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Contradicciones IV, V – Carlos Abrego


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Carlos Abrego
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Contradiciones IV

 

Antes de seguir, es necesario que aclaremos algunos aspectos de lo que hemos escrito precedentemente sobre la unidad y la identidad de los contrarios. Sobre la unidad no creo que sean muchos los que no vean claramente que al decir “abajo” obligatoriamente pensamos en “arriba”, pues sin este segundo término el primero no significaría nada. Lo mismo podemos decir de los polos de un imán, ambos se suponen y son dos en uno. Con esto queda demostrado uno de los límites del principio de no contradicción, no obstante existe el otro momento, ¿son realmente idénticos? Es decir ¿son idénticos o son lo mismo en el mismo orden, en el mismo respecto?

 

Veamos esto de más cerca, alto y bajo son dos lados de lo mismo, son una pareja, pero son dos cosas diferentes, alto no es lo bajo y viceversa. Nadie va a aceptar que son idénticos, son diferentes. Hay un solo imán pero dos polos diferentes. No se puede decir que son dos y uno al mismo tiempo y en el mismo respecto. Esto lo podemos decir sobre todos los ejemplos que hemos puesto en lo que precede: ninguno de los contrarios es idéntico en la misma relación, en el mismo orden.

 

Podemos aceptar que el fósil tenga las mismas características que el todo del animal al que perteneció, podemos deducir el todo, pero no podemos decir que son idénticos, que son la misma cosa. Son diferentes. Pero pensar dialécticamente no consiste en negar las diferencias de los contrarios.

 

Los contrarios no son la misma cosa, sino que son el mismo respecto, la misma relación y es en este sentido que estos diferentes son idénticos. El pensar dialéctico pone en evidencia la profunda falsedad de considerar los contrarios como dos cosas que se pueden pensar por separado: lo alto por un lado y lo bajo por el otro, lo verdadero por un lado y la falso por el otro, mientras que ellos son el mismo respecto, la misma relación, una misma relación con dos polos: la relación de posición, alto y bajo, la relación gnoseológica, verdadero y falso. Son pues dos en uno.

 

Esto manifiesta al principio aristotélico de la identidad como un momento necesario, pero al mismo tiempo un momento provisorio del pensar que debe de ser superado  por el principio dialéctico de identidad-diferencia, por ende también de una contradicción válida entre dos términos que han sido rigurosa y previamente definidos de manera no contradictoria. Esto último significa que la dialéctica no suprime la lógica formal, sino que lasupera, podemos considerar la dialéctica como las matemáticas superiores respecto a la aritmética que es la lógica clásica.

 

La lógica formal no toma en cuenta el momento dialéctico, lo que la condena a dejar afuera de su alcance pensar las relaciones y los procesos, es decir la realidad viva del mundo que nos circunda. La lógica formal es incapaz de explicar en qué consiste una síntesis en la que es evidente que dos forman uno.

 

Los enemigos de la dialéctica, los que se oponen a ella incluso sin haberla leído seriamente, sin haber estudiado a Hegel con el merecido y necesario detenimiento, lo acusan que pretende el absurdo, de que los contrarios sonuna misma cosa, mientras que todo el trabajo hegeliano ha consistido en mostrar, en hacer entender que los contrarios en nada son una cosa, sino que precisamente una relación. Es esto lo que resulta imposible pensar, cuando uno se empecina en despedazar el mundo en partículas separadas e inmóviles.

 

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Contradicciones V

 

Los que se limitan a la lógica formal insisten que los contrarios no pueden ser y no son equivalentes simultáneamente, que los contrarios son verdaderos tomados bajo dos órdenes diferentes, en el poema de Neruda los de “entonces” y los de “ahora” no son los mismos en tanto que personas físicas o tal vez también sentimentalmente, pero sí son los mismos en tanto que personas, que individuos. Esto es totalmente cierto de manera formal, pero queda por saber cuál es el costo que esto tiene. No es muy alto si tomamos las cosas por separado o fuera del tiempo, es decir cuando hacemos abstracción de las relaciones y del movimiento. Estamos simplemente enunciando formalmente hechos: este hueso es un pedazo de un animal desaparecido del cual ignoramos todo, este pájaro que vuela está aquí en este instante y no en otra parte, en tanto que persona soy el mismo hoy como ayer y de ninguna manera puedo ser otro. En apariencia no hay pues ninguna objeción de parte de la dialéctica, pero si nos detenemos un instante a ver con mayor acuidad las cosas, el rechazo de la contradicción formal nos conduce a contradicciones reales. Si el fósil, simple vestigio de un animal desaparecido, no es al mismo tiempo otra cosa que una de sus ínfimas partes, es totalmente contradictorio que no obstante pueda informarnos lo que era el ser en su totalidad; si el pájaro que vuela está en cada instante preciso en un lugar preciso y no al contrario también de paso hacia otro lugar,  entonces es contradictorio que vuele; si cada día soy el mismo que ayer y no al mismo tiempo soy otro, esto es contradictorio con el hecho de que tengo unahistoria personal. Es esto lo que sugiere el verso de Pablo Neruda: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Cada uno se imagina todo lo que ha podido cambiar en ellos y por qué ya no son los mismos, por qué son otros.

