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Ex Presidente Aylwin habla sobre el golpe de Estado


El exilio chileno rio profundo de la cultura hibeoamericana Primera Piedra Sept. 2014

Gracias por estos innegables documentos que muestran a dos presientes de la Concertacion apoyando a la dictadura. ¿Por eso como van a cambiar las cosas en Chile?

 

https://www.youtube.com/watch?v=owtCH6XP6Qk

 

 

 

Y  ENTRE MALOS BUITRES SE SACAN LAS PLUMAS!!!!

RN acusó a Frei de incoherencia por donar parte de su sueldo a Junta Militar en 1973

http://www.cooperativa.cl/noticias/pais/politica/eduardo-frei/rn-acuso-a-frei-de-incoherencia-por-donar-parte-de-su-sueldo-a-junta-militar-en-1973/2009-03-11/125354.html

 

Diputados mostraron recorte de prensa de la fecha.

Lo emplazaron a no criticar a Novoa por asumir presidencia del Senado.

Publicado: Miércoles 11 de marzo de 2009 | Autor: Cooperativa.cl

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El jefe de bancada de RN, el diputado Joaquín Godoy, junto a su par Nicolás Monckeberg, acusó al candidato presidencial de la DC, PS y PPD, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, de donar parte de su sueldo a la dictadura en el año 1973.

Apoyados en un recorte de prensa del diario La Tercera con fecha del 26 de noviembre de 1973, los diputados señalaron que Frei, como miembro de la delegación de la empresa en que participaba, Sigdo Koppers, entregó un donativo de cinco días de sueldo de todos los funcionarios de esa compañía al ministro del Interior de la época, general Oscar Bonilla.

 

 

Los diputados Joaquín Godoy y Nicolás Monckeberg dieron a conocer la información a la prensa.

Los parlamentarios acusaron a Frei de tener un pasado oculto que intenta mantener de esa forma para convencer al electorado de la Concertación de que vote por él.

Monckeberg dijo enfático que “para donar parte del sueldo a un Gobierno hay que ser un fanático promovedor de éste. Y cuando Frei dona su sueldo al Gobierno de Pinochet es porque era un fanático que apoyaba lo que se estaba haciendo”.

“No se puede andar por la vida y en política rasgando vestiduras, sobre todo si no es capaz de reconocer lo que él pensó e hizo en el pasado. Esto demuestra una vez más la incoherencia de muchos en la Concertación, que son muy buenos para hablar mientras los hechos demuestran cosas distintas”, aseguró.

En medio de las críticas a Novoa -quien este miércoles asumirá muy probablemente como presidente del Senado- desde la derecha dijeron que Frei no puede despotricar contra los integrantes del régimen militar.

Frei se encuentra en Brasil y se reunirá este miércoles con el presidente de ese país, Luis Inacio Lula da Silva.

 

 

 

A propósito del golpe y masacres: Antecedentes de Agustín Edwards Eastman

http://www.mapuexpress.org/2014/09/08/a-proposito-del-golpe-y-masacres-antecedentes-de-agustin-edwards-eastman%20#sthash.pbw479PR.dpbs

 

A continuación, una selección informativa sobre Agustín Edwards Eastman realizada por Memoria Viva  en atención al rol de este empresario, dueño del  Mercurio – Emol y presidente de la fundación Paz Ciudadana con respecto al golpe de estado en Chile y las violaciones a los Derechos Humanos en el País.

 

 

Agustín Edwards Eastman, periodista y dueño de la cadena de diarios de la empresa El Mercurio, heredero de uno de los grupos económicos más antiguos de Chile y presidente de la Fundación Paz Ciudadana. Recibió millonaria ayuda de la CIA para trabajar por el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende. Apologista y colaborador de la dictadura militar.

En el libro ‘Chile inédito : el periodismo bajo democracia‘ el periodista norteamericano Ken Dermota pasa revista al papel jugado por Agustín Edwards Eastman y su diario durante el gobierno del presidente Allende. Edwards encabezaba el tercer grupo económico más importante con intereses en la industria forestal y maderera, empresas industriales, seguros y en el sector bancario. El Mercurio se comprometió en la lucha contra Allende, para lo cual fue ayudado por laCIA que le pasó a lo menos un millón seiscientos mil dólares.

Pocos días después que Allende triunfara en las elecciones presidenciales -el 4 de septiembre de 1970-, Agustín Edwards viajó a Washington. Fue recibido por el presidente Richard Nixon a quien solicitó una actuación enérgica para impedir que Allende asumiera o para derrocarlo si lograba iniciar su gobierno. Edwards no volvió a Chile hasta varios años después, cuando ya se había consolidado la dictadura de Pinochet, pero a la distancia mantuvo férreo control sobre el diario y el conjunto de su grupo económico.

El GranValparaiso.cl

25 de Noviembre

El pasado golpista de “El Mercurio”

(EXTRACTO)

EL 11 de septiembre, un día de infamia en Estados Unidos, es también una fecha negra en la historia de Chile. Aunque funcionarios estadounidenses como Henry Kissinger han insistido en que Washington no tuvo nada que ver con la revuelta militar que instaló a Augusto Pinochet en el poder y que sólo trataron de preservar la democracia en Chile, archivos de la CIA y la Casa Blanca analizados aquí por primera vez muestran cómo la agencia de espionaje usó la prensa chilena para socavar el gobierno, elegido democráticamente, del socialista Salvador Allende, tras una operación que “jugó un papel significativo para preparar el golpe militar del 11 de septiembre de 1973”.

De estos documentos surge la historia del mayor proyecto de propaganda de la agencia -autorizado por los más altos niveles del gobierno norteamericano- que dependió del periódico más relevante de Chile: El Mercurio, y su bien conectado dueño, Agustín Edwards.

En Chile, el avejentado Edwards sigue siendo una influyente y poderosa figura de los medios, y aquí, en Estados Unidos, las acciones encubiertas vuelven a realizarse y el poder ejecutivo está cada vez más envuelto en secretos. La historia del 11de septiembre de 1973 continúa resonando.

