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30 años del Ejército Zapatista de Liberación


EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACION NACIONAL

MÉXICO

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10 de noviembre del 2003.

Según nuestro calendario, la historia del EZLN, previa al inicio de la guerra, tuvo 7 etapas.

La primera de ellas es cuando se seleccionó a quienes formarían parte del EZLN. Esto fue alrededor de 1982. Se organizaban prácticas de uno o dos meses en la selva, y en ellas se evaluaba el desempeño de los asistentes para ver quién podía “dar el ancho”. La segunda etapa es la que llamamos de “implantación”, es decir, la fundación propiamente dicha del EZLN.

Hoy es 10 de noviembre del año 2003.

Pido se nos permita imaginar que un día como hoy, pero hace 20 años, en 1983, un grupo de personas preparaba en alguna casa de seguridad los implementos que habría de llevar a las montañas del sureste mexicano. Tal vez, hace 20 años, el día transcurría checando la impedimenta, recabando informes sobre los caminos, las rutas alternativas, los tiempos; detallando itinerarios, órdenes, dispositivos. Hace 20 años, tal vez a esta hora, estarían abordando un vehículo e iniciarían el viaje hacia Chiapas. Si pudiéramos estar ahí, tal vez les preguntaríamos a esas personas qué es lo que iban a hacer. Y seguro nos hubieran respondido: “fundar el Ejército Zapatista de Liberación Nacional”. Habían esperado 15 años para decir esas palabras.

Supongamos entonces que inician su viaje el 10 de noviembre de 1983. Unos días después llegan al final de un camino de terracería, bajan sus cosas, despiden al chofer con un “hasta luego” y, después de acomodar sus mochilas, inician el ascenso de una de las sierras que atraviesan, inclinadas al occidente, la Selva Lacandona. Muchas horas después de caminar, con unos 25 kilos de peso en su espalda, montan su primer campamento, ya sierra adentro. Sí, es posible que ese día hiciera frío y hasta lloviera.

Hoy, hace 20 años, la noche se ha adelantado debajo de los grandes árboles y, ayudados por lámparas de mano, estos hombres y mujeres ponen techo de plástico con un cordón como travesaño, amarran sus hamacas, buscan leña seca y, prendiéndole fuego a una bolsita de plástico, encienden la hoguera. A su luz, el mando escribe en su diario de campaña algo así como: “17 de noviembre de 1983. Tantos metros sobre el nivel del mar. Lluvioso. Montamos campamento. Sin novedad”. En la parte superior izquierda de la hoja en la que se escribe, aparece el nombre que le han puesto a esa primera estación de un viaje que todos saben muy largo. No ha habido ninguna ceremonia especial, pero ese día y a esa hora se ha fundado el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Seguramente alguien propuso entonces un nombre para ese campamento, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que ese grupo estaba formado por 6 personas. Los primeros 6 insurgentes, cinco hombres y una mujer. De esos 6, tres eran mestizos y tres indígenas. La proporción de 50% mestizos y 50% indígenas no ha vuelto a repetirse en los 20 años del EZLN, tampoco la proporción de mujeres (menos del 20% en esos primeros días). Actualmente, veinte años después de aquel 17 de noviembre, el porcentaje debe andar por un 98,9% de indígenas y un 1% de mestizos. La proporción de mujeres anda ya cerca del 45%.

¿Cómo se llamó ese primer campamento del EZLN? Al respecto no se ponen de acuerdo aquellos primeros 6 insurgentes. Según aprendí después, los nombres de los campamentos se elegían sin ninguna lógica, y, de manera natural y sin afectaciones, se evitaban los normes apocalípticos o proféticos. Ninguno de ellos se llamó, por ejemplo, “Primero de enero de 1994”.

Según cuentan aquellos primeros 6, un día mandaron a un insurgente a explorar un sitio para ver si tenía condiciones para acampar. El insurgente regresó diciendo que el lugar “era un sueño”. Los compañeros marcharon hacia ese rumbo y al llegar se encontraron con un pantano. Le dijeron entonces al compañero “Esto no es ensueño, es una pesadilla”. Ergo, el campamento se llamó entonces “La Pesadilla”. Debe haber sido en los primeros meses de 1984. El nombre de ese insurgente era Pedro. Después sería subteniente, teniente, capitán segundo, capitán primero y Subcomandante. Con ese grado y siendo Jefe del Estado Mayor zapatista, diez años después, cayó en combate el primero de enero de 1994, en la toma de Las Margaritas, Chiapas, México.

La tercera etapa, siempre previa al alzamiento, es cuando nos dedicamos a las tareas de supervivencia, es decir, a cazar, a pescar, y a recolectar frutos y plantas silvestres. En este tiempo nos aplicamos al conocimiento del terreno, es decir, orientación, caminata, topografía. Y en esta época estudiamos estrategias y táctica militar en los manuales del ejército norteamericano y del federal mexicano, y el uso y cuidado de diversas armas de fuego, además de las llamadas “artes marciales”. También estudiábamos historia de México y, por cierto, llevábamos una vida cultural muy intensa.

Yo llego a la Selva Lacandona en esta tercera etapa, en 1984. Por ahí de agosto-septiembre de ese año, unos 9 meses después de que llegara el primer grupo. Mi llegada fue con dos compañeros más: una compañera indígena chol y un compañero indígena tzotzil. Si mal no recuerdo, a mi llegada el EZLN tenía 7 elementos de base y dos más que “subían” y “bajaban” a la ciudad con correos y por abastecimiento. El cruce por los pueblos se hacía de noche y disfrazados de ingenieros.

Los campamentos de aquella época eran relativamente sencillos: tenían un área de intendencia o la cocina, los dormitorios, el área de ejercicio, la posta, el área de 25 y 50, y los campos de fuego para la defensa. Tal vez alguno de los que me escucha se pregunte qué rayos es el “área de 25 y 50”. Bueno, resulta que para hacer las necesidades que llaman “primarias”, había que alejarse a cierta distancia del campamento. Para ir a orinar había que retirarse 25 metros; para defecar eran 50 metros, además de hacer un hoyo con el machete y luego tapar el “producto”. Claro que esas disposiciones eran cuando nosotros éramos, como quien dice, un puñado de hombres y mujeres, es decir, no pasábamos de 10. Tiempo después, construíamos letrinas en zonas más alejadas, pero los términos “25” y “50” se quedaron.

Había un campamento que se llamaba “El Fogón”, porque ahí fue la primera vez que construimos uno. Antes de eso, el fuego se hacia a ras del suelo y las ollas (dos: una para el frijol y otra para el animal que cazáramos o pescáramos) colgaban de un travesaño amarrado con bejucos. Pero luego ya éramos más y entonces entramos a “la era del fogón”. En ese entonces la plantilla del EZLN era de 12 combatientes.

