba es único, en ningún país del mundo siguen rodando tantos carros antiguos”.

Por supuesto, la gran mayoría de estos automóviles funcionan gracias al ingenio de sus propietarios y mecánicos, que han encontrado soluciones a la falta de piezas de repuesto, a la sobrexplotación del parque.

“Aquí habría que hacerle un monumento al almendrón (así se les llama popularmente a estos automóviles). Si no fuera por los carros de alquiler, el transporte público sería mucho más caótico” —interviene una de las pasajeras.

Tiene razón. Este Dodge Coronet del 55 podría ser un buen modelo.

La papa: asunto nacional

Papas

Las autoridades aseguran que habrá papas en los mercados hasta agosto, gracias a los buenos resultados de la última cosecha.

Pero el suministro en los puntos de ventas de La Habana es irregular. En cuanto llega un cargamento, la gente se moviliza y compra grandes cantidades.

Hace unos años, la papa era un producto racionado, pero la venta ahora es libre y los precios son moderados, comparados con los de otras viandas y hortalizas.

La distribución, no obstante, es irregular. Hay mercados en La Habana donde hace más de una semana que se agotaron las existencias. Pero en Ciego de Ávila (que es una provincia productora) es más fácil encontrarla.

La papa es un asunto de interés nacional. Los medios de comunicación se hacen eco habitualmente de los índices de producción y comercialización del producto.

Es tanta su demanda, que las personas que viven en ciudades con mayor oferta suelen enviarles papas a sus familiares en otros territorios menos favorecidos.

En el correo de la Villa Panamericana, al este de La Habana, colgaron un anuncio en la vitrina: “Prohibido mandar papas en los bultos postales”.

“Yo vivo bailando”

Raúl Reinoso

Raúl Reinoso tiene 23 años y hace algún tiempo es bailarín solista en Danza Contemporánea de Cuba, una de las más importantes compañías escénicas del país.

Raúl no nació en La Habana. “Yo soy de Guane, en un extremo de Pinar del Río. Allí fueron a hacer las pruebas de admisión para la escuela de arte y me presenté. Nunca pensé que llegaría a bailar en los mejores teatros de La Habana y en unas cuantas ciudades del mundo”.

Buena parte del elenco también proviene de pequeñas poblaciones, algunas bastante alejadas de la capital. Cuba cuenta con uno de los mejores sistemas de enseñanza artística del continente.

El trabajo en Danza Contemporánea de Cuba es intenso: Raúl se levanta a las siete de la mañana, a las nueve hace calentamiento en los salones de la sede, a las diez comienza la clase, desde las once hay ensayos que a veces se extienden hasta las cinco de la tarde, de lunes a sábado.

El salario no es alto. Raúl gana 640 pesos al mes (26 dólares). Pero cuando sale de gira al extranjero, sus ingresos aumentan considerablemente. Gracias a eso pudo comprarse una buena cámara Canon. La fotografía es otra de sus pasiones.

Yo no te digo que no pase trabajo. A veces me levanto muy cansado, pero me sobrepongo y sigo. Es un privilegio bailar en una compañía como esta”

Raúl Reinoso
AFP

“Yo no te digo que no pase trabajo. A veces me levanto muy cansado, pero me sobrepongo y sigo. Es un privilegio bailar en una compañía como esta. Aquí vienen a montar obras algunos de los mejores coreógrafos del mundo. Es una maravillosa escuela”.

Gracias en buena medida al empeño de maestros, coreógrafos y bailarines como Raúl, La Habana tiene una de las más intensas programaciones de ballet y danza en América Latina. Cuba es un referente universal en ese ámbito, en las más reconocidas compañías del mundo suelen bailar intérpretes cubanos.

A Raúl, por supuesto, le gustaría hacer carrera internacional. “Pero por ahora mi lugar es este. Todavía tengo mucho que aprender y experimentar”.