Durante los últimos dos años, un grupo de editores, periodistas, estudiantes de periodismo y abogados de los derechos humanos han estado reuniendo pruebas en Santiago de Chile contra el magnate de los medios chilenos, Agustín Edwards, para, al menos, conseguir que sea expulsado de la Colegio de Periodistas Chilenos. El editor de la revista izquierdista Punto Final, Manuel Cabieses, ha presentado una petición formal en la que acusa a Edwards de violar el código de ética del Colegio al haber conspirado con el gobierno de Richard Nixon y la CIA, entre 1970 y 1973, para fomentar el golpe militar que derrocó al gobierno electo de Salvador Allende instaurando en el poder al general Augusto Pinochet.

Sólo 30 años después del golpe, Chile ha empezado a abrir este capítulo de su pasado. El arresto de Pinochet en Londres en 1998 -el general logró escapar de la extradición a España por crímenes contra los derechos humanos y eventualmente se le permitió regresar a Chile, donde la Corte Suprema dictaminó que era mentalmente incapaz de ser juzgado- dio paso a acusaciones, arrestos y encarcelamientos de varios de sus camaradas militares. Pero ¿qué se hizo de Edwards y su compañía mediática y otros protagonistas del sector privado que colaboraron activamente en la eliminación de la democracia electoral y el advenimiento de una brutal dictadura militar?

Los intentos de presentar acusaciones éticas contra Agustín Edwards ante el Colegio de Periodistas es un gesto totalmente simbólico, aunque realmente significa el principio de un movimiento para hacer a los civiles responsables de sus actos. Los documentos estadounidenses que registraron secretamente esas acciones pueden aportar pruebas valiosas, si no para emprender acciones judiciales, sí para al menos conocer las responsabilidades morales.

PiensaChile

2 de Junio 2004

El lobby de Agustín Edwards contra Allende 

“Tengo a Agustín conmigo,” anunció por teléfono al Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Henry Kissinger, el poderoso gerente general de Pepsi-Cola y amigo personal del Presidente Richard Nixon, Donald Kendall, la mañana del 14 de septiembre de 1970. En Chile, era más conocido como Agustín Edwards, patriarca de El Mercurio. En la Casa Blanca, bastaba con Agustín.

El dueño del imperio El Mercurio y la empresa embotelladora de Pepsi en Chile, había llegado a Washington en una misión tan secreta como urgente: hacer lobby al gobierno de Nixon y la CIA para que actuaran rápido para impedir que Salvador Allende asumiera el poder. Allende había ganado la mayoría relativa en las elecciones presidenciales el 4 de septiembre, apenas 10 días antes.

Su amigo Kendall, de gran influencia y buenos contactos, le preparaba la agenda. “¿Es posible reunirnos con él mañana en la mañana?” preguntó Kissinger.

“Sí, estará acá,” respondió Kendall. “Le estoy consiguiendo una reunión con [Richard] Helms [Director de la CIA]. Él ya lo sabe. [Edwards] se reúne con otra persona hoy. ¿Alguien más quien debería intentar?”

“No antes de que hable conmigo,” resolvió Kissinger, de acuerdo a la transcripción de la conversación telefónica.

Este documento es parte de las 20 mil páginas de transcripciones de conversaciones telefónicas (“telcons”) realizadas por Kissinger entre 1969 y 1974, cuando era Consejero de Seguridad Nacional y luego Secretario de Estado bajo la presidencia de Richard Nixon, y que fueron desclasificados esta semana por el gobierno de Estados Unidos. Varios de ellos se refieren a las andanzas de Agustín Edwards en Washington en septiembre de 1970.

Kissinger siempre pedía a un asistente que grabara, y transcribiera cada una de sus llamadas telefónicas, incluyendo las que sostenía con el Presidente Nixon. Cuando dejó el gobierno en 1977, Kissinger se llevó los telcons, alegando que eran “documentos privados”. Luego de que el National Security Archive, un centro de documentación no-gubernamental en Washington, amenazó con presentar una demanda en contra de Kissinger por negarse a entregar esta documentación, que debiera pertenecer al Departamento de Estado, el ex Secretario se vio obligado a hacerlo.

48 horas

Días después de las elecciones presidenciales el 4 de septiembre, Edwards le pidió al jefe de la CIA en Santiago que le armara una reunión secreta con el Embajador de Estados Unidos, Edward Korry.

“¿Estados Unidos tomará alguna acción militar –directa o indirectamente?”, recuerda Korry que le preguntó Edwards.

“Ninguna.”

En ese momento, Edwards se dio cuenta que no tenía otra opción que ir directamente a Washington a mover sus hilos al más alto nivel, haciéndole comprender a la Casa Blanca los riesgos de su inacción.

Pasadas las 10 de la mañana el 14 de septiembre, Kendall llamó a Kissinger y fijaron una reunión con desayuno en la Casa Blanca para el día siguiente, a las 8, para conversar con Edwards. Por casualidad, Kendall había planeado llevar a su anciano padre a reunirse con Nixon ese mismo día.

“Le voy a mencionar Edwards [al Presidente Nixon]. No sé qué se necesita para dar vuelta a esta gente en el Departamento de Estado, pero quiero que el Presidente le tome el peso,” le contó Kendall.

“Es un desastre,” concordó Kissinger.

“Sí, lo es, y no entiendo al pueblo americano,” se quejó el ejecutivo.

“No sabe nada sobre Chile,” dijo Kissinger.

“Le diré al Presidente que él no puede tolerar otra Cuba bajo su gobierno,” afirmó Kendall.

“Sí, díle eso,” consintió.

Kissinger aprovechó de invitar a la reunión al Fiscal General John Mitchell, para, como comentó Kendall, “hacer todo de una sola vez”.

Luego de un cambio en la agenda, los cuatro hombres se juntaron en la oficina de Kissinger en la Casa Blanca a las 9 horas. La reunión estaba fijada para 45 minutos, pero apenas comenzó, Kissinger levantó el teléfono y marcó el número del Director de la CIA, Richard Helms. El asistente, como siempre, grabó la conversación.

“Le agradeceríamos que pudiera conversar brevemente con Agustín Edwards mientras esté en su tienda [sede central de la CIA, Langley]”, pidió Kissinger a Helms.

“No estará en mi tienda, pero yo puedo ir al centro y me reúno con él. Mis hombres van a llegar para eso, pero yo también iré,” le contestó el director de la CIA.