Tiempo después, en un campamento llamado “Reclutas” (porque ahí es donde se entrenaban los nuevos combatientes), entramos a “la era de la rueda”. Y es que labramos, con el machete, una rueda de madera e hicimos una carretilla para cargar piedra para las trincheras. Deben de haber sido los tiempos, porque la rueda era bastante cuadrada y terminamos cargando la piedra en el lomo.

Otro campamento se llamó “Baby Doc”, en honor de quien azoló, con el beneplácito de los Estados Unidos, las tierras haitianas. Resulta que, con una columna de reclutas, nos estábamos moviendo para acampar cerca de un pueblo. En el camino topamos una paira de jabalíes, o sea un chingo de puercos salvajes. La columna guerrillera se desplegó con disciplina y habilidad, es decir que el que iba de vanguardia grito “puercos” y, con el pánico como motor y combustible, se subió a un árbol con una habilidad que no le volvimos a ver. Otros corrieron con valentía… pero hacía el lado contrario de donde estaba el enemigo, o sea los jabalíes. Algunos tomaron puntería y dieron cuenta de dos cerdos salvajes. En la retirada enemiga, o sea cuando los puercos se fueron, quedó abandonado un cerdito, de apenas el tamaño de un gato casero. Lo adoptamos y le pusimos por nombre “Baby Doc” porque en esas fechas Papá Doc Duvalier moría y le heredaba la carnicería a su vástago. Acampamos ahí para aliñar las piezas y comer. El puerquito se encariñó con nosotros, creo que por el olor.

Otro campamento de aquellos años se llamó “De la Juventud”, porque ahí se formó el primer grupo de jóvenes insurgentes, que se llamó “Jóvenes Rebeldes del Sur”. Una vez por semana los jóvenes insurgentes se reunían para cantar, bailar, leer, hacer deportes y concursos.

El 17 de noviembre de 1984, hace 19 años fue la primera vez que celebramos el aniversario del EZLN. Éramos 9. Creo que fue un campamento que se llamó “Margaret Thatcher” porque habíamos agarrado una changuita que, se los juro, era el clon de la “Dama de Hierro”.

Un año después, en 1985, lo celebramos en un campamento llamado “Watapil”, porque así se llama una planta con cuyas hojas hicimos un cobertizo para los alimentos.

Yo era capitán segundo, estábamos en la llamada “Sierra del Almendro” y la columna madre había quedado en otra serranía. Tenía bajo mi mando 3 insurgentes. Si las matemáticas no me fallan, éramos 4 en ese campamento. Celebramos con tostadas, café, pinole con azúcar y una cójola que matamos en la mañana. Hubo canciones y poesías. Uno cantaba o declamaba y los otros tres aplaudían con un aburrimiento digno de mejor causa. En mi turno, con un discurso solemne les dije, sin más argumentos que los mosquitos y la soledad que nos envolvía, que un día seríamos miles y que nuestra palabra le daría la vuelta al mundo. Los otros tres estuvieron de acuerdo en que probablemente la tostada estaba hongueada, que seguramente me había hecho daño y que por eso deliraba. Recuerdo que llovió esa noche.

En la que llamamos la cuarta etapa, se hicieron los primeros contactos con los pueblos de la zona. Primero se hablaba con uno y ése uno hablaba con su familia. De la familia se pasaba al poblado. Del pablado a la región. Así poco a poco, nuestra presencia se convirtió en un secreto a voces y en una conspiración masiva. En esta etapa, que corre paralela en tiempo a la tercera, el EZLN ya no era lo que habíamos pensado cuando llegamos. Para entonces ya habíamos sido derrotados por las comunidades indígenas y, producto de esa derrota, el EZLN empezó a crecer geométricamente y hacerse “muy otro”, o sea que la rueda siguió abollándose hasta que, al fin, fue redonda y pudo hacer lo que debe hacer una rueda, es decir, rodar.

La quita etapa es la del crecimiento explosivo del EZLN. Debido a las condiciones políticas y sociales, crecimos más allá de la Selva Lacandona y llegamos a Los Altos y al norte de Chiapas. La sexta es la de la votación de la guerra y los preparativos, incluida la llamada “Batalla de la Corralchén”, en mayo de 1993, cuando tuvimos los primeros combates con el ejército federal.

Hace dos años, en la Marcha por la Dignidad Indígena, en alguno de los lugares que cruzamos, vi una especie de botella gorda, como una olla de boca angosta. Era de barro, creo, y estaba forrada con pedacitos de espejo. Al reflejar la luz, cada espejito de la olla-botella devolvía una imagen particular. Todo a su alrededor tenía en ella su reflejo singular y, al mismo, tiempo, el conjunto semejaba un arco iris de imágenes. Era como si muchas pequeñas historias se unieran para, sin perder su ser distintas, formar una historia más grande. Pensé que, a lo mejor, la historia del EZLN podría ser contada, mirada y analizada como esa botella-olla.

Antes de ese primero de enero, la víspera, fue la séptima etapa del EZLN.

Recuerdo que la noche del 30 de diciembre de 1993 me encontró en la carretera Ocosingo- San Cristóbal de las Casas. Ese día había estado en las posiciones que manteníamos en los alrededores de Ocosingo. Por radio había checado la situación de nuestras tropas que se estaban concentrando en varios puntos a borde de carretera, a lo largo de las cañadas de Patiwitz, de Monte Líbano y de Las Tazas. Estas tropas correspondían al tercer regimiento de infantería. Eran unos 1,500 combatientes. La misión del tercer regimiento era la toma de Ocosingo. Pero antes de eso debían, “al paso”, tomar las fincas de la zona y hacerse del armamento de las guardias blancas de los finqueros. Según me reportaron, sobre el poblado de San Miguel había estado rondando un helicóptero del ejército federal, seguramente alertado por la multitud de vehículos que se estaban concentrando en esa población. Desde la madrugada del día 29, todo vehículo que entraba a las cañadas no salía, todos fueron “prestados” para movilizar a las tropas del tercer regimiento. En su totalidad, el tercer regimiento estaba formado por indígenas tzeltales.

Al paso, había yo checado las posiciones del Batallón número 8 (que formaba parte del Quinto regimiento), que se encargaría de tomar la cabecera municipal de Altamirano en un primer movimiento. Después, sobre la marcha, tomaría Chanal, Oxchuc y Huixtán, para luego participar en el ataque al cuartel de rancho Nuevo, en las afueras de San Cristóbal. El octavo era un batallón reforzado. Para la toma de Altamirano contaría con unos 600 combatientes, de los que una parte quedaría en la plaza tomada. En su avance incorporaría a más compañeros, para llegar a Rancho nuevo con unos 500 de tropa. El Octavo Batallón estaba formado en su gran mayoría por tzeltales.