Yuris Nórido es periodista de medios oficiales como el diario Trabajadores y el sitio digital CubaSí. Es miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC), “porque confío en que puede ser motor de cambios necesarios para este país”.

 

Vivir con 20 dólares al mes (y poder hacer el cuento)

Compras en Cuba

Cuando los medios internacionales dicen que en Cuba un profesional puede ganar el equivalente a 20 dólares al mes, dicen la verdad. Pero es una verdad relativa. Está claro que es difícil arreglárselas con esa cantidad, casi en los límites de una vida en la pobreza extrema.

Cuba —y eso lo afirman instituciones internacionales para nada simpatizantes con el sistema imperante en la isla— es uno de los países en América Latina con menos incidencia de la extrema pobreza. De hecho, el índice de desarrollo humano es uno de los más altos de la región.

Pero el salario promedio es, a todas luces, uno de los más bajos del continente. Probablemente el más bajo.

¿Cómo explicar la aparente contradicción? Sencillamente: la mayoría de la población depende (o al menos se sirve) de los subsidios. Nadie ha afirmado (sería una tontería hacerlo) que es la situación ideal.

Pero lo cierto es que gracias a esas exenciones se han podido matizar los graves costes sociales de la crisis económica que ha sufrido el país.

Digan lo que digan los adversarios del sistema, en Cuba nadie se muere de hambre. Ni siquiera los que menos ganan. Otra cosa es que la gente satisfaga sus aspiraciones económicas, de bienestar. Pero ese es otro tema.

Pesos cubanos

Las reglas del juego están claras: no se puede medir la capacidad adquisitiva del cubano que vive en Cuba con los medidores aplicables a otras realidades.

Vamos por pasos. Uno de las conquistas de la Revolución, uno de sus estandartes, es contar con sistemas de sanidad y educación absolutamente gratis.

Las cifras no mienten: las estadísticas en esos sectores ponen a Cuba en la cabeza de América Latina.

Afirmar que la educación y la salud en la isla viven sus mejores tiempos resultaría por lo menos inocente, o pura demagogia. Está claro que la crisis ha impactado a estos sectores.

Pero lo cierto es que en Cuba puede que sea difícil encontrar suplementos vitamínicos en una farmacia, puede que algunos hospitales estén sucios… pero si un paciente necesita un trasplante de corazón lo recibe sin tener que pagar un peso.

Igual, el nivel de los maestros no es el de hace 30 años… pero un joven se gradúa de la universidad (y con probadas suficiencias) sin tener que desembolsar grandes cantidades de dinero.

Mas contar con sistemas públicos de sanidad y educación, gratuitos y universales, obviamente no es solo privilegio de los cubanos.

Y la comida hay que pagarla. Y el transporte, la electricidad, el gas…

Libreta de abastecimiento

Todos esos sectores están en buena medida subsidiados por el estado, de manera que una parte de los precios es relativamente muy baja.

O sea, por la cartilla de racionamiento (libreta de abastecimiento) cada ciudadano recibe una determinada cantidad de mercancías por un precio casi simbólico. Esa cuota no resuelve el problema del mes, pero ayuda considerablemente.

El transporte público en las ciudades es muy barato: un pasaje en los ómnibus cuesta 40 centavos de CUP (peso cubano no convertible)… O sea, apenas dos centavos de dólar. Aunque el servicio, sobre todo en las horas de más tráfico, no es suficiente.

Muchos (los que pueden) prefieren tomar un auto de alquiler (taxis colectivos, llamado “almendrones”) que cuestan entre 10 y 20 CUP (menos de un dólar).

Los precios de la electricidad y el gas son también módicos. Yo, por ejemplo, vivo en un apartamento con televisor, refrigerador, varios ventiladores, calentador de agua, olla arrocera, computadora, radio y otros artículos eléctricos… Nunca pago más de 12 pesos de electricidad al mes: medio dólar.

