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Magnate mexicano causa aquí guerra por frecuencias de t.v.


EL FANTASMA PORTADA

A este hombre −que tiene una fortuna de más de $2,000 millones− le dicen el “fantasma”: nunca pone su cara en los negocios. Aunque juró que no invertiría en televisión en El Salvador ni en otros negocios, las huellas de los tentáculos de su imperio ya están aquí.

Remigio Ángel González, un mexicano que jamás bebe vinos de menos de $500 la botella, es la figura que provoca ahora toda suerte de ansiedades entre los empresarios salvadoreños de la televisión.

Esos resquemores contra Ángel González −mexicano-estadounidense de 73 años− encienden una nueva guerra mediática tras una serie de decisiones tomadas en la Superintendencia de Telecomunicaciones que podrían cambiar el futuro de las frecuencias de televisión.

González es propietario de más de 30 canales de televisión y 80 estaciones de radio en América Latina. Además, controla buena parte de la venta de series y telenovelas para casi todas las cadenas latinoamericanas, pero siempre mantuvo su palabra de no penetrar el mercado salvadoreño.

Sin embargo, ese pacto con empresarios de la televisión salvadoreña sellado durante cenas en finísimos restaurantes propiedad de Ángel González en Miami se habría roto hace pocas semanas.

Incluso, González, quien nació en Monterrey , México, generalmente mantuvo estupendas relaciones comerciales con los empresarios locales de radio y televisión y hasta les vendía series, telenovelas y mucho de lo que necesitan en sus programaciones.

El problema es que el dueño de una de las cadenas más grandes de televisión de América Latina −que incluye 4 canales Guatemala, 4 en Nicaragua y 3 en Costa Rica, además de gigantescas inversiones en Argentina− rompió el pacto de no invertir en El Salvador. Desde entonces, estalló la guerra cuyas tensiones son intensas.

¿Por qué lo hizo? Pocos lo saben. El rompimiento de esa promesa pudo originarse por la cercanía con influyentes diputados o porque algún otro personaje de primera línea en el país se lo pidió. Lo cierto es que González ya tiene un canal de televisión en el país y eso ha levantado las tropas de otros empresarios locales como él.

Tentación salvadoreña

Remigio Ángel González, quien tiene ideas de izquierda, comenzó a ser tentado a entrar en el mercado de la televisión salvadoreña mientras estaba sentado en una silla de su casa localizada en la exclusiva zona de la avenida Brikell de Miami.

Políticos influyentes salvadoreños siempre le vendieron la idea que debía entrar a competir en El Salvador, el único rubro en el país donde no había desafiado a los empresarios de la televisión tradicional.

El problema para González es que no sabía cómo penetrar El Salvador, donde existe un mercado de la televisión bastante cerrado.

Pero hace algunas semanas, González supo, de boca de uno de sus principales testaferros que realizó varios silenciosos viajes a El Salvador, desde Guatemala, que los propietarios de la Universidad Francisco Gavidia estaban vendiendo la licencia del canal 37.

La universidad privada había recibido varios ofrecimientos de supuestos compradores desde hace varios meses. La frecuencia de televisión ofrecieron venderla junto a equipos viejos con poca utilidad en estos tiempos. Pero las primeras ofertas no fueron del agrado del rector de la Universidad Francisco Gavidia, Mario Ruiz.

La Universidad Francisco Gavidia no quería vender su frecuencia porque estuviese en problemas económicos. Lo que sucede es que esa universidad quiere penetrar el mercado salvadoreño de estudios superiores en Estados Unidos y necesitaba financiar esas acciones.

Ante ese reto económico, algunos de sus principales asesores les dijeron que lo mejor era vender la frecuencia de televisión (de de todas maneras no condujeron bien el canal, a pesar de varias asesorías externas que buscaron), para financiar sus proyectos en el exterior.

Desde entonces, el rector Ruiz comenzó a reunirse con posibles compradores de la televisora.

Una inesperada visita de un enviado de Ángel González, llegado desde Guatemala, donde reside por temporadas y ayuda a operar los cuatro canales de televisión más importantes de ese país, le sonó bien al rector Ruiz.

Después de varias pujas y estira y encojes, el enviado de González y el rector de la Universidad Francisco Gavidia llegaron a un acuerdo sobre el precio del canal.

Es probable que el rector Ruiz no supiera que el verdadero comprador era Ángel González porque este tiene fama de no poner la cara en los negocios, según dicen quienes le conocen.

Pero, al final, el imperio de Ángel González pagó una importante suma de dinero y, por primera vez, alguien tomó el teléfono y le dijo, mientras estaba en Miami, rodeado de cinco secretarias:”Ya tienes una televisora en El Salvador”.