Todavía en la carretera hice un alto en una de las zonas más elevadas tomé contacto radial con el Batallón 24 (también parte del Quinto regimiento), cuya misión era la toma de la cabecera municipal de San Cristóbal de Las Casas y el ataque conjunto (en concordancia con el batallón 8) al cuartel militar de Rancho Nuevo. El Vigésimo Cuarto era también un batallón reforzado. En números, su tropa llegaba a casi 1,000 combatientes todos de la zona de los Altos e indígenas tzotziles.

Al llegar a San Cristóbal, bordeé la ciudad y me dirigí a la posición en la que estaría el Cuartel General de la Comandancia del EZLN. De ahí, me comuniqué por radio con el mando del Primer Regimiento, Subcomandante Insurgente Pedro, Jefe del Estado Mayor Zapatista y segundo mando del EZLN. Su misión era la toma de la cabecera de Las Margaritas y el avance para atacar el cuartel militar en Comitán. Fuerte en 1,200 combatientes, el Primer regimiento estaba conformado en su mayoría por tojolabales.

Además, en la llamada “segunda reserva estratégica” quedaba un batallón, formado por indígenas choles, y en las profundidades de nuestras bases de despegue, con 3 batallones dispuestos en las zonas tzeltal, tojolabal, tzotzil y chol, se encontraba la llamada “primera reserva estratégica”.

Sí, el EZLN sale a la luz pública con más de 4,500 combatientes en la primera líneas de fuego, la así llamada Vigésima Primera División de Infantería Zapatista, y unos 2,000 combatientes permanecían en la reserva.

La madrugada del 31 de diciembre de 1993 confirmé la orden de ataque, la fecha y al hora. En resumen: el EZLN atacaría simultáneamente 4 cabeceras municipales y otras 3 más “al paso”, reduciría a las tropas policíacas y militares en esas plazas, y marcharía después a atacar dos grandes cuarteles del ejército federal. La fecha: 31 de diciembre de 1993. La hora: las 2400.

La mañana del día 31 de diciembre de 1993 se pasó en el desalojo de las posiciones urbanas que se mantenían en algunos lugares. Alrededor de las 1400 los diferentes regimientos confirmaron por radio a la Comandancia General que estaban listos. A las 1700 se inició la cuenta regresiva: “Menos 7” se nombró esa hora. A partir de ahí, se cortó toda comunicación con los regimiento. El siguiente contacto radial estaba programado para las “Más 7”, las 0700 del día 1 de enero de 1994… con los que quedaran vivos.

Subcomandante Insurgente Marcos

México, Noviembre del 2003. 20 y 10.

 

Mensaje enviado por el Subcomandante Insurgente Marcos al arranque de la campaña EZLN: 20 y 10, el fuego y la palabra. Se omiten menciones al libro del mismo nombre, con el fin de proporcionar una lectura fluida del relato.

P [1]ublicado el 18 de noviembre de 2013


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Himno del Ejército ZAPATISTA de Liberación Nacional E.Z.L.N..mp4

http://www.youtube.com/watch?v=KljXee38FxQ

Zapatistas – Crónica de una rebelión / Zapatistas – Chronik einer Re

http://www.youtube.com/watch?v=d94KzsYOp0c

CGT a 3 décadas del parto del EZLN

VER VIDEO: http://www.cgtchiapas.org/documentacion/comunicados-cgt/cgt-3-decadas-parto-ezln

Tras 30 años día tras día tejiendo organización, nadie duda hoy que el zapatismo como tal es partero de generar, en lo cotidiano, una revolución desbordante por y para las y los que abajo habitamos, amamos y luchamos.

Madrid a 17 de noviembre de 2013

Un día como hoy hace 30 años, un pequeño grupo de inconfromes se adentraron en las montañas de la Selva Lacandona. Allí, con el paso del tiempo como aliado, en contacto con la tierra e inspirados por los pueblos indígenas, se decidieron a emprender un largo camino, que no tenía otro objetivo que….. abrir camino. La leyenda cuenta que los dioses crearon al inicio de los tiempos a unas mujeres y hombres de maíz. Estas personas, las personas verdaderas, estaban en todo el mundo, bajo diversas pieles y se preocupaban de crear caminos para que la dignidad pudiera caminar por ellos. Desde entonces, cada vez que se juntan estas personas de maíz, l@s oprimidos se esperanzan y los opresores aprietan los dientes.

Hoy hace 30 años que nació el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Tuvimos que esperar (porque lo bueno se hace esperar) hasta la madrugada del 1 de enero de 1994, cuando las compañeras y compañeros zapatistas decidieron que era momento de hablar al mundo. Pensaron que era momento de invitar al mundo, no a recorrer su mismo camino, si no a empezar a construir , cada uno a sus tiempos y a sus modos, un sendero propio para que la dignidad y la rebeldía pudieran caminarlo. Y que al final de recorrido, encontremos todos Democracia Libertad y Justicia.

El EZLN habló con voz propia, pero muchas y muchos nos dimos cuenta de que sus palabras eran también las nuestras. Que sus demandas y exigencias eran tambien nuestras. Que eran nuestros rostros lo que se ocultaban bajo sus pasamontañas. Desde aquel enero, la pequeña llama de rebeldía del zapatismo ha crecido y se ha encontrado con otras llamas en todo México con el CNI y en el mundo entero. Algunas que ya llevaban tiempo encendidas, esperando a que alguien las respondiese, otras que crecieron inspiradas por la rebeldía indígena. Treinta años después de internarse en la Lacandona, l@s zapatistas siguen inspirando a rebeldes y soñadoreas.

Quienes formamos la Confederación General del Trabajo (CGT) queremos saludar al EZLN y celebrar sus treinta años construyendo caminos. Desde que se diese a conocer la lucha zapatista nuestra llama de rebeldía se ha avivado apasionadamente, alimentada por las esperanzas que los zapatistas nos trasmiten. Nada menos que 3 décadas evolucionando la democracia como de por sí sólo puede darse ésta para ser transformadora, transgresiva, participativa, directa, radical.

Como señalara Raúl Zibechi sobre Francisco Sańtiz y Alberto Patishtán, ambos han sido parteros de un mundo nuevo. Tras 30 años día tras día tejiendo organización, nadie duda hoy que el zapatismo como tal es partero de generar, en lo cotidiano, una revolución desbordante por y para las y los que abajo habitamos, amamos y luchamos.

Compañeras y compañeros zapatistas, su lucha es nuestra lucha, nuestros caminos se cruzan y cruzarán hasta que alcancemos ese mundo soñado por ambas organizaciones, por sus componentes, desde el más pequeño hasta la más anciana. Un mundo donde quepan muchos…. corazones, y en ninguno de ellos falte la Libertad, la Democracia y la Justicia.