A eso se suma que la mayoría de los cubanos no tiene que pagar alquiler por su casa. (Ojo, no significa que la situación inmobiliaria sea buena. Varias generaciones de una familia tienen que vivir a veces en una casa pequeña. Y los alquileres suelen estar por encima de las entradas por un empleo estatal).

Un poco más difícil para los que deben subsistir con los salarios “oficiales” es adquirir ropa y calzado, sobre todo teniendo en cuenta los altos precios de la red de tiendas de recaudación de divisas.

Autobús en Cuba

Algunos aprovechan las esporádicas entregas de prendas en centros de trabajo (uniformes y calzado); otros acuden a tiendas de ropa reciclada.

Hay un sector de la población muy vulnerable: ancianos y discapacitados sin familia o recursos suficientes. Para ellos se han habilitado restaurantes de bajísimos precios y se supone que reciban atención social personalizada.

Lo cierto es que ellos han sido los más afectados por la crisis. En los últimos años, particularmente en las ciudades más grandes, es notable un fenómeno que hace 30 años era casi inconcebible: algunos ancianos piden limosna en las calles.

Otros han decidido probar suerte vendiendo golosinas: forman parte de la legión creciente de trabajadores por cuenta propia.

Vivir con 20 dólares al mes es posible en Cuba. Pero nadie ha dicho que sea fácil, o que sea una vida plena. Buena parte de los cubanos se las arreglan para incrementar sus ingresos (algunos de manera legal, otros bordeando el delito, no pocos delinquiendo).

Pero aumentar la capacidad adquisitiva, el nivel de vida, es una de las aspiraciones (y demandas) de una ciudadanía trabajadora, aunque no del todo motivada a trabajar.

Los próximos años deben ser cruciales. La gente necesita certezas.

Factura de servicio eléctrico
Esta foto, tomada por Yuris Nórido, fue añadida a esta entrada del blog “Voces desde Cuba” para aquellos que ponen en duda que nunca paga más de 12 pesos de electricidad al mes.

 

 

¿Por qué la educación en Cuba ya no es lo que era?

Maestra
En Cuba, todos los niños van a la escuela.

El éxito de la película Conducta, del director Ernesto Daranas, ha puesto en el centro de todas las miradas a un trabajador humilde, sacrificado y no suficientemente reconocido en Cuba: el maestro.

Carmela, una de las protagonistas del filme, es una maestra de la enseñanza primaria, que tiene que lidiar cada día con alumnos con disímiles conflictos, en un barrio problemático.

Casi todos los espectadores se solidarizaron con la maestra, que contra viento y marea defiende la labor educativa que realiza todos los días en su aula, en un ejercicio ejemplar de dedicación, entrega y compromiso.

Pero en Cuba, ahora mismo, hay muchas Carmelas.

A lo largo de todo el país, miles de maestros y profesores acuden todos los días a las escuelas, para asumir una de las más complejas y vitales tareas de la sociedad: preparar a los niños y jóvenes.

En Cuba todos los niños van a la escuela, vivan donde vivan, independientemente de la situación económica de sus familias.

La cobertura educacional primaria es absoluta. La enseñanza secundaria también está extendida: la gran mayoría de los niños que culminan la primaria continúan estudios.

Escuela en Cuba
La educación cubana no ha mantenido su nivel de excelencia, en parte porque los maestros no están bien pagados.

Organizaciones internacionales, particularmente la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (Unesco), han reconocido los logros de Cuba en el sector.

Cuba fue el primer país de América Latina en declararse libre de analfabetismo, los índices de aprovechamiento escolar están entre los más altos del continente.

Hay un sistema perfectamente consolidado de enseñanza especializada: escuelas para niños con dificultades y demandas específicas, escuelas de arte y deportes, escuelas de oficios…

El acceso es gratuito en todos los niveles, obligatorio hasta secundaria.

En la base de ese entramado está el maestro, principal garantía del proceso educativo.

Pero la crisis económica de los últimos años ha impactado de manera significativa en el sistema de educación cubano. Está claro: el nivel no es el de hace 25 años.