“Si pudiera hablar con él, estaríamos agradecidos, así podemos saber su opinión al respecto [situación en Chile],” le insistió Kissinger.

“OK,” respondió Helms.

Más tarde, Helms acudiría a un céntrico hotel de Washington, acompañado por uno de sus especialistas de la CIA en América Latina, para reunirse con Edwards y Kendall.

La única alternativa

Lo conversado en esa reunión se ha mantenido en secreto por más de 30 años. Sin embargo, se ha podido obtener un memorándum de la CIA al respecto, titulado “Discusión sobre la Situación Política en Chile”, que deja en evidencia que Agustín Edwards buscó influir sobre la CIA para que sus acciones encubiertas en Chile se inclinaran a favor de una solución militar, descartando la factibilidad de lograr bloquear la llegada de Allende al poder por la vía constitucional.

El memorándum de cuatro páginas describe y cita lo que Edwards informó al Director de la CIA sobre la situación política post-electoral en Chile, partiendo por lo que consideraba las razones de la derrota electoral del derechista Jorge Alessandri, quien había logrado la segunda mayoría relativa, y lamentando “que no se nos haya permitido quitarle votos a Tomic”. “Este comentario fue una referencia a la condición impuesta por el gobierno de Estados Unidos que restringió los esfuerzos de [censurado] de parte nuestra a una campaña anti-Allende sin apoyo directo a Alessandri”, explica el memorándum.

Edwards se explayó sobre “las posibilidades de una solución constitucional” al dilema –el esquema que la Embajada de EE.UU. en Santiago favorecía para impedir un gobierno socialista, y que implicaba que la CIA sobornaría a parlamentarios de la Democracia Cristiana para que votaran a favor de Alessandri el 24 de octubre, día en que el Congreso debía ratificar uno u otro candidato como Presidente-electo. Según el plan, Alessandri renunciaría y llamaría a nuevas elecciones, en las que se presentaría el saliente Presidente Eduardo Frei, y supuestamente ganaría.

“Las posibilidades de que Alessandri sea nominado Presidente son escasas… Frei está muerto de miedo [“scared blue”] de que Allende asuma el poder, pero sólo puede contar con unos 20 congresistas del PDC que voten por Alessandri”, le había informado Edwards al jefe de la CIA.

Según el memorándum, Edwards planteó sus dudas de la siguiente manera: “La vía parlamentaria para prevenir que Allende asuma el poder, aunque muy remota, no debe ser ignorada. Sin embargo, implica los siguientes riesgos:

1) Podría fallar, y ¿después qué?

2) Algunos congresistas podrían moverse demasiado rápido, o anunciar su intención de voto prematuramente, así provocando a los Comunistas a ‘tomarse las calles’.

3) El general en retiro Roberto Viaux, líder de la rebelión militar de octubre 1969 [dos líneas censuradas], o ‘algún otro lunático’ podría intentar llevar a cabo un golpe, así impidiendo cualquier otro esfuerzo serio.”

En consecuencia, la discusión derivó necesariamente en la única otra opción: provocar un golpe militar. En la sección del memo titulada “Plazos para Posible Acción Militar”, Edwards señala que el escenario se despejaría a mediados de octubre, luego del congreso del Partido Demócrata Cristiano. A esas alturas, planteó Edwards a Helms: “¿Podemos correr el riesgo de que el plan Alessandri/Frei no funcione?”

Pasadas las 15:30 horas del 15 de septiembre, Nixon citó a Kissinger, Mitchell y Helms a la Oficina Oval. En las últimas 48 horas, y según parecen indicar los documentos, los tres últimos se habían reunido con el dueño de El Mercurio para escuchar su lapidario informe sobre Chile. También Nixon había acogido las opiniones de Edwards, a través de su amigo Kendall, que el día anterior le había hablado al respecto cuando llevó a su padre de visita a la Casa Blanca. Kendall conocía las opiniones y evaluaciones de Edwards al revés y al derecho, ya que había “hablado con él por tantas horas…”

En esa reunión, Nixon emitió sus ahora famosas instrucciones a la CIA, anotadas a mano por Helms: “¡Salven a Chile!; No importa los riesgos involucrados; $10.000.000 disponible, o más si es necesario; hagan gritar a la economía”.

Sus instrucciones pusieron en marcha lo que la CIA denominó “Operación FUBELT” – acciones encubiertas para crear el clima y organizar un golpe militar, que resultaron en el asesinato del general René Schneider el 22 de octubre, dos días antes de la ratificación parlamentaria de Allende como Presidente-electo.

“Tengo la impresión de que el Presidente llamó a esta reunión donde tomé estas anotaciones debido a la presencia de Edwards en Washington, y lo que Edwards decía sobre las condiciones en Chile,” afirmó Helms en 1975, en su testimonio secreto ante el comité parlamentario que investigó el papel de Estados Unidos en la muerte de Schneider.

Platas para Agustín

La noche del 14 de septiembre de 1971, exactamente un año después de la crucial visita de Edwards a Washington, Kissinger llamó a Helms para informarle que el Presidente Nixon había decidido autorizar un masivo financiamiento encubierto a El Mercurio. Poco antes, Edwards, o uno de sus emisarios, había solicitado a la CIA “apoyo encubierto por un total de un millón de dólares” para sobrevivir uno o dos años.

De acuerdo a un memorándum desclasificado de la CIA, Kissinger “indicó que a) el Presidente recién ha aprobado la propuesta para apoyar a El Mercurio con US$700.000, y b) el Presidente desea que el diario continúe, por lo que el monto estipulado podría incrementarse si sirviera ese propósito”. Varios meses más tarde, el mismo Kissinger aprobó otros US$300.000 para El Mercurio.

Meses después, en abril de 1972, la CIA solicitó que fueran entregados US$965.000 adicionales a El Mercurio para pagar préstamos, crear un fondo de contingencia para emergencias, y, según registros desclasificados del Consejo de Seguridad Nacional, “cubrir el déficit operacional hasta marzo de 1973”, cuando se realizarían elecciones parlamentarias en Chile.

En menos de un año, los aportes encubiertos de la CIA para El Mercurio alcanzaron casi US$2 millones.