Artículos relacionados

 

 

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Eduardo Galeano en la UNAM sobre el Zapatismo

http://www.youtube.com/watch?v=BryCPz7gsWg

Zapatistas somos muchos en todas partes aunque no sepamos que lo somos. Todos los que actuamos movidos por la voluntad de Justicia y la voluntad de belleza. Y todos los que agradecemos a Marcos que haya inyectado sentido del humor al discurso tradicional de la Izquierda, que yo creo que ese es el mérito principal aparte de todo lo que el movimiento zapatista nos enseña: como movimiento comunitario, indígena, de raíces hondas, que anda en busca de una democracia de verdad; pero además, esta novedad del sentido del humor que era completamente ajeno al discurso de la Izquierda tradicional.

Eduardo Galeano

“Seamos realistas y hagamos lo imposible”

LUNES, 28 DE OCTUBRE DE 2013

ZAPATISTAS de Eduardo Galeano a Dauno Tótoro y Emiliano Thibaut

http://loboguerrilla.blogspot.ca/2013/10/zapatistas-de-eduardo-galeano-dauno.html

 

Queridos amigos:
Yo no escribo prólogos, pero quizás este texto pueda servir para acompañar al libro.
Fue escrito hace unos meses, pero sigue diciendo lo que creo.
Un abrazo,
Eduardo Galeano

En Chiapas, los enmascarados desenmascaran al poder. Y no solamente al poder local, que está en manos de los devastadores de bosques y los exprimidores de gentes. La rebelión zapatista viene desnudando también al poder que reina sobre todo México, un poder cuyas peores costumbres enseñan que las urnas y las mujeres están para ser violadas, y que hacer política consiste en robar hasta las herraduras de los caballos en pleno galope.

Pero los ecos de Chiapas llegan más allá de la comarca y del reino. Marcos, el portavoz, ha dicho que él es zapatista en México, y también es gay en San Francisco, negro en Africa del Sur, musulmán en Europa, chicano en Estados Unidos, palestino en Israel, judío en Alemania, pacifista en Bosnia, mujer sola en cualquier metro a las diez de la noche, campesino sin tierra en cualquier país, obrero sin trabajo en cualquier ciudad. Y en una carta entrañable, el ‘subco’ ha evocado a su amigo, el viejo Antonio, y ha contado que el viejo Antonio opina que cada cual es tan pequeño como el miedo que siente y tan grande como el enemigo que elige.

Ahí está, creo, la clave de la grandeza de este movimiento campesino, que ha brotado en un lugar que nunca había sido noticia para los fabricantes de opinión pública: su grito tiene resonancia universal, porque expresa una pasión de justicia y una vocación solidaria que desafían al todopoderoso sistema que impunemente se ha apoderado del planeta entero. Y el desafío se formula con bravura en los hechos, y con sentido del humor en las palabras, con coraje y con alegría, que son dos cosas que buena falta nos hacen.

Está el mundo sometido a una vasta dictadura invisible. Según ella, la injusticia no existe. La pobreza, pongamos por caso, que a tantos atormenta y que tanto se multiplica, no es un resultado de la injusticia, sino el justo castigo que la ineficiencia merece. Y si la injusticia no existe, la pasión de justicia se condena como terrorismo o se descalifica como mera nostalgia. ¿Y la solidaridad? Lo que no tiene precio no tiene valor: jamás la solidaridad se ha cotizado tan bajo en el mercado mundial. La caridad está mejor vista, pero hasta ahora, que yo sepa, el supergobierno del mundo no ha ofrecido ningún Ministerio de Economía a la Madre Teresa de Calcuta.

El supergobierno: los gobiernos están gobernados por un puñado de piratas, elegidos en ninguna elección. Ellos deciden la suerte de la humanidad y le dictan el código moral. En vez de un gancho, tienen en el puño una computadora, y al hombro llevan un tecnócrata en lugar de un papagayo. Ellos dominan los siete mares de las altas finanzas y del comercio internacional, donde navegan los que especulan y se ahogan los que producen. Desde allí, distribuyen el hambre y la indigestión en escala mundial, y en escala mundial manejan a los mandones y vigilan a los mandados. La televisión, que trasmite sus órdenes, llama paz mundial o equilibrio internacional a la resignación umversal.

Pero la condición humana tiene una porfiada tendencia a la mala conducta. Donde menos se espera, salta la rebelión y ocurre la dignidad. En las montañas de Chiapas, por ejemplo. Largo tiempo callaron los indígenas mayas. La cultura maya es una cultura de la paciencia, que sabe esperar. Ahora, ¿cuánta gente habla por esas bocas? Los zapatistas están en Chiapas, pero están en todas partes. Son pocos, pero tienen muchos embajadores espontáneos. Como nadie nombra a esos embajadores, nadie puede destituirlos. Como nadie les paga, nadie puede contarlos. Ni comprarlos.

Eduardo Galeano, 1996.

“Zapatistas “, Textos de Dauno Tótoro T, y Fotografías de Emiliano Thibaut, Liberarte, Argentina, 1996

 

DOS VISIONES SOBRE EL ZAPATISMO

Eduardo Galeano

http://www.lafogata.org/galeano/galeano18.htm


Encuentro zapatista con la nación

Por Alain Touraine

Tomado de Página12 11/3/2001

Existía un riesgo real de disolución del movimiento zapatista una vez que cambió la política del gobierno. El eco encontrado por la marcha hacia México y, digámoslo de una vez, el compromiso personal del presidente Fox hacen poco probable tal desenlace. Los zapatistas se han ganado el respeto y la admiración de muchos, puesto que su movimiento es el más importante en el continente latinoamericano. Pero, sobre todo, este movimiento de defensa de los pueblos indígenas ha sabido transformarse al mismo tiempo en una vasta acción para ampliar la democracia en México y que va mucho más allá de reconocer los derechos de los indígenas y librarse de un falso mestizaje, que no ha conducido más que a privar a los indígenas de todo reconocimiento de su identidad cultural y de sus derechos materiales.
Por supuesto que los zapatistas trabajan para dar a todos los indígenas una expresión colectiva. Pero su papel puede y debe ser más amplio. En México, al menos la mitad de la población está fuera del juego, política, económica y culturalmente. Y los indígenas, que representan alrededor del 10 por ciento de la población, son una minoría entre estos excluidos y marginados.
¿Cómo puede México, tras la caída del PRI, crear un sistema político si la mitad de la población sigue estando fuera de él? Este es, en mi opinión, el sentido de la situación actual, y especialmente de la complementariedad de los objetivos del zapatismo y los del presidente.
Este busca ensanchar el sistema político y parece estar decidido a hacerlo sin una campaña populista. Por su parte, los zapatistas, que se suicidarían políticamente si ingresaran en un partido político, pueden transformarse en un movimiento, cuyo objetivo sería el de integrar a los excluidos en la vida nacional.
Esta doble iniciativa es tan original que encuentra reticencias y oposiciones. La del presidente Fox puede tropezar con importante políticos, con partidos –incluido el suyo– desorientados, y con el rechazo de la clase media hacia las categorías más desfavorecidas. Los zapatistas tienen como principal obstáculo superar el arcaísmo de una izquierda –por fortuna, principalmente extranjera– que trata de revivir la epopeya del Che, cuando no hay nada más alejado de las pasadas guerrillas que la política de Marcos, quien no distingue entre la amplificación de la democracia mexicana y la defensa de la población chiapaneca.
Las jornadas que vivimos desde el inicio de la caravana son decisivas. O esta marcha termina en la disolución del movimiento zapatista o, por el contrario, éste encuentra nuevos objetivos, muchos más amplios, directamente democráticos y que contarán con el apoyo de todos aquellos que quieren finalmente construir un verdadero sistema político en México.
Lo que sucede en estos momentos sobrepasa todas las previsiones. Nadie imaginaba que el movimiento zapatista encontraría tan rápidamente un apoyo popular de semejante amplitud y tampoco que el presidente Fox se comprometería de manera tan decidida en este asunto.
México tiene hoy una posibilidad que hasta ayer no tenía, la de transformar su vida política y, en primer lugar, su concepción de la nación y la democracia. Sólo será reconocido mundialmente como un gran país si logra este cambio. Los zapatistas han sido, son y serán uno de los agentes principales en el éxito de esta mutación. Y el pueblo mexicano, al recibirlos y acompañarlos, ha demostrado su capacidad de lograr decisivos progresos para el país.

