A quienes mucho se ha dado, mucho les será exigido


 

A quienes mucho se ha dado, mucho les será exigido

Es el turno para que los nuevos equipos de trabajo del gobierno central, actúen con la honestidad, eficiencia y eficacia esperadas, para bien de la gestión pública.

Jorge Castillo/Politólogo/Miércoles 28 de mayo de 2014

Estamos a horas de que se materialice el segundo ejercicio de alternabilidad entre el partido de izquierdas, que otra vez tomará control del Órgano Ejecutivo y comenzará un quinquenio en el que la izquierda política deberá cumplir sus promesas de campaña. Coherencia es la cualidad más esperada en las acciones que impulse el nuevo gobierno.

Quien esto escribe aprendió que nada, pero nada, debe el hombre comenzar sin dar gracias al Eterno Dios; sinceramente, espero que los nuevos mandatarios no soslayen eso, porque les tocará gobernar un país en el que siete departamentos de la República no comparten su cosmovisión político-ideológica, mientras los restantes siete se muestran a favor de su ideario.

Al respecto, cabe recordar que en su momento el demócrata estadounidense John F. Kennedy, cuya notable oratoria solo fue igualada por la visión estratégica que tuvo de su país y del mundo, dijo con la elocuencia y la claridad que caracterizaron su discurso:  “A quienes mucho se ha dado, mucho les será exigido. Y cuando el supremo tribunal de la historia delibere para emitir juicio sobre cada uno de nosotros, examinando si en nuestro breve tiempo de servicio cumplimos nuestras responsabilidades o no, nuestro éxito se medirá por las respuestas a estas cuatro preguntas: Primera: ¿Fuimos hombres de valor? Segunda: ¿Fuimos hombres de criterio? Tercera: ¿Fuimos hombre íntegros? Cuarta: ¿Nos entregamos verdaderamente a nuestra labor? Estas son cualidades que, con la ayuda de Dios, este hijo de Massachusetts espera caractericen en lo futuro la conducta de nuestra gobierno”.

En El Salvador es de esperar que Dios ayude a los nuevos gobernantes, hijos de La Libertad y de La Unión (porque uno es nacido en Quezaltepeque y otro en San Alejo) para que al final de su mandato, puedan responder satisfactoriamente las preguntas a las que el carismático Kennedy hizo referencia.

Se dice que la labor de los hombres como de las instituciones se debe valorar conforme al momento en que les correspondió actuar. Solo ubicándose en la situación y en el entorno que les correspondió vivir a gobernantes pasados, se podría entender la lógica e intereses que impulsaron las acciones que tomaron en esos momentos. En nuestro país eso no debiera resultar difícil porque la mayoría de mandatarios han privilegiado sus propios intereses y protegido los de las élites económicas, en detrimento de los intereses de las grandes mayorías. Históricamente eso ha sido así, negarlo es ir contra corriente.

Al moverse el péndulo de la política salvadoreña, se advierte la necesidad histórica de que surgiera un Funes, con todo y sus falencias, arrogancia, prepotencia y otras complicaciones de carácter. Era necesario que alguien regulara la soberbia, el engreimiento y la altivez de ojos de  quienes creyeron que serían los dueños del Estado por los siglos de los siglos; élites para quienes la justicia social, la inclusión y la equidad, fueron solo términos que provocaban severas alergias. Por supuesto, en esto no se incluyen las poquísimas pero honrosas excepciones que la historia misma se ha encargado de reconocer y que hoy en día se dedican a practicar la llamada “responsabilidad social empresarial”.  Por eso resultan importantes las preguntas de Kennedy, porque el valor, el buen criterio, la integridad y la entrega en el trabajo son cualidades infaltables en un buen gobernante que quiera lo mejor para su patria, que no es la tierra solamente, sino que incluye a los hombres que sudan y sangran por ella.

Los nuevos inquilinos de Casa Presidencial deben saber –como creo que lo conocen– que no es poca cosa la responsabilidad que asumen, por lo que resulta oportuno agregar a aquellos valores que señalaba Kennedy, otro no menos importante como la coherencia, sin la cual será imposible llegar a acuerdos mínimos con las nuevas generaciones de empresarios, cuya mentalidad es más abierta que la mostrada el siglo pasado por sus antecesores.  Abrigo la esperanza que los nuevos gobernantes no heredarán la biliosanguinidad de quien les precedió que, como repito, fue un sujeto histórico necesario para ablandar –y en algunos casos como el del expresidente Flores– pulverizar, el engreimiento de aquellas rancias élites económicas que durante años saborearon y se empacharon con las exquisitas “mieles del poder”.

Ahora, es el turno para que los nuevos equipos de trabajo del gobierno central, actúen con la honestidad, eficiencia y eficacia esperadas, para bien de la gestión pública. Pero también, ha llegado la hora para que el resto de las entidades y organismos del sector público hagan los correctos contrapesos, sin venganzas ni jugarretas políticas, sino cumpliendo a cabalidad con las atribuciones, funciones y competencias que tienen asignadas por la Constitución y por la Ley, sin olvidar nunca, pero nunca, que a quienes mucho se ha dado, mucho les será exigido.

 

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