Otros dineros secretos también fluyeron a El Mercurio a través de la ITT, el principal colaborador corporativo de la CIA en Chile. Un memorándum de conversación del 15 de mayo de 1972 entre el operativo de la CIA, Jonathan Hanke, y el ejecutivo de la ITT, Hal Hendrix, se refiere a numerosos depósitos bancarios por US$100.000 hechos por la ITT al grupo Edwards. “[Hendrix] me dijo que el dinero para el grupo Edwards pasaba por una cuenta en Suiza,” informó Hanke a sus superiores.

Con el apoyo de la CIA, El Mercurio se convirtió en el principal agitador a favor de un golpe militar en Chile. Un cable secreto del jefe de la CIA en Santiago, fechado el 2 de mayo de 1973, señaló que “la cadena de diarios de El Mercurio” está entre “los actores más militantes de la oposición […] que han fijado como objetivo crear conflicto y confrontación que lleve a algún tipo de intervención militar”.

Cuando el 13 de noviembre de 2000, el gobierno de EE.UU. desclasificó 16.000 documentos, entre ellos los que aludían al dinero entregado a El Mercurio, el periódico salió en defensa propia en una editorial. “Yo era la persona responsable del diario y le puedo dar seguridades de que platas de la CIA ni de nadie recibimos,” afirmó su ex presidente ejecutivo en la época, Fernando Léniz.

Piensa Chile.com

29 de Octubre 2004

Edwards habría en contacto directo con golpistas el 11

Comunicación telefónica ese día desde Barcelona probaría su participación concreta en la conspiración militar contra Allende

Agustín Edwards, dueño del diario El Mercurio de Chile y la cadena de periódicos de derecha que gira en torno a ese medio de comunicación, quizás nunca imaginó que un brindis un 11 de septiembre de 1973 saldría de las sombras de la historia para demostrar su vínculo directo con el golpe de Estado que derrocó al gobierno del presidente Salvador Allende.

Está documentado, sin embargo, el papel de El Mercurio en el proceso de desestabilización del gobierno de la Unidad Popular. Se sabe que la cadena recibió de la CIA un millón y medio de dólares para alimentar la contracampaña y la guerra sucia comunicacional contra el gobierno socialista. Se sabe que Edwards tuvo acceso privilegiado a las oficinas del presidente Richard Nixon y su asesor Henry Kissinger, y que su voz se hizo oír fuerte para centrar el miedo anticomunista en el país de Sudamérica.

Muchos periodistas han puesto orden a los documentos desclasificados por el gobierno de Estados Unidos. Está, por ejemplo, el trabajo completísimo de Peter Kornbluh sobre el papel que Edwards jugó en convencer al régimen de Nixon sobre la necesidad de centrar esfuerzos contra el gobierno democráticamente elegido de la Unidad Popular (The El Mercurio File, Columbia Journalism Review, Septiembre/Octubre de 2003, o en la página web http://www.libertad-prensa.org/cjr.html).

“En una reunión de 15 minutos en la Oficina Oval [de la Casa Blanca] en la tarde del 15 de septiembre [de 1970], Nixon emitió su ahora famosa orden a [Richard] Helms [director de la CIA] para fomentar una iniciativa militar en Chile para evitar que Allende llegara al poder (…) Helms más tarde testificó ante la Comisión Church que ‘tengo la impresión de que el presidente convocó a esta reunión en la que tomé mis notas debido a la presencia de Edwards en Washington y lo que … Edwards estaba diciendo sobre las condiciones en Chile’”.

Champán francés

Sin embargo, todo este apoyo en los pasillos de Washington no fue lo único en la trama golpista de Augusto Pinochet y los demás oficiales de alto rango involucrados. Edwards habría tenido contacto directo con los militares que planeaban el golpe, de acuerdo a lo señalado por una testigo directa. Habría sido informado personalmente de los detalles y avances, y “brindó con champán” a la hora en que se confirmaba la muerte del presidente Allende, seguramente con las consecuencias para su negocio periodístico en mente, además de sus convicciones políticas pro intervencionistas.

Josefina Vidal, periodista, tuvo un chispazo de la historia chilena en sus manos una tarde de verano boreal, en Barcelona, un 11 de septiembre de 1973. Edwards se da un caro lujo y expone públicamente un hecho histórico delicado frente a una concurrida mesa.

“Fue una coincidencia que creo es bastante trágica porque aquel día 11 de septiembre [de 1973] había una cena de ejecutivos de PepsiCo. En aquella época yo estaba casada con una persona que era director financiero de la compañía en España”, me comenta Josefina con serenidad tres décadas después en Los Angeles, California.

(Edwards en su autoexilio luego del triunfo de Allende, es empleado en PepsiCo. Era directivo en Nueva York y viajaba a España con regularidad, especialmente a Barcelona, por motivos de negocios. Su vínculo con esa empresa no era coincidencia. La periodista chilena Patricia Verdugo señaló en una entrevista a propósito de su libro “Salvador Allende: Cómo la Casa Blanca provocó su muerte”, que “[Donald] Kendall [presidente de PepsiCo] había financiado a Nixon luego de un fracaso político en California, hasta que llegó a la presidencia. Nixon se ve cercado por Kissinger, que le plantea actuar en Chile porque Allende constituye un peligro para la seguridad de Estados Unidos, y por Kendall, que lleva de la mano a su amigo chileno y dueño de la cadena El Mercurio, Agustín Edwards”).

Continúa Josefina Vidal: la cena era en “un restaurante bastante lujoso de la ciudad (…) Cuando llegamos, entre las ocho media y las 9 [de la noche] Agustín Edwards de El Mercurio ya estaba allí”.

-¿Recuerda el nombre del restaurante?

-Si, era el Vía Venetto, me acuerdo bien. Y él estaba ya en un estado de agitación extraordinaria. Vino a la mesa donde todo el mundo estaba sentado y dijo “champán francés para todos”. Y todos nos quedamos un poco asombrados. “Sí, mi amigo el almirante [José Toribio] Merino ya se ha hecho cargo de la situación”. En fin, claro, fue una sorpresa. ‘Pues nada, ya saben, pidan lo que quieran, por que él es mi amigo…’, etcétera. Estuvo así, recuerdo, muy entusiasmado haciendo panegírico de lo que se suponía.