 

Una marcha universal
Por Eduardo Galeano

Año 1915, año 2001: Emiliano Zapata entra en la ciudad de México por segunda vez.
Esta segunda vez viene desde La Realidad, para cambiar la realidad: desde la Selva Lacandona llega para que se profundice el cambio de la realidad de todo México.
Desde que emergieron a la luz pública, los zapatistas de Chiapas están cambiando la realidad del país entero. Gracias a ellos, y a la energía creadora que han desencadenado, ya ni lo que era es como era.
Los que hablan del problema indígena tendrían que empezar a reconocer la solución indígena. Al fin y al cabo, la respuesta zapatista a cinco siglos de enmascaramiento, el desafío de estas máscaras que desenmascaran, está desplegando el espléndido arcoiris que México contiene y está devolviendo la esperanza a los condenados a espera perpetua. Los indígenas, está visto, sólo son un problema para quienes les niegan el derecho de ser lo que son y así niegan la pluralidad nacional y niegan el derecho de los mexicanos a ser plenamente mexicanos, sin las mutilaciones impuestas por la tradición racista, que enaniza el alma y corta las piernas.
Ante el mamarracho del proyecto de anexión y traición, ante el patético modelo de una Disneylandia de cuarta categoría, crece y crece este movimiento que sigue siendo local, con sus raíces hundidas en la tierra de la que brotó, pero que ya es, también, nacional. Puede cambiar, está cambiando, y en gran medida gracias al levantamiento indígena de Chiapas, este país que es de todos, pero pertenece a poquitos y expulsa a sus hijos. Porque está muy bien que el gobierno quiera amparar a los mexicanos que se van, y que mueren al ritmo de uno por día por bala o por sed; pero más importante que el derecho de irse es el derecho de quedarse.
¿Y por qué tiene que meter la nariz un extranjero, vamos a ver, en estos asuntos mexicanos, si ni siquiera tiene un pinche dólar invertido en el petróleo ni en nada? Pues ocurre que este movimiento local, que se volvió nacional, se ha saltado las fronteras hace rato. Democracia, justicia, dignidad: millones de personas, en todos los países, agradecemos a los zapatistas y a otros movimientos de los que mueven al mundo la resurrección de esas banderas en este mundo regido por la rentabilidad, la humillación y la obediencia. Hay cada vez menos democracia en los tiempos de la globalización obligatoria; nunca tantos hemos sido gobernados por tan pocos. Hay cada vez más injusticia en la distribución de los panes y los peces. Y la dignidad está cada vez más aplastada por la prepotencia del poder universal, hoy por hoy encarnado en ese huésped grosero que ha sido capaz de sentarse en la mesa de su anfitrión para ofrecerle el postre envenenado de un bombardeo a Bagdad.
Nada de lo que en Chiapas ocurre, nada de lo que ocurre en México nos es ajeno. En la patria de la solidaridad, no hay extranjeros. Somos millones los ciudadanos del mundo que ahí estamos sin estar estando.

Eduardo Galeano escribe varios textos sobre el zapatismo. Dos cartas de Marcos a Galeano 

http://clajadep.lahaine.org/?p=5721


 

Eduardo Galeano escribe varios textos sobre el zapatismo. Dos cartas de Marcos a Galeano

25.Dic.05 :: Análisis y Noticias

 

Nota de Clajadep:
Motivados por la aparición pública de compas tupamaros críticos del actual MLN en en gobierno de Uruguay, sacamos y desenpolvamos de nuestro archivo algunos textos de Galeano sobre el zapatismo y dos cartas del sup. al escritor.

Ello no es aleatorio ni casual. Creemos que es importante para la actual etapa donde la izquierda tradicional, que Galeano dice que sigue la línea europea, es decir venir de arriba y desde afuera a diferencia del zapatismo que plantea salir de abajo y desde dentro, pretende de forma oportunista sacar provecho acarreando aguas para su molino del resultado electoral boliviano.

Veamos pues estas joyas de la literatura y de la política continental muy “desconocidas” y casi nada divulgadas por esa izquierda, que publica de Galeano sólo lo que le conviene:

Una marcha universal
Eduardo Galeano

Año 1915, año 2001: Emiliano Zapata entra en la ciudad de México por segunda vez. Esta segunda vez viene desde La Realidad, para cambiar la realidad: desde la selva Lacandona llega para que se profundice el cambio de la realidad de todo México.

Desde que emergieron a la luz pública, los zapatistas de Chiapas están cambiando la realidad del país entero. Gracias a ellos, y a la energía creadora que han desencadenado, ya ni lo que era es como era.

Los que hablan del problema indígena tendrían que empezar a reconocer la solución indígena.

Al fin y al cabo, la respuesta zapatista a cinco siglos de enmascaramiento, el desafío de estas máscaras que desenmascaran, está desplegando el espléndido arcoiris que México contiene y está devolviendo la esperanza a los condenados a espera perpetua. Los indígenas, está visto, sólo son un problema para quienes les niegan el derecho de ser lo que son, y así niegan la pluralidad nacional y niegan el derecho de los mexicanos a ser plenamente mexicanos, sin las mutilaciones impuestas por la tradición racista, que enaniza el alma y corta las piernas.