Televideo Services y todos los restantes nombres comerciales que maneja Ángel González en el continente americano, agregaban el canal 37 de televisión de El Salvador. Pero, pronto los números se trastocarían: el 37 se transformó en el canal 11 por orden de la Superintendencia de Telecomunicaciones salvadoreña. Y este cambio todavía no se aclara del todo. La permuta significó, para algunos, cambiar piedras por oro.

el fantasma modulo ok

¿Quién es Ángel González?

A este hombre le gusta la buena vida y el poder. Aunque es muy diferente a otros hombres de mucha fortuna, con su batería de canales de televisión y radioemisoras, hace lo que quiere en muchos países. En Guatemala, se dice públicamente, que quien quita y pone presidentes en ese país se llama Ángel González.

Comenzó su carrera como vendedor de anuncios de publicidad. Ahora puede tomar $30 millones y comprar el 80 por ciento de las acciones del canal 9 de Argentina.

Quienes lo conocen desde hace varios años dicen que siempre ha sido “aventado” para los negocios y que es experto para adquirir televisoras que tienen problemas financieros. En Guatemala alguien le dijo a un periodista mexicano que Ángel González es “un animal de los negocios”.

Y como también le gusta el poder, desde hace al menos un par de años, al menos un influyente diputado del FMLN se ha convertido en uno de sus mejores amigos en El Salvador.

Ese legislador siempre ha creído que González puede ser uno de los mejores hombres que ayuden a romperle la influencia mediática que poseen algunos salvadoreños.

El clima para la llegada de Ángel González al país habría crecido, a criterio de fuentes que pidieron no ser citadas, porque algunos de los más importantes dirigentes del FMLN creen que ganaron las elecciones presidenciales a pesar de la abierta oposición de algunos de los más influyentes canales de televisión. Y siempre ha estado en boca de algunos que es necesario abrir más el mercado de los medios de comunicación en El Salvador.

Entonces, hay quienes apoyan la llegada de los intereses de Ángel González a El Salvador a pesar de las leyendas negras que han tratado de construirle a sus espaldas.

El “zar de la televisión”, como también le llaman otros, es un contador que ingresó al negocio de la televisión, a inicios de los años setenta (cuando tenía menos de 30 años), como vendedor en Centroamérica de telenovelas producidas por Panamericana de Televisión de México.

Esa empresa fue fundada por dos peruanos después de que el régimen militar de Juan Velasco Alvarado, les expropió en Lima dos canales de televisión.

Posteriormente, Ángel González se fue a radicar a Guatemala donde, además de la telenovelas, vendía publicidad para el canal 7 de televisión que ahora es de su propiedad.

En Guatemala conoció a su primera esposa, de apellido Rabbé, quien murió en un accidente automovilístico, poco después de que ambos se casaran.

Pero este hombre verdaderamente inquieto para los negocios comenzó a extender sus vínculos, desde Guatemala, con cadenas como la NBC de los Estados Unidos.

Golpe de suerte

A mediados de los años setenta, Ángel González recibió su mejor golpe de suerte. Un día atendió una llamada telefónica desde México. Era su amiga Margarita López Portillo, hermana del presidente José López Portillo, quien le pidió que volviera a ese país.

Margarita era la dueña de Radio, Televisión y Cinematografía de México (RTC). Ella le ofreció un puesto en Imevisión (ahora TV Azteca). Ahí lo convirtió en proveedor de dos importantes canales de televisión públicos de México. Su fortuna la empezó a construir con la venta de series y telenovelas.

Administrando negocios que cada vez crecían más, regresó a Guatemala en 1980 y se casó con su segunda esposa, Alba Elvira Lorenzana. Cuando retornó a Guatemala se dio el placer de comprar dos canales de televisión en poco más de $10 millones.

También hay que tomar en cuenta, según se dice, que las compras se le facilitaron a Ángel González porque se había convertido en acreedor de esos dos canales porque les vendía series y telenovelas. Con los años, también se habría apoderado del equipo de fútbol más popular de Guatemala: Comunicaciones.

Quienes más le conocen juran que Ángel González no hace vida tan pública como los magnates tradicionales. Tampoco viaja mucho. Posee casas en México, Guatemala y Nueva Orleans.

Inversiones en 12 países

González, el “fantasma”, tiene inversiones en al menos doce países: entre ellos, Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Paraguay, Uruguay, Argentina, Chile, México, Estados Unidos y ahora El Salvador.

En cada uno de esos países se ha rodeado de personas de toda su confianza y tiene la habilidad de adecuar, cada una de sus empresas, a la realidad de los países donde pone sus manos e intereses.