Aunque el estado dedica gran parte del presupuesto nacional a la enseñanza, parece insuficiente.

Los maestros, que en buena medida son profesionales graduados en universidades pedagógicas, están mal pagados.

El resultado está a la vista: la competencia de algunos de ellos es dudosa, el oficio no siempre está sustentado por la vocación y la capacidad.

Maestra en una escuale cubana
La película Conducta, del director Ernesto Daranas, pone en relieve la problemática que vive el sistema educativo en Cuba.

No son muchos los estudiantes de excelente aprovechamiento en el preuniversitario que asumen carreras pedagógicas.

Para maestros y profesores suelen estudiar alumnos que por sus notas en los exámenes de ingreso a la educación superior no pudieron acceder a otras carreras.

El éxodo de profesionales de la educación a otras ramas con mejores salarios es una realidad que golpea, pero perfectamente comprensible.

En mi casa tengo un ejemplo: mi hermano era profesor de historia en un instituto; ahora trabaja en una empresa de construcción para el turismo. Gana casi el triple de lo que recibía cuando estaba en el aula.

Hace falta mayor compromiso de nuestros maestros, pero es difícil demandar ese compromiso si los salarios son bajos.

Además, a diferencia de otros profesionales, los maestros y profesores difícilmente puedan acceder al pluriempleo, pues tienen que permanecer toda la jornada en sus puestos de trabajo.

Así y todo, en las escuelas también hay excelentes profesionales, buena parte de ellos con muchos años de experiencia, convencidos de la gran importancia de su labor.

Mi madre, que ahora está jubilada, fue maestra primaria durante casi cuarenta años. Fue una buena maestra, reconocida por alumnos y padres. Muchos hombres y mujeres, hechos y derechos, la detienen en la calle y le agradecen las lecciones que les ofreció en sus clases.

Pero muchos niños no tienen la suerte de contar con buenos profesores y sus padres acuden a una figura emergente: el repasador, maestros casi siempre retirados que cobran por sus clases particulares, en sus casas, después del horario escolar.

La nación tiene una deuda enorme con sus maestros y es opinión generalizada: hay que encontrar maneras efectivas de saldarla.

Los médicos, enfermeros y todo el personal de la salud pública han sido beneficiados con un aumento en los salarios, que aunque no está a la altura de las necesidades del sector, es un incentivo.

Los maestros esperan por una reforma salarial, que resulta más compleja. Téngase en cuenta que los mayores ingresos al presupuesto nacional vienen precisamente de la colaboración médica cubana en el extranjero.

Estudiantes en Cuba
Muchos piensan que Cuba tiene una deuda enorme con sus maestros.

La educación, necesariamente, seguirá siendo subsidiada. Aparentemente, no es una actividad que ingrese recursos.

Pero solo aparentemente. En realidad la escuela está en el principio de todo. Sin una educación integral, contundente, es imposible contar con buenos profesionales y técnicos.

Cuba cuenta ahora mismo con una fuerza laboral de alto nivel, potencial indudable para futuros empeños. Hay que agradecerla, en grandísima medida, a las legiones de maestros de las escuelas primarias y secundarias.

Y hay también otra dimensión, no menos importante: la formación de valores. Aunque la responsabilidad mayor la tiene la familia, el maestro es —tiene que ser— un actor imprescindible en ese proceso.

Somos testigos de demasiadas manifestaciones de pérdida de valores, que nada tienen que ver con el proyecto de país que hemos soñado.

Más reconocimiento al maestro, moral y material. Ojalá que en todas las aulas hubiera maestras como Carmela, la protagonista de Conducta. Cuba lo necesita.

Lee más entradas a nuestro blog “Voces desde Cuba”

Yuris Nórido es periodista de medios oficiales como el diario Trabajadores y el sitio digital CubaSí. Es miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC), “porque confío en que puede ser motor de cambios necesarios para este país”.

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