Ante el mamarracho del proyecto de anexión y traición, ante el patético modelo de una Disneylandia de cuarta categoría, crece y crece este movimiento que sigue siendo local, con sus raíces hundidas en la tierra de la que brotó, pero que ya es, también, nacional. Puede cambiar, está cambiando, y en gran medida gracias al levantamiento indígena de Chiapas, este país que es de todos pero pertenece a poquitos y expulsa a sus hijos. Porque está muy bien que el gobierno quiera amparar a los mexicanos que se van, y que mueren al ritmo de uno por día por bala o por sed; pero más importante que el derecho de irse es el derecho de quedarse.

¿Y por qué tiene que meter la nariz un extranjero, vamos a ver, en estos asuntos mexicanos, si ni siquiera tiene un pinche dólar invertido en el petróleo ni en nada? Pues ocurre que este movimiento local, que se volvió nacional, se ha saltado las fronteras hace rato. Democracia, justicia, dignidad: millones de personas, en todos los países, agradecemos a los zapatistas, y a otros movimientos de los que mueven al mundo, la resurrección de esas banderas en este mundo regido por la rentabilidad, la humillación y la obediencia. Hay cada vez menos democracia en los tiempos de la globalización obligatoria; nunca tantos hemos sido gobernados por tan pocos. Hay cada vez más injusticia en la distribución de los panes y los peces. Y la dignidad está cada vez más aplastada por la prepotencia del poder universal, hoy por hoy encarnado en ese huésped grosero que ha sido capaz de sentarse en la mesa de su anfitrión para ofrecerle el postre envenenado de un bombardeo a Bagdad.

Nada de lo que en Chiapas ocurre, nada de lo que ocurre en México, nos es ajeno. En la patria de la solidaridad, no hay extranjeros. Somos millones los ciudadanos del mundo que ahí estamos sin estar estando.

El desafío
Eduardo Galeano

En Chiapas, los enmascarados desenmascaran al poder. Y no solamente al poder local, que está en manos de los devastadores de bosques y los exprimidores de gentes. La rebelión zapatista viene desnudando también, desde hace un año y medio, al poder que reina sobre todo México, un poder cuyas peores costumbres enseñan que las urnas y las mujeres están para ser violadas y que hacer política consiste en robar hasta las herraduras de los caballos en pleno galope.

Pero los ecos de Chiapas llegan más allá de la comarca y el reino. Marcos, el portavoz, ha dicho que él es zapatista en México y también es gay en San Francisco, negro en Africa del Sur, musulmán en Europa, chicano en Estados Unidos, palestino en Israel, judió en Alemania, pacifista en Bosnia, mujer sola en cualquier metro a las diez de la noche, campesino sin tierra en cualquier país, obrero sin trabajo en cualquier ciudad. Y en una carta entrañable, el sub ha evocado a su amigo, el viejo Antonio, y ha contado que el viejo Antonio opina que cada cual tiene el tamaño del enemigo que elige. Ahí esta, creo, la clave de la grandeza de este pequeño movimiento campesino, que ha brotado en un lugar que nunca había sido noticia para los fabricantes de opinión pública: su grito tiene resonancia universal, porque expresa una pasión de justicia y una vocación solidaria que desafían al todopoderoso sistema que impunemente se ha apoderado del planeta entero. Y el desafío se formula con bravura en los hechos y con sentido del humor en las palabras, con coraje y con alegría, que nos den cosas que buena falta nos hacen.

Está el mundo sometido a una vasta dictadura invisible. En ella, la injusticia no existe. La pobreza, pongamos por caso, que a tantos atormenta y que tanto se multiplica, no es un resultado de la injusticia, sino el justo castigo que la ineficiencia merece. Y si la injusticia no existe, la pasión de justicia se condena como terrorismo o se descalifica como mera nostalgia. ¿Y la solidaridad? Lo que no tiene precio, no tiene valor: jamás la solidaridad se ha cotizado tan bajo en el mercado mundial. La caridad está mejor vista, pero hasta ahora, que yo sepa, el supergobierno del mundo no ha ofrecido ningún Ministerio de Economía a la Madre Teresa de Calcuta.

El supergobierno: los gobiernos están gobernados por un puñado de piratas, elegidos en ninguna elección. Ellos deciden la suerte de la humanidad y le dictan el código moral. En vez de un gancho, tienen en el puño una computadora, y al hombro llevan un tecnócrata en lugar de un papagayo. Ellos dominan los siete mares de las altas finanzas y del comercio internacional, donde navegan los que especulan y se ahogan los que producen. Desde allí, distribuyen el hambre y la indigestión en escala mundial, y en escala mundial manejan a los mandones y vigilan a los mandados. La televisión, que trasmite sus órdenes, llama paz mundial o equilibrio internacional a la resignación universal.

Pero la condición humana tiene una porfiada tendencia a la mala conducta. Donde menos se espera, salta la rebelión y ocurre la dignidad. En las montañas de Chiapas, por ejemplo. Largo tiempo callaron los indígenas mayas. La cultura maya es una cultura de la paciencia, que sabe esperar. Ahora, ¿cuánta gente habla por esas bocas? Los zapatistas están en Chiapas, pero están en todas partes. Son pocos, pero tienen muchos embajadores espontáneos. Como nadie nombra a esos embajadores, nadie puede destituirlos. Como nadie les paga, nadie puede contarlos. Ni comprarlos.

(Mensaje enviado al Segundo Diálogo de la Sociedad Civil, México, junio de 1995.)

La Jornada 29 de julio de 1996
Entrevista a Galeano

Ni recetas ni modelos; venimos a soñar juntos otro mundo posible

Raquel Peguero, enviada, y Javier Molina, Oventic, Chiapas, 28 de julio ¤
Con la impresión de que los Aguascalientes son una “enorme Torre de Babel donde se hablan todas la lenguas, empezando por las de Chiapas’’, pero con la certeza de que, a diferencia del otro, éste “tiene destino hacia su camino al cielo porque hunde sus raíces en lo más hondo del mundo y son lenguas que se juntan para decirse juntas, palabras compartidas que transmiten la misma energía –aun cuando algunas están desprestigiadas o no se usan– como son justicia, solidaridad, identidad y alegría”, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, llegó para unir su voz contra el neoliberalismo y por la humanidad:

–”Sí y se empezará a hablar, no con la intención de formular recetas No hemos venido con la intención ni de recibir ni dar recetas sino de decir: ésta es la enfermedad y aquí está el remedio. Por experiencia personal me he acostumbrado a desconfiar de los que proporcionan recetas. La realidad es muy compleja y lo importante es empezar a juntarse para pensar juntos, a partir de una convocatoria realizada por un grupo de personas que desde hace miles de años tienen la costumbre de soñar en conjunto. Eso ha salvado a las culturas indígenas que han podido sobrevivir en América porque muchas han sido exterminadas y otras han sido deformadas hasta hacerse casi irreconocibles, pero las que se han salvado, ha sido gracias a ello, o sea, a esa capacidad de clavar los ojos más allá de la infamia. Asi que empezaremos a advinar otro mundo posible, quizá al principio dando palos de ciego, pero partiendo de la certeza de que este mundo que identifica a la libertad del dinero con la libertad de las personas, se está convirtiendo en una suerte de gigantesco campo de concentración para la mayoría de sus habitantes donde, a quien no condena al hambre de pan lo condena al hambre de abrazos.