Edwards estuvo muy poco preocupado de la comida. El hecho de que estaba en un espacio público en comunicación constante con Chile demuestra el grado de triunfalismo que le inspiraba en los mismos momentos en que La Moneda ardía en llamas y un baño de sangre empezaba a dilapidar la democracia chilena.

“Entonces yo diría que no probó bocado esa noche porque anduvo todo el tiempo de una mesa al teléfono, del teléfono a la mesa, o sea que estaba continuamente en comunicación. Piensa que esa era la época en que no había teléfonos móviles, no se usaban”, acota Josefina. “Me acuerdo que estaba con su esposa, una mujer muy distinguida y amable. Empecé a hablar con ella de Neruda y ella dijo que le gustaba mucho su poesía. Nadie sabía entonces el trágico fin que también le esperaba al poeta”.

-¿Y ella no hizo alusión al carácter comunista del poeta?

-En absoluto, fue muy discreta, y no dijo nada más, pero sí que él [Edwards] la verdad es que no estuvo sentado mucho tiempo.

“Nosotros en Barcelona habíamos seguido el desarrollo de los acontecimientos, todo el mundo estaba muy pendiente, había una gran simpatía y solidaridad con los chilenos y Allende. Yo recuerdo los periódicos, que a cada momento pensabas que ya iba a pasar algo (…) Y claro, fue una coincidencia estar en esa noche con alguien que estaba muy vinculado al régimen [golpista]”, agrega.

-¿Usted sabía quién era Agustín Edwards?

-Sí, yo sabía que era el dueño de El Mercurio (…) Precisamente mi ex marido había estado en su casa en las afueras de New York un par de días cuando fue en uno de sus viajes de negocios. Claro, pero en aquel momento no sabíamos hasta qué punto él estaba involucrado. Y todo eso se hizo bastante claro esa noche tan trágica cuando él lo celebró con ese entusiasmo de brindar con champán francés.

Confirmación casi simultánea

Un dato vital: ¿a qué hora el almirante Merino, artífice del golpe interno en el alto mando de la Armada e identificado como el verdadero gestor de los movimientos conspirativos, se contacta con Edwards? Sabemos que el empresario ya estaba en el restaurante y que Josefina y su esposo llegan a las 8:30 o 9pm. España en época de verano boreal está adelantada seis horas respecto a Chile. Si el brindis en que Edwards revela la confirmación de Merino sobre el éxito del golpe se produjo dentro de una hora luego de la llegada de los testigos (8:30pm o 9pm), implica que la llamada clave de Merino a Edwards (9:30pm o 10pm en España, 3:30pm o 4pm en Chile) fue en un lapso de una hora o un poco más desde la toma de la Moneda y la confirmación de la muerte del presidente (alrededor de las 2:40pm). Es decir, existía una comunicación tal, de tanta fluidez y confianza, que Merino habría informado a Edwards personalmente en forma casi simultánea sobre los hechos acaecidos en Chile. “Mi amigo el almirante Merino ya se ha hecho cargo de la situación”, para recordar sus palabras. Luego, según Josefina, Edwards habría agregado “cualquier cosa que precisen, él es amigo mío…”.

Según se desprende de lo declarado por Vidal, no fue una llamada aislada. Edwards se mantuvo en contacto permanente: “El estaba muy ocupado, porque a cada momento le avisaban sobre el teléfono o se levantaba a llamar. A mí me chocó el hecho de que estuvo tan poco tiempo sentado en la mesa. Claro, tenía asuntos importantes que atender, ya me doy cuenta”.

-¿Hizo más comentarios esa noche, sobre Allende o la situación política?

-Diría que no mucho, él lo daba como algo sobreentendido, de lo que estaba hablando. Pero piensa que con excepción creo de mi esposo y yo, los demás todos eran personas de Estados Unidos.

-¿Cuál fue la reacción en el resto de los comensales?

-Bueno, la reacción principal fue de asombro. Más bien hubo cierto silencio, ¿no? A mí personalmente me afectó y me sentí muy mal de estar ahí en aquel momento porque me di cuenta. No sabíamos hasta qué punto qué había sucedido con el presidente Allende, qué había ocurrido con todo eso. No sabíamos que el palacio de La Moneda estaba en llamas. No conocíamos los hechos. Esto no lo supimos sino hasta después.

-¿Qué sintió entonces?

-Me sentí horrible, de haber tenido que estar compartiendo aquellos momentos que eran tan trágicos para el pueblo chileno y para el presidente Allende, con alguien que no diría que fuera responsable, pero que realmente se sentía completamente identificado con los que habían llevado a cabo el golpe. Fue muy triste.

Pese a todos estos antecedentes, en 2003 el Tribunal de Etica del Colegio de Periodistas de Chile rechaza una moción presentada por el director de la revista Punto Final, Manuel Cabieses, para expulsar a Agustín Edwards de la orden, por grave violación al Código de Etica. En él se establece que los periodistas deben estar “al servicio de la verdad, de los principios democráticos y los derechos humanos”; que el derecho a informar se debe ejercer de acuerdo con las normas éticas y no puede ser usado en detrimento de la comunidad o las personas; y que son faltas a la ética profesional participar en violaciones a los derechos humanos, la censura, el soborno, el cohecho y la extorsión.

En un fallo del Tribunal Metropolitano se justificó no tomar medidas al considerar que las opciones ideológicas y políticas del propietario de un medio de comunicación para oponerse o defender un régimen político “entran en el campo de la libertad de conciencia, que un tribunal ético no puede juzgar”.

Cabieses apela al Tribunal Nacional y señala que la argumentación anterior era vergonzosa y que la acusación era contra el periodista Agustín Edwards, inscrito con el No. 88 en el Registro Nacional de la orden, y no contra el empresario. Agregó que “no eran materia de sumario sus opciones ideológicas, sino sus actos, que han violado el espíritu y la letra del Código de Etica del Colegio de Periodistas”.

El Tribunal Nacional argumentó que los antecedentes disponibles no permitían concluir “con plena convicción” que se hayan cometido las infracciones. Esto, no obstante los cientos de documentos desclasificados, el informe del Senado de Estados Unidos, investigaciones periodísticas, y ahora el propio brindis de Agustín Edwards.

