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La reforma del sistema de salud y el modelo diosificado del profesional de la medicina (Tercera Parte)


Por: Francisco Quintanilla

 Miércoles  30 de abril de 2014

LA REFORMA DEL SISTEMA DE SALUD Y EL MODELO DIOSIFICADO DEL PROFESIONAL DE LA MEDICINA (Tercera Parte )

 La reforma del sistema de salud iniciada en el año 2009, exige que los profesionales de la salud y de la medicina, sean una estirpe de la cual Asclepio se sienta orgulloso. Es decir, que aprendan a despojarse del delirio de grandeza y de superioridad; que  pongan los pies sobre la tierra; que aprendan a caminar hacia y junto al necesitado, que es el que puede untarlos o ungirlos de un poquito de conciencia comprometida con el dolor ajeno. Conciencia de  que ellos no son más que humanos, que tuvieron ciertas posibilidades de estudiar una profesión que teóricamente y en la práctica es la que debería estar más comprometida con la vida humana.

En su mayoría, los profesionales de la salud y de la medicina se han convertido en un estamento que se ha creído ser los elegidos de Zeus. Por esto, con los valores que la reforma en  salud exige se han sentido amenazados de perder los privilegios que hasta ahora han tenido. De allí que se oponen a todo modelo preventivo, que los orienta a descender al terreno de los excluidos, de los marginados. En fin, temen perder el carácter de dioses que se han autoatribuido.

La reforma del sistema de salud salvadoreña exige que los profesionales de la salud hagan suyos, como una forma de vida profesional y personal. Estos valores no son nuevos, pero sí, son históricamente necesarios. No son nuevos porque como ya se vio, el dios de la medicina Asclepio ya los practicaba. También algunos de estos valores están plasmados en el juramento hipocrático (Hipócrates, 460 – 370 a. C.), que es una especie de declaración deontológica del ejercicio de la medicina, y que obliga o que debería obligar moralmente al profesional de la medicina, de poner su práctica de la medicina al servicio de todos los necesitados, sin ninguna exclusión o condición económica, social, racial, religiosa o política.

El ejercicio de la medicina, según este juramento hipocrático que hacen los médicos y que los autoriza y compromete humanamente para ejercerla, debe estar consagrada al servicio de la humanidad, con conciencia y dignidad, y que la salud de los pacientes es el objetivo básico de su quehacer.

Jamás dice o implica este juramento que debe hacerse de la salud (ya sea curativa o preventiva) una mercancía. Al contrario, exige al profesional de la medicina, poner en práctica un tipo de relación humanista y no técnica con el paciente.

Pero, lamentablemente, la historia ha demostrado que muchos médicos y profesionales de la salud, han hecho de este juramento una especie de discurso sofista, repetido mecánicamente como un brillante poema de amor. Aunque, algunos profesionales de la salud, muy pocos, han dignificado con su práctica este juramento. Para mal de la humanidad, la mayoría lo ha prostituido.

Se puede detectar entonces, que la diosificación, no de la profesión de la medicina, sino del profesional de la medicina y de la salud, no es un problema genético, sino un problema  histórico – educativo, que pasa por la educación familiar, la educación escolar que va desde el kínder hasta llegar a la facultad de medicina de las distintas universidades públicas, y sobre todo privadas, todo esto condicionado por los intereses de clase social.

Entonces, es válido preguntarse a estas alturas ¿es posible construir, impulsar y desarrollar una transformación del sistema de salud como la que impulsa la Ministra de salud, Dra. María Isabel Rodríguez, sin haber impulsado una transformación radical de los pensum de medicina, cuando con estos se “forman profesionales con “valores” profesionales y personales opuestos a lo que dicha reforma exige?

Aun más ¿es posible lograr dicha transformación sin tocarle las entrañas a la estructura económica de esta sociedad que continua siendo injusta?

 

 

Continuará cuarta parte y ultima

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