Al menos dos empresas instaladas en Estados Unidos le sirven para manejar su imperio: Televideo Services y Belleville Invesments Limited. Esta última estaría asentada en Las Bahamas.

Ángel González fue uno de los vendedores de los derechos de televisión del campeonato mundial de fútbol en Brasil. Es probable que, en el futuro, arranque esos derechos a TCS y se los otorgue a su propio canal.

Además, sus empresas están conectadas con Disney Media Distribution y con Puma.

Aunque con el tiempo ha contratado influyentes ejecutivos que incluso trabajaron para Televisa, la verdad es que su mano derecha sería su hija Morelia Eréndira, quien supuestamente le maneja todos los asuntos financieros de sus empresas.

Hace algún tiempo, González le dijo a un periodista de Prensa Asociada (AP) que sus propósitos eran comprar tres canales de televisión por año. El Salvador le proporciona, por el momento, un canal para cumplir sus metas, a pesar de todos los problemas locales que eso le puede producir.

Pero nadie duda que es muy hábil para vender y hasta producir novelas. Hace poco contrató una empresa peruana para producir diez telenovelas en cinco años.

Él fue quien vendió los derechos de la novela “Betty La Fea”, que fue un rotundo éxito aunque creía en esa producción. Hace poco también compró los derechos de Latin American Idol y puso ese certamen en pantallas abiertas.

Se dice que ahora quiere fundar un canal latinoamericano de noticias y quiere producir contenidos para internet, telefonía y cable. Ángel González es, como se afirma, un verdadero monstruo de los negocios y muchos le temen, con sobradas razones, a su fortuna, su talento y el control de producciones televisivas.

Canal 37 por canal 11

Aunque las televisoras locales tradicionales no lo dicen de frente, saben que el “fantasma” ya está aquí. Se desconoce si ya tiene a su hombre de confianza. Si no lo tiene lo estará haciendo bajo su fórmula: “primero los hombres, después los negocios”. Incluso, también hay versiones de que González habría comprado una radioemisora que quiere potenciar, como parte de sus planes.

Además, un importante empresario radial ya recibió la visita de un enviado de González para ofrecerle la compra de una estación local. Eso revelaría que González quiere ampliar sus huellas en el país y eso tiene nerviosos a algunos empresarios locales.

Uno de los hechos que más le preocupa a esos empresarios de medios de comunicación es que, de oficio, según se sabe, el nuevo Superintendente de Telecomunicaciones, Astor Escalante, le cambió, permutó, a González el canal 37, que fue vendido por la Universidad Francisco Gavidia al mexicano-estadounidense, por el canal 11.

Escalante ha dicho en medios de prensa que tomó esa decisión porque el canal 37 debía ser destinado, según la ley, a la “astronomía” pero que, por razones que desconoce, terminó en manos una universidad privada.

Explicó, incluso, que esa “permuta” podía hacerlo de oficio sin violar la ley.

Lo cierto es que esa decisión significó cambiar un canal de UHF para pasarlo a otro canal de VHF lo que significa potenciar al canal que habría comprado Ángel González.

“No hay ningún impedimento legal para hacerlo. Nosotros tenemos en el país personas que alguna vez adquirieron frecuencias de astronomía (como el canal 37). No sé quién les entregó esa frecuencia, pero vamos, y corregiremos, eso”, dijo el abogado Astor Escalante durante una entrevista que le hizo el periodista Moisés Urbina, en TCS.

La posición de empresarios tradicionales de televisión es que se está favoreciendo la llegada al país de las inversiones de Ángel González pero, por alguna razón, no lo dicen directamente.

Precisamente TCS ha abanderado la lucha frente a supuestas y alegadas anomalías cometidas en la Superintendencia de Telecomunicaciones. Aunque en los canales de TCS no se pronuncia, directamente el nombre de Ángel González, saben que el “fantasma” se metió a El Salvador.

Algunos creen que la lucha contra la subasta de seis frecuencias de canales de televisión que pretendía hacer la Superintendencia abría las puertas para que González, a base de disponer mucho dinero, pueda adquirir otros canales de televisión para ampliar su imperio en El Salvador.

Escalante, sin embargo, justifica sus conductas administrativas aunque ha sido evidente que, en las últimas dos semanas, se ha liado a golpes verbales (indirectos), con los representantes de TCS.

Tal vez por esos temores, ante los impulsos de Ángel González en El Salvador, vemos ahora, tomados de la mano, en posiciones conjuntas a TCS y a Arpas, una organización que promueve la adquisición de medios de comunicación para sectores de izquierda.

Pero nadie duda que si el “fantasma” llegó al país, no llegó sólo. ¿Quiénes son sus amigos? Pocos pueden responder eso.

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