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¿Estado fallido o gravísimas fallas de Estado?


 

¿Estado fallido o gravísimas fallas de Estado?

Se requiere algo más que apelar a “tener fe” o a “unir fuerzas”, como lo dijeron el Presidente y el Alcalde, al comentar lo dicho por el Arzobispo.

Jorge Castillo/ Politólogo/ Miércoles 13 de agosto de 2014.

Diario El Mundo

“Cuando el agua comienza a hervir, de  nada sirve apagar el fuego”, es una frase de Madiva que  podría contextualizar las expresiones de “autodestrucción que amenaza con el hundimiento nacional” o “estamos a punto de ser un Estado fallido”, dichas por el jerarca de la iglesia católica al presidir la misa en honor al Divino Salvador del Mundo. Ninguno de los tres funcionarios asistentes, el Presidente de la República, el de la Corte Suprema de Justicia y el Alcalde de San Salvador, pudo referirse al tema con la categoría, el sustento técnico y la calidad política esperadas.

Nadie debería alarmarse cuando alguien señala que el país va en dirección a un Estado fallido, pues todos los que vivimos en esta tierra morena, sabemos que no hay un tan solo lugar que sea 100% seguro ante el flagelo de la delincuencia común, organizada o de pandillas. Hay otras afirmaciones nostálgicas: “Si la Guardia Nacional estuviera activa, ya se hubiera acabado la criminalidad y las pandillas” (diputado Ochoa Pérez, diario digital La Página, 6 de agosto) o maximalistas: “Debe terminarse con la ambición política revolucionaria” (aspirante a diputado Mauricio Vargas, Entrevista República.SV, 7 de agosto) además de las miles de opiniones del ciudadano de a pie.

Desde el 2005 la “Fundación para la Paz” o “Fund for Peace”, ha venido elaborando indicadores políticos, sociales, económicos y militares en distintos países, que le han permitido estructurar un “Índice de Estados Fallidos” (IEF). Al  2013, el estudio alcanza 178 naciones en el que El Salvador ocupa la posición 100, lo que significa que si bien aún no hemos llegado a ser un Estado fallido, estaríamos en esa dirección. Diferente al caso de Haití, única nación latinocaribeña en ser reconocida como tal.

Se requiere realismo para abordar este tema, tal como lo hace México, que ocupa la posición 97 y es considerado como un “Estado de Advertencia”, en consideración a cuatro aspectos: desarrollo económico desigual, débiles aparatos de seguridad, deterioro progresivo en los servicios públicos y las grandes presiones demográficas que enfrenta. Comprender esto requiere mente abierta; de lo contrario, resultaría fácil negar estar en esa posición, aduciendo de manera  simplista que México tiene elecciones democráticas, que tendrán el tren más veloz de América o que Pancho Villa los salvará.

El IEF permite contrastar aquellos aspectos mencionados, con el gravísimo hecho que representa, por ejemplo, la penetración de la narcoactividad en todo el aparato estatal. El resultado de ese balance es determinante para la calificación del país.

En El Salvador se requiere algo más que apelar a “tener fe” o  a “unir fuerzas”, como lo dijeron el Presidente y el Alcalde al comentar lo dicho por el Arzobispo. Si bien no hay estándares universalmente aceptados para determinar cuándo es que un Estado es fallido, porque a nadie le gusta hablar mal de su casa aunque se esté cayendo, existen parámetros técnicos que indican que esto ocurre cuando un Estado se vuelve disfuncional respecto al cumplimiento de su razón de ser.

Expongo algunos parámetros que, ajustados a nuestra realidad, pudieran analizar nuestros  lectores para establecer si vamos en camino a un Estado fallido: 1) Limitaciones en la seguridad policial para ejercer pleno control territorial ante la incidencia de pandillas. 2) Corrupción de abajo, reflejo de la de arriba, como estaría indicando la conducta del ex presidente Flores con los millones presuntamente desviados en su gestión y su no captura. 3) Mecanismos impositivos ilegales como la extorsión o la renta, que a nivel personal y comercial son  realizados a nivel nacional. 4) Imparable emigración diaria de 300 niños y 500 adultos. 5) Crisis económica expresada en desinversión local, foránea y desempleo. 6) Sistemática violación a los derechos humanos de una mayoría desorganizada e indefensa, por una minoría organizada y criminal. 7) Profunda crisis del sistema penitenciario que impide esfuerzos reeducativos y de reinserción al tejido social.  8) Servicio público de transporte mayoritariamente inseguro por los hurtos y robos. 9) Erosión generalizada del principio de autoridad. 10) Elevadísimos costos de seguridad privada para proteger la vida y bienes de las Mipymes y el gran empresariado, ante la incapacidad del Estado para hacerlo. 11) Penetración del crimen organizado en la totalidad del Estado, como lo reconoció el 29 de junio de 2010 el ex presidente Funes. 12) Desempeño deficitario de la  clase política y desconfianza hacia ella por la sociedad civil. 13) Frágil sistema educativo. 14) Pobre cultura y cinismo en la representación política. 15) Involución en los principales indicadores económicos.

Lo que hay ahora son gravísimas fallas de Estado, que de no ser atendidas por la clase dirigente nos podrían conducir a un Estado fallido, en el cual no hay ninguna capacidad para defender a sus ciudadanos de la violencia. La fe es buena, pero acompañada con acciones.

 

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