–¿No cree que ante la falta de modelos a seguir, existe el peligro que aquí la gente quiera que le digan cómo hacer uno?

–Sí claro: es la nostalgia del catecismo que tenemos todos. Creo que la vida es una aventura de la libertad y tenemos que ganarnos la libertad de pensar sacándonos de encima los modelos, a partir de la certeza de que el mundo tal como está no-fun-cio-na y que, además, comete cotidianamente crímenes que nos suicidan a todos. A partir de ese certeza esencial vamos a empezar a armar algo diferente, nuevo que será además, múltiple porque cada lugar será diferente de los otros, no comulgará en los altares de una cultura dominante que confunde precio con valor y que convierte a las personas y a los países en mercancías. Reuniones como ésta están levantando ciertas banderas que tienen que ver todas con la dignidad humana e implican una comunidad de lenguaje diciendo ciertas cosas esenciales que hacen a la dignidad humana.

–Antonio Machado decía: “entre todas las voces escucho una’’, ¿cree que en esta diversidad se podrá escuchar una voz que sea la de América Latina.

–Claro, lo mejor que tiene esa voz es que es diversa, múltiple y contradictoria, tan es así que se contradice a sí misma y esa es la prueba de que está viva. Hay gente que dice ¿cómo van a hablar de América Latina?, ¿qué tiene que ver un hatiano con un argentino; un indio de Chiapas con un habitante de Sao Paulo?, pero menos mal que tenemos esa diversidad porque en un mundo donde el que no se muere de hambre se muere de aburrimiento, no queremos ser hambrientos pero tampoco aburridos.

–¿No importa que todos los que están aquí no entiendan lo mismo?

–Si entendieran lo mismo sería un opio: no habría quién pudiera soportar una reunión de estas. Artigas solía decir: “la contradicción es la única prueba de la libertad”. Yo diría más: sí, la contradicción es la única prueba de la libertad porque es la única prueba de la vida y me parece estupendo que exista a partir de un eje que congrega a gente muy diversa, venida de lugares diversos porque permite confirmar la fe, en esa esencial unidad de la condición humana a partir de su diversidad. Hablamos de la justicia antes, pero otro eje esencial de una reunión como ésta es el respeto al prójimo, el respeto a la identidad del otro: querer al otro justamente en su diferencia y eso es muy importante afirmarlo hoy, más que nunca, porque nunca el mundo había sido tan desigual en las oportunidades que brinda. Nunca fue tan injusto en el reparto de panes y peces, pero nunca había sido tan igualador en las costumbres que impone, tan borrador de las diferencias culturales que son las que hacen de la condición humana un alegre arcoiris.

–Chiapas en eso, es un muestrario rico pero, como dice la poeta Dolores Castro, de repente todas las lenguas son una sola llama.

–Lo que pasa es que la condición humana es así en todas partes: es un arcoriris, pero nosotros estamos ciegos de él. Los que compartimos la aventura humana en el mundo del fin de siglo, estamos ciegos de ese arcoiris porque nos impiden verlo en todo su fulgor y hermosura, los antifaces que nos han obligado a usar como el racismo, que impide recuperar la plenitud de la condición humana o, el machismo, que nos mutila reduciéndonos a la mitad, o el elitismo, o el militarismo o cualquier otro que nos impiden recuperar la porfiada alegría de nuestra diversidad.

–¿Considera que los zapatistas han logrado, entonces, romper con viejos vicios, incluidos los de la izquierda?

–No sólo los zapatistas, porque ya hubo otros movimientos que reivindicaron de muy saludable manera, una inversión del camino recorrido por la izquierda tradicional. Los zapatistas han recogido muy bien una herencia que viene de otros procesos revolucionarios de los últimos años, porque lo que podríamos llamar la izquierda de origen europeo, pero en América Latina, estuvo en sus inicios muy viciada por una idea que le impidió cuajar plenamente en las realidades nuestras y arraigarse como hubiera sido deseable, y era la idea de que la revolución iba a salvar al pueblo y que los intelectuales alumbrarían a la plebe. A partir de las revoluciones cubana y sandinista y de muchos procesos populares que hubo en países latinos, como que se hizo posible esta insurgencia de Chiapas, que propone el camino inverso: viaja desde adentro y desde abajo, contradiciendo así el viejo esquema de civilización y barbarie dentro del cual la izquierda latinoamericana estaba presa –esta todavía, pero cada vez menos– porque en él, la verdad venía de afuera y de arriba, nunca de adentro y de abajo.

–¿Este sería un modelo a seguir?

–No hay modelos. Hemos hecho en América Latina una experiencia bastante triste en esa materia. Ningún proceso de cambio debe ser impuesto como modelo en otros lugares, no diría cada país, porque en América Latina hay países que contienen otros países, pero cada lugar nuestro, tiene que recorrer su propio camino.

–La novedad de este movimiento, ¿está en el lenguaje?

–Sí, este es un movimiento de enmascarados que ha logrado desenmascarar al poder en escala nacional, regional y mundial , gracias en gran medida al lenguaje que lo expresa. Es un lenguaje muy fresco, muy vivo y con mucho sentido del humor: se toma el pelo a sí mismo, completamente ajeno a la tradición de solemnidad que es la característica de la izquierda tradicional y donde no se proponen más estatuas de mármol y de bronce cuando se habla, sino a lo sumo de maiz o chocolate. Creo que por eso ha tenido esa maravillosa capacidad de contagio con el mundo.

Eduardo Galeano permanecerá en este municipio para participar en la mesa cuatro que girará en torno a las nuevas formas de organización y resistencia civil.

Crónica de Chiapas
Eduardo Galeano

Lluvia
“Está lloviendo ayer”, me dice un lugareño, a la salida de la ciudad de San Cristóbal de Las Casas. Ayer fue el día de San Cristobalito, que siempre viene con lluvia y esta vez vino seco, y por eso es de ayer esta lluvia de hoy.

En el camino hacia la comunidad de Oventic, bajo la lluvia, la frase me zumba en la cabeza. En Chiapas está lloviendo ayer, pero no sólo porque San Cristobalito se había olvidado de mojarnos.

Nos han abierto su casa los olvidados de la tierra. Tenían que ser los más generosos, estos que son los más pobres entre los pobres de toda pobrecía. En las comunidades zapatistas de la selva Lacandona y de los altos de Chiapas, nos hemos juntado los venidos de más de cuarenta países.