Punto Final

Como desvalijaron el banco del Estado en Chile: El Mercurio y la Tercera, catedraticos de la moral ciudadana.

El periodista norteamericano Ken Dermota puede estar satisfecho. Becado por el International Center of Journalists de Washington para estudiar la situación de la prensa en Chile, permaneció en el país un año, trabajó en las universidades de Chile y Diego Portales, entrevistó a muchas personas, revisó cientos de documentos y colecciones polvorientas de periódicos. Comprendió muchas cosas. Finalmente escribió un libro de más de 400 páginas : ‘Chile inédito : el periodismo bajo democracia’ (Ediciones B) que está dando que hablar.

Valiosa panorámica de los medios de expresión en Chile, está centrado en la prensa escrita pero analiza también la televisión y radio. Concluye que la libertad de expresión en nuestro país está gravemente distorsionada : ‘El periodismo en Chile no está cumpliendo su responsabilidad social como institución democrática’, sostiene.

Ken Dermota denuncia hechos conocidos con nuevos antecedentes, agrega otros ignorados y articula un vasto material en una visión coherente, bien trabada con los procesos económicos y sociales que ha vivido Chile en los últimos treinta años.

Le llamó la atención que el periodismo de oposición a la dictadura, ese periodismo de trinchera que se hacía en medio de enormes dificultades y riesgos, era mejor que el periodismo de hoy.

¿Qué ha impedido el florecimiento de la prensa en democracia ? Ken Dermota responde sin ambages :
‘Mi investigación descubrió la razón : un grupo de estos economistas (los Chicago Boys, N. de PF) utilizó el control del Banco del Estado para instalarse ellos mismos dentro del negocio de los periódicos. El hecho de colocar a sus ex ministros y amigos a cargo de los medios de prensa, era parte del ‘seguro’ que tomó Pinochet para mantenerse fuera de prisión, evitar investigaciones de corrupción y estorbar la profundización de la emergente democracia en Chile. De la aparente variedad de medios de prensa escritos, todos los importantes terminaron en manos de amigos y colaboradores de Pinochet’.

El autor de este libro constata que en Chile hay poco periodismo investigativo y que los aspectos más sensibles del modelo y la sociedad, discriminatorios, represivos y ejemplos de mala distribución del ingreso, encuentran poco espacio en los medios. Los problemas de los sectores populares, de los mapuche, minorías sexuales, los derechos humanos, el manejo de los sistemas de previsión y salud privada, la educación elitista, la Iglesia Católica y la dictadura, son manipulados de manera que no alteren un ritmo de funcionamiento que han fijado la derecha y los sectores gobernantes.

La prensa escrita está controlada más o menos en partes iguales entre dos cadenas, El Mercurio y Copesa (consorcio que publica La Tercera, La Cuarta, Qué Pasa). Ken Dermota dedica más espacio a El Mercurio que por su importancia política, tradición y representatividad de un sector de la elite oligárquica se ha convertido en oráculo nacional. Para el autor, El Mercurio más que ninguna otra institución civil ayudó a colocar a los militares en el poder, a proporcionar equipo humano a la dictadura y a sostener a Pinochet en el poder durante más de diecisiete años.

El ‘Gran Edwards’

El libro ‘Chile inédito : el periodismo bajo democracia’ pasa revista al papel jugado por Agustín Edwards Eastman y su diario durante el gobierno del presidente Allende. Edwards encabezaba el tercer grupo económico más importante con intereses en la industria forestal y maderera, empresas industriales, seguros y en el sector bancario. El Mercurio se comprometió en la lucha contra Allende, para lo cual fue ayudado por la CIA que le pasó a lo menos un millón seiscientos mil dólares.

Pocos días después que Allende triunfara en las elecciones presidenciales -el 4 de septiembre de 1970-, Agustín Edwards viajó a Washington. Fue recibido por el presidente Richard Nixon a quien solicitó una actuación enérgica para impedir que Allende asumiera o para derrocarlo si lograba iniciar su gobierno. Edwards no volvió a Chile hasta varios años después, cuando ya se había consolidado la dictadura de Pinochet, pero a la distancia mantuvo férreo control sobre el diario y el conjunto de su grupo económico.

Con la dictadura, El Mercurio entendió que había llegado el tiempo de cobrar. El camino estaba despejado. Sus principales competidores -la prensa de Izquierda y entre ella, Clarín, Puro Chile, El Siglo y Ultima Hora que tenían más tiraje que los diarios de la cadena mercurial-, fueron clausurados. Hubo una depuración de periodistas. La Izquierda fue proscrita. La publicidad se canalizó hacia los diarios de Edwards y millones de dólares ingresaron a sus arcas. El Mercurio también ganó prestigio e influencia ante las nuevas autoridades. Su opinión fue escuchada y sus silencios apreciados debidamente. No hubo, sin embargo, un pleno despeje del campo competitivo. Copesa S.A. dio una dura pelea. Considerablemente más débil, tenía sin embargo habilidad y mayor dinamismo. Podía llegar donde El Mercurio no llegaba, excesivamente apegado a las informaciones de la dictadura, en especial a través del vespertino La Segunda que muchas veces fue simple vocero de la Dina y la CNI. Entre El Mercurio y La Tercera se trabó una competencia que les llevó a hacer cuantiosas inversiones. Renovaron equipos, adquirieron inmuebles y construyeron edificios imponentes. En La Tercera hubo gastos adicionales porque la familia Picó Cañas, principal accionista, decidió comprar la parte de los accionistas minoritarios para lo cual recurrió al endeudamiento. El Mercurio amplió su red de periódicos regionales pasando de ocho a catorce diarios.

Fabuloso endeudamiento

A comienzos de los 80, el grupo Edwards estaba al borde de la quiebra. La crisis económica lo golpeó sin compasión. Ken Dermota llama al Agustín Edwards de esos años ‘el pobre de mayor alcurnia’ de Chile. El grupo se desprendió de otros negocios para concentrarse en el Banco de A. Edwards y la cadena periodística. Cuando el dólar subió de 39 a 160 pesos, la deuda de El Mercurio que era de alrededor de 13 millones de dólares se empinó a 100 millones.