Esta es la primera función de la dialéctica, la crítica, esta dialécticanegativa revela todo lo que no alcanza a ver la lógica formal arropada en la aparente evidencia adquirida de la no-contradicción, pues lo que queda afuera de su alcance tiene un costo teórico y práctico: porque de un lado se guarda de no caer en la contradicción y por el otro deja afuera la relación y el movimiento, nada más ni menos que el orden del mundo y la lógica misma de la vida.

 

De esta dialéctica negativa es menester pasar a la dialéctica positivaque nos ponga al alcance la manera de dominar las contradicciones en pensamiento y en acto. Pero antes de dar ese paso, voy a insistir de nuevo en lo que hemos visto hasta aquí. La lógica formal, la lógica clásica nos manda a rechazar la contradicción, lo que parece conforme al sentido común. Sin embargo al conformarnos a este precepto, nos vemos obligados a comprobar que cuando nosotros deseamos pensar las relaciones y los procesos, es decir la realidad del mundo, la no-contradicción en el discurso inevitablemente hace surgir contradicciones en la realidad misma de las cosas: si nosotros somos los mismos que éramos ayer sin poder ser al mismo tiempo un poco diferentes, es decir un poco otros —identidad formal—, dejamos de entendernos como seres vivientes y cambiantes, contradicción dialéctica en su momento negativo. Lo que no significa decretar falsa la lógica clásica, sino que ver en ella una simplificación de todo el pensamiento y a reconocer en la dialéctica —en la que brota el sentido que puede tener la contradicción— una lógica más penetrante de las relaciones y los procesos.

 

Se puede completar este esbozo de la contradicción con un ejemplo tal vez más significativo: la causa y el efecto. La causalidad mecánica es un ejemplo elemental de la lógica formal: por ejemplo, cuando en la circulación urbana ocurre un accidente, vemos que el automóvil ‘A’ choca con el automóvil ‘B’, que está parado en un “alto”, pues el choque lo hace moverse (no voy a referirme al efecto en el chofer que puede ser otra consecuencia). Aquí es claro que el movimiento del primero es la causa, el movimiento del segundo es la consecuencia. Causa y consecuencia son dos contrarios en la lógica de la identidad: el sentido de cada uno es claro y distinto, su contrariedad resulta evidente, su relación es unívoca, no hay nada que dé pie para ver alguna contradicción. No obstante, si en el choque el vehículo ‘B’ se puso en movimiento por causa del vehículo ‘A’, pero la velocidad, la trayectoria de ‘A’ han sufrido cambios, incluso lo más probable es que se detenga, que pierda su movimiento. Lo que observamos es que a la primera causa viene a emparejarse la segunda, la de ‘B’ sobre ‘A’. La relación unívoca que teníamos al principio ha sufrido una metamorfosis y tenemos una relación recíproca, la causa que trajo la consecuencia se ve afectada por esta consecuencia que se vuelve causa para ella. ¿Acaso no estamos frente a una unidad de contrarios? Sí, toda causa que entra en juego es a su vez efecto de su propia acción, ¿pero en qué consiste aquí su dialecticidad?  El lógico formal nos dirá que aquí no hay ninguna contradicción, hay interacción, lo que es totalmente distinto: coinciden dos acciones causales  recíprocas, pero se mantienen distintas. Esto es cierto de alguna manera, cuando apenas tomamos en cuenta launidad y no la identidad de los contrarios. ¿Cómo podemos hacer la diferencia en el choque entre la acción causal de ‘A’ sobre ‘B’ y la de ‘B’ sobre ‘A’? Imposible decirlo. Imaginemos ahora que los coches vienen en sentido contrario uno del otro y chocan frente a frente, imposible saber cuál fuerza es la causa y cuál es la consecuencia.  Este argumento de la interacción pretende ignorar el evidente devenir-idéntico de la causa y del efecto, es decir la dialéctica de la relación causal.

Dialéctica mucho más imponente cuando entran en relación no objetos inertes, sino organismos vivientes y seres conscientes: la manera misma en que un ser reacciona a la acción causal externa es fundamentalmente causada por lo que él mismo es internamente —lo que un organismo tolera, otro lo rechaza—  el enmarañamiento de la causa y del efecto se vuelve inextricable, su identidad salta a la vista. Ejemplo significativo de la diferencia del nivel entre una lógica de clarificación elemental y una dialéctica de comprensión compleja.

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