-Vengan a ofrecer su palabra -invitaron los dueños de casa.

A machete limpio, ellos han levantado pirámides de troncos, para darnos cobijo ante la lluvia incesante. Amuchados en el barro, entre perros flacos y niños descalzos, compartimos ideas, dudas, proyectos, delirios. Durante toda una semana, chapoteamos juntos cinco mil mujeres y hombres que nos negamos a creer que la ley del mercado es la ley de la naturaleza humana, desde el Superbarrio mexicano hasta las madres angustiadas de Plaza de Mayo, pasando por los campesinos sin tierra del Brasil y las feministas, los homosexuales y los sindicalistas y los ecologistas de todas partes.

Nuestros anfitriones andan enmascarados:

-Detrás de estos pasamontañas

-nos dicen- estamos ustedes.

Niebla
La niebla es el pasamontañas que usa la selva. Así ella oculta a sus hijos perseguidos. De la niebla salen, a la niebla vuelven: la gente de aquí viste ropas majestuosas, camina flotando, calla o habla de callada manera. Estos príncipes, condenados a la servidumbre, fueron los primeros y son los últimos. Les han arrancado la tierra, les han negado la palabra, les han prohibido la memoria. Pero ellos han sabido refugiarse en la niebla, en el misterio, y de allí han salido, enmascarados, para desenmascarar al poder que los humilla.

Los mayas, hijos de los días, están hechos de tiempo:

-En el suelo del tiempo -dice Marcos- escribimos los garabatos que llamamos historia.

Marcos, el portavoz, llegó de afuera. Les habló, no le entendieron. Entonces se metió en la niebla, aprendió a escuchar y fue capaz de hablar. Ahora habla desde ellos, es voz de voces.

Aviones
De vez en cuando, algún avión o helicóptero sobrevuela las cinco distantes comunidades donde está ocurriendo la multitudinaria reunión internacional que han convocado los zapatistas. Son los militares, que avisan a los indios:

-Ellos se irán, nosotros quedamos.

Ya ocurrió en Guadalupe Tepeyac. Esa comunidad, ahora es cuartel. Allí se hizo la primera concentración de solidaridad con los zapatistas. Miles de gentes llegaron. Cuando se fueron, el ejército invadió. En febrero del año pasado, el ejército usurpó la tierra, las casas y las cosas, expulsó a los indígenas y se quedó con todo lo que ellos habían creado, abriendo selva, en medio siglo de trabajo. Pero desde entonces el zapatismo ha crecido mucho. Cuanto más fuerte resuena su voz en el mundo, menos impunidad tiene el poder.

-No podemos salvarnos solos

-dicen los zapatistas, y dicen:

-Nadie puede.

Exorcismo
Cuando una comunidad se portaba mal, y se negaban sus hombres a ser esclavos de las haciendas, la tropa se los llevaba -y nunca más-. Hartos de morir por bala o hambre, los indígenas se armaron. Con más palos que fusiles, pero se armaron.

Como en Guatemala, la tierra vecina donde viven otros mayas, no fue la guerrilla la que provocó la represión. Más bien fue la represión la que hizo inevitable a la guerrilla. De los delegados de las comunidades que acudieron al Primer Congreso Indígena de Chiapas, en 1975, pocos sobrevivieron. En el Quiché, en Guatemala, entre 1976 y 1978, el gobierno asesinó a 168 líderes de las cooperativas que habían florecido en la región. Cuatro años después, invocando a la guerrilla como coartada, el ejército guatemalteco redujo a cenizas a cuatrocientas cuarenta comunidades indígenas.

A uno y otro lado de la frontera, las víctimas son indígenas, y los soldados también. Estos indios usados contra los indios, están al mando de oficiales mestizos, que en cada crimen realizan una feroz ceremonia de exorcismo contra la mitad de su sangre.

Cuando el año 94 olía a bebé recién nacido, los zapatistas aguaron la fiesta del gobierno mexicano, que estaba loco de contento declarando la libertad del dinero. Por las bocas de sus fusiles resonaron las voces de los jamás escuchados, que así se hicieron oír.

Pero los fusiles zapatistas quieren ser inútiles. Este no es un movimiento enamorado de la muerte, no siente el menor placer en disparar tiros y ni siquiera consignas, y tampoco se propone tomar el poder. Viene de lo más lejos del tiempo y de lo más hondo de la tierra: tiene mucho que denunciar, pero también tiene mucho que celebrar. Al fin y al cabo, cinco siglos de horror no han sido capaces de exterminar a las comunidades, ni a su milenaria manera de trabajar y vivir en solidaridad humana y en comunión con la naturaleza.

Los zapatistas quieren cumplir en paz su tarea, que en resumidas cuentas consiste en ayudar a que despierten los músculos secretos de la dignidad humana. Contra el horror, el humor: hay que reír mucho para hacer un mundo nuevo, dice Marcos, porque si no, el mundo nuevo nos va a salir cuadrado, y no va a girar.

Lluvia
Chiapas quiere ser un centro de resistencia contra la infamia y la estupidez, y en eso está. Y en eso estamos, o quisiéramos estar, los que nos hemos enredado en las discusiones de estos días. Aquí, en esta comunidad llamada La Realidad, donde falta todo menos las ganas, cae la lluvia a todo dar. El estrépito de la lluvia no deja oír las voces, que a veces son ponencias de plomo o discursos de nunca acabar, pero mal que bien nos vamos entendiendo en la tronadera, porque bien valen la pena la voluntad de justicia y la luminosa diversidad del mundo. Y mientras tanto, como diría aquel lugareño de San Cristóbal que quizá se llama Julio, está lloviendo mañana la lluvia que llueve y llueve y llueve.

Tomado de:
Brecha, Montevideo, viernes 29 de marzo de 1996.

—-

CARTAS DEL SUP A GALEANO

Ejército Zapatista de Liberación Nacional
México
2 de mayo de 1995

A: Eduardo Galeano.
Montevideo, Uruguay.

De: Subcomandante Insurgente Marcos
Montañas del Sureste Mexicano. Chiapas, México.

Señor Galeano:

Le escribo porque… porque me dieron ganas de escribirle. Porque ya pasó el día del niño acá en México y se me ocurre que a usted le puedo platicar lo que acá pasa, en un día del niño, en medio de una guerra sorda. Le escribo porque no tengo ninguna razón para hacerlo y, entonces, puedo así contarle lo que pasa o lo que me viene a la cabeza, sin la preocupación de que no se me vaya a olvidar el motivo de la carta. Porque sí, pues.

También porque perdí el libro que me regaló y porque ese ratón cambista que suele ser el destino (?) ha repuesto el libro perdido con otro libro. Y porque se me ha quedado bailando en la cabeza una parte de su libro “Las palabras Andