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La reforma del sistema de salud y el modelo diosificado del profesional de la medicina (Segunda Parte)


Por: Francisco Quintanilla

 Segunda Parte         

Martes 29 de abril de 2014

 LA REFORMA DEL SISTEMA DE SALUD Y EL MODELO DIOSIFICADO DEL PROFESIONAL DE LA MEDICINA (Segunda Parte)

Ha predominado el estilo de vida del profesional de la medicina caracterizado, en primer lugar por un delirio de grandeza, es decir, por creerse el profesional de salud como perteneciente a una estirpe que está muy, pero muy arriba de los simples mortales. En segundo lugar, por el síndrome de la gabacha  blanca, que desde que comienzan a usarla, se produce en ellos y ellas una metamorfosis Kafkiana (Kafka, F., 2009) de humanos que se convierten o se sienten que son  dioses,  que los ha llevado  a creer que el blanco de las gabachas que utilizan, los autoriza a creer que son los propietarios de la vida y del destino  de los pacientes a quienes reducen a algo peor que a un insecto. O que son propietarios de la población que necesita y que exige de sus servicios. En tercer lugar, se ha caracterizado por la ausencia de humildad, y la presencia a la enésima potencia de la arrogancia y de la prepotencia. En cuarto lugar, se ha caracterizado por la reducción de la persona, que se le llama en el modelo médico  paciente, a una cosa o a una mercancía, y que como mercancía puede adquirir diferentes valores económicos, de acuerdo a la capacidad que tenga el paciente de pagar su curación. Y  en quinto lugar, no desarrollan la sensibilidad, la conciencia y la capacidad de bajar a la tierra de los empobrecidos; son estos últimos quienes tienen que buscarlos, en los altares de sus consultorios.

Este estilo de vida de la mayoría de profesionales  de la medicina, que además de bañarse o enchaparse en arrogancia, está basado en la curación y no en la prevención, como lo exige la reforma del sistema de salud, impulsada por la Ministra Dra. María Isabel Rodríguez (2009): “el sistema también adolece de un virtual abandono de la promoción de la salud, un pobre énfasis en la prevención de la enfermedad y la rehabilitación…. (p. 10).

Ese estilo de vida profesional del médico y de los demás profesionales de la salud en su mayoría, además de basarse en la curación, han hecho de la salud, mediante la curación una mercancía, por lo que sólo aquel que tiene capacidad económica de pagarla puede acceder a la curación, de hecho en una sociedad  injusta y excluyente donde unos pocos tienen mucho y muchos tiene poco o nada, la salud, o más bien dicho la curación ha sido elitista, la enfermedad ha sido para muchos y la salud para unos cuantos.

Este elitismo de salud es cuestionada por el Presidente de la República Salvadoreña Mauricio Funes, y que también subraya la Dra. María Isabel Rodríguez (2009) en el documento denominado “Construyendo la esperanza, estrategias y recomendaciones en salud”, en el cual se sostiene que “el nuevo gobierno (del Presidente Funes) rechaza la mercantilización de la salud y la concibe como un bien público, como un derecho humano fundamental….(p.10)

Habiendo subrayado una contradicción fundamental entre los valores que exige la reforma del sistema de salud de El Salvador, los cuales van acompañados de una forma distinta de ejercer la medicina, y la formación de los profesionales de la salud que se “forman” en las distintas facultades de medicina del país, que desarrollan “valores” profesionales y personales opuestos a los que dicha reforma exige históricamente, es necesario hacer un entronque aunque sea escueto de la raíces de la historia de la medicina.

Estas raíces de la realidad histórica del desarrollo y ejercicio de la medicina, contradictoriamente, pero ineludiblemente está vinculada con la mitología griega.

El dios griego de la medicina fue Asclepio, nombre que fue modificado por la cultura romana, que le llamo Esculapio. Asclepio fue hijo del dios Febo Apolo y de la ninfa Coronis, amante de Apolo (Rodríguez Díaz, R., 1994, p. 1017).

Asclepio era un semidiós, cuya habilidad no sólo se limitaba a curar enfermedades, sino que también llegó a tener el poder de resucitar muertos, por lo que el dios Plutón o Hades se quejó ante el Dios Zeus que lo matara, porque al estar resucitando muertos, el infierno se estaba quedando despoblado (Idem, p.1019), de hecho Zeus mata a Asclepio de un rayo, pero luego lo revive pasando de ser un semidiós a un dios.

Asclepio utilizaba un bastón donde se enrollaba una serpiente; el bastón hace referencia al compromiso del médico, que no hace de la medicina un negocio sino un compromiso humano con los necesitados de la medicina, para auxiliar a las personas que no pueden valerse por ellos mismos.

La serpiente es la que le lleva a Asclepio una planta con la cual podía curar a los enfermos o podía resucitar a un muerto.

Asclepio o Esculapio es en un principio un semidiós y posteriormente un dios quien aprende a sentir y comprender el dolor  humano; es decir, aprende a ser sensible ante el dolor humano. Con Asclepio se descubre el valor humano de la medicina y del profesional de la medicina y de la salud. Contradictoriamente, hay muchos humanos, profesionales de la medina y de la  salud, cuya “formación” educativa profesional, los ha llevado a  creer que son dioses, y que han olvidado como siente un ser humano,  sobre todo el que pertenece por razones históricas a los desposeídos, a los excluidos y marginados. Dichos profesionales de la medicina han olvidado el dolor  y la desesperanza del excluido.

Asclepio muestra el camino que se debe seguir en la relación médico paciente. Asclepio, siendo un dios, buscaba al enfermo, para curarlo; descendía al terreno de lo humano y de los humanos.

Contradictoriamente, muchos profesionales de la salud, y sobre todo muchos profesionales de la medicina, que se han creído dioses, no van donde la persona enferma que los necesita, sino que esperan que la persona enferma los busque, siempre y cuando tenga, lo que Predvechni (1985, p. 100) denomina como “valor medio”, que en este sistema está representado por el dinero, para tener derecho al valor objeto (atención médica o medicina). Si la persona enferma no lo tiene, aunque toque a las puertas de estos humanos médicos convertidos en dioses, no podrá acceder a esa atención, pese a que es un derecho humano fundamental.

 

Continuará tercera parte

 

 

 

 

 

 

 

 

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