En 1980, por inercia, la empresa El Mercurio tuvo utilidades de 14,5 millones de dólares. Tres años después, los números rojos aparecieron en el balance : las pérdidas ascendían a 22,5 millones de dólares.
La Tercera también cayó en picada. En 1987 no podía pagar las deudas. Su valor comercial se había reducido en un 50%.

La dictadura, entonces, les tendió la mano. A Pinochet le interesaba porque esa era también la forma de asegurar su control sobre esos medios. El Banco del Estado prestó a Copesa un millón de dólares y capitalizó otra empresa accionista de Copesa comprándole el 70% en 2,3 millones de dólares. El Banco Central se hizo cargo de la deuda externa del Banco de A. Edwards, de más de 201 millones de dólares, sin exigir garantías ni tampoco prenda de acciones como a los demás bancos.

Agustín Edwards volvió de Estados Unidos, despidió al director de El Mercurio, Arturo Fontaine Aldunate, y lo reemplazó por un médico joven, Juan Pablo Illanes, ex funcionario del Ministerio de Salud, vinculado al Opus Dei. Al diario llegaron refuerzos ultraconservadores. Entre ellos un economista que venía de Chicago, Joaquín Lavín, que se hizo cargo del cuerpo ‘Economía y Negocios’. Más tarde publicó un best seller oficialista, ‘La revolución silenciosa’, una apología del modelo.

Pero la dictadura se deterioraba. Pinochet apostó al plebiscito y perdió, en octubre de 1988. Aún quedaba tiempo porque las elecciones presidenciales se harían un año después, el 11 de diciembre de 1989, y el mando se entregaría el 11 de marzo de 1990 al nuevo presidente. Todo indicaba que este sería el representante de la Concertación. Era pues necesario dejar todo ‘bien atado’.

El Mercurio y Copesa seguían endeudados en decenas de millones de dólares. Cuando se produjera el cambio de gobierno, sus acreedores podrían quedarse con los periódicos y lo más grave : el acreedor que podría hacerlo era el Banco del Estado que pasaría a control del nuevo gobierno. Pinochet y los militares necesitaban mantener los principales medios escritos en manos de sus partidarios. Serían una especie de ‘seguro de vida’. A Edwards y a Copesa, que ya no era de la familia Picó Cañas sino de Alvaro Saieh y Carlos Abumohor a los que se sumaron luego ex ministros de la dictadura como Sergio de Castro, Miguel Angel Poduje y Hernán Büchi, más empresarios como Juan Carlos Latorre y otros, les interesaba seguir siendo propietarios de los medios. Podían ser buen negocio pero sobre todo eran parcelas de poder, de mucho poder.

Oscuro salvataje de ‘El Mercurio’ y ‘La Tercera’

La operación salvataje quedó en manos de Alvaro Bardón, presidente del Banco del Estado, el hombre clave en el lugar clave.

Dice Ken Dermota : ‘Si Bardón no hubiese montado esta conspiración, el gobierno de la Concertación habría podido controlar la deuda de los dos periódicos de mayor circulación, una cadena de 18 diarios regionales, la principal revista semanal y su gran tajada de ingresos por avisaje. Para evitar esta catástrofe, Bardón ideó una serie de swaps de deuda. El Banco del Estado canjearía las deudas de los periódicos por otras carteras de deudas que estaban en poder de bancos del sector privado, dejando las deudas fuera del alcance de la Concertación. ‘Si no la Izquierda habría tenido el monopolio sobre la prensa’, dijo Bardón una década después.

Alvaro Bardón dejó pasar el tiempo para que la operación se notara menos. Faltaban cuatro días para el 31 de diciembre de 1989, y quedaban poco más de tres meses para que Pinochet entregara el mando, cuando inició sus manipulaciones. Las terminó el 9 de marzo de 1990, el día antes que asumiera Patricio Aylwin. Las permutas se hicieron entre el Banco del Estado y los bancos de Chile y Sudamericano. En canjes terciarios se incluyó al Banco Osorno -donde estaba Alvaro Saieh de Copesa- y a la empresa CFI, con sede en Estados Unidos.

Los bancos privados tomaron las deudas de El Mercurio y Copesa, traspasaron a cambio al Banco del Estado otros créditos, no pocos incobrables o de poco valor, que aparecieron sobrevaluados. Se ‘maquillaron’ balances y la documentación de base fue eliminada para no dejar huellas.

‘Los dueños de los bancos privados -escribe Ken Dermota- recibieron, además, otros beneficios : los préstamos que el Banco Osorno recibió del Banco del Estado fueron a parar a Copesa. Los principales accionistas del Banco Osorno en 1989 eran Carlos Abumohor y Alvaro Saieh que compraron Copesa. El resultado de este triple canje : los propietarios de Copesa se las arreglaron para comprar gran parte de su deuda con un 50% de descuento’. El Banco de Chile permitió levantar la hipoteca sobre el campus de Avenida Santa María de El Mercurio, de 4 millones de dólares, reemplazándola por 180 marcas registradas (entre otras los nombres en los diarios regionales de El Mercurio y el nombre del mismo diario en otros idiomas), nombres que nunca fueron utilizados y cuyo valor no fue establecido. Entre esos 180 nombres estaba Clarín, diario expropiado por los militares al ciudadano español Víctor Pey Casado.

Con estos canjes, Agustín Edwards pudo, entonces, pagar 11,2 millones de dólares al Banco de Chile para cubrir una deuda que tres días antes era de 33,4 millones de dólares. Según se estima, para el Banco del Estado el salvataje tuvo un costo de 26 millones de dólares, contabilizados directamente, y dirigidos en especial a El Mercurio. Se cree, sin embargo, que la pérdida fue mucho mayor porque en las permutas se recibieron deudas de empresas que en definitiva valían mucho menos de lo estimado.

Hubo situaciones pintorescas. La más curiosa es relatada así por Ken Dermota : ‘Otro canje de deuda no es digno de destacar por su tamaño -117 mil dólares- sino por su aval. El Banco del Estado pasó a ser dueño del pagaré Nº 7529, en el cual la Asociación Proveedora de Manzanas (Asproman) avaló su deuda con varios miles de cajones de manzanas’. La generosidad del Banco del Estado no se redujo al juego con las deudas. Compró espacio publicitario para los diez años siguientes, pagándolo por adelantado. A El Mercurio le compró 223.307 cm./columna de espacio, descontando inmediatamente 1,8 millones de dólares de las deudas de ese año. La Tercera consiguió más : vendió 82 mil cm./columna de espacio a cambio de 1,6 millones de dólares a cuenta de la deuda. Pero si El Mercurio había debido vender más barato el espacio, tuvo una forma inmediata de resarcimiento. La compra adelantada de espacio publicitario le permitió calificar para un préstamo del Citibank por 6,8 millones de dólares.

Pocos rastros subsisten de todo esto en la documentación del Banco del Estado. Al terminar la dictadura, Bardón y otros ejecutivos fueron procesados. Bardón fue encargado reo y estuvo unos días detenido. Pero todo quedó en nada. Las operaciones -verdaderos subsidios encubiertos- quedaron consolidadas. El Mercurio y Copesa entraron al escenario democrático con finanzas ordenadas, pasivos reducidos y manejables, listos para proseguir la defensa del neoliberalismo y dar apoyo a Pinochet. Alvaro Bardón volvió a El Mercurio en gloria y majestad, donde sigue como columnista. Se dedicó también a actividades académicas : enseña en la Universidad Finis Terrae, en la cual es rector Pablo Baraona, también del grupo Chicago Boys.

Agonía de la prensa independiente

Entretanto, comenzaba la más bien rápida agonía de los medios que habían sido opositores a la dictadura. Fortín Mapocho, La Epoca, entre los diarios, y revistas como Análisis, Apsi, Cauce, Hoy, Solidaridad y otras murieron en medio de la sepulcral indiferencia de la Concertación.

‘De hecho -escribe Dermota-, los años posteriores al gobierno de Pinochet vieron no sólo morir al periodismo de centro izquierda, sino al periodismo audaz en general. Los mecenas de las publicaciones opositoras ‘desaparecidas’, esperaban que sus periodistas tuvieran una postura democrática enérgica. Cuando llegó la democracia, la Concertación esperó que ‘la prensa de oposición’ ya no estuviera en la oposición. Ser inquisitivos y preguntar ‘lo que no se debe’ en épocas electorales de pronto se consideró inaceptable, por miedo a que derrumbara la nueva democracia’.

La torta publicitaria

El duopolio El Mercurio – Copesa ha seguido progresando. Su motor es la publicidad, aunque entre uno y otro grupo hay matices y diferencias. Estas últimas no rompen la compartida adhesión a las políticas neoliberales de los Chicago Boys. Pero la oligarquía emergente que controla Copesa es menos conservadora, bastante liberal en materia de costumbres y se permite a veces hacer críticas al pinochetismo.

La inversión publicitaria en Chile representa el 1% del PGB, lo que equivale a unos 600 millones de dólares. La prensa escrita se lleva un 35%. El Mercurio recibe -según se estima- más o menos 100 millones de dólares al año sin incluir los avisos clasificados que le reportan 1,3 millones de dólares de ingreso semanal.
Por lo tanto, por concepto de publicidad El Mercurio percibe anualmente unos 165 millones de dólares. Sin embargo, hay más. ‘Muchos de los avisos de los medios de prensa escritos están disfrazados de periodismo. De éstos, los más lucrativos son las páginas de Vida Social. El Mercurio en realidad vende este servicio que cuesta hasta 10 mil dólares en la edición dominical’.

Todo beneficia al duopolio de la prensa nacional. ‘En una sociedad como la chilena, cuya concentración de riqueza es alta y donde hay una fuerte relación entre riqueza y posturas políticas, los avisadores no tienen grandes dificultades para saber dónde está el dinero. Incluso, si no tuvieran predisposición para promover puntos de vista de derecha, las publicaciones del duopolio El Mercurio – La Tercera estarían obligadas a hacerlo para sobrevivir… Ostentar la circulación más alta del país no garantiza ingresos publicitarios, si los lectores son pobres como ocurre con La Cuarta’.

‘El Mercurio -concluye Dermota- es el único medio que articula la agenda de otras organizaciones de prensa, de los legisladores, los líderes de opinión, los pasillos del poder, los poderes fácticos y el único que presta un ‘servicio completo’. Podrá mantenerse en este rol mientras siga ocultando sus cifras de circulación y noqueando a sus competidores, y en tanto no se le obligue a restituir los subsidios recibidos del Estado. Los salvavidas del gobierno, la tradición y circulación oculta han transformado un negocio fracasado en algo que está fuera del alcance de los mecenas del mercado porque El Mercurio no necesita elevar su circulación ni se ve obligado a ser más pluralista para llegar a más lectores. Pero su ‘pluralismo calculado’, derivado a suplementos y secciones no noticiosas, hace del diario una entidad liberal para la mayoría de los gustos. Las hábiles maniobras durante la dictadura le dieron independencia económica para exponer la ideología política que desea sin necesidad de responder a las necesidades de los chilenos en la era democrática’.
Punto Final

03/01/2003

‘LOS DUEÑOS DE CHILE’

‘Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio’. Lo dijo hace más de un siglo Eduardo Matte Pérez, bisabuelo de Eliodoro Matte Larraín, actual mandamás de una de las pocas familias que continúan controlando el grueso del Producto Interno Bruto (PIB) de Chile. Esa declaración, que podría apropiársela cualquiera de los líderes de los grupos económicos de hoy si se atrevieran a igual franqueza, inspiró el título del libro del periodista Ernesto Carmona, editor internacional de la revista ‘La Huella’.En ‘Los dueños de Chile’, primer libro publicado por Ediciones La Huella, este profesional de larga trayectoria en Chile, Argentina y Venezuela, desenreda la maraña de los grupos económicos y corporaciones extranjeras que controlan el país. Son los nuevos dueños de Chile.

Desde esa posición, actúan como poder fáctico interviniendo en todos los ámbitos del quehacer nacional, mientras desde los medios de comunicación bajo su tutela intentan convencer a la ‘masa influenciable’ que el mercado y el poder del dinero no tienen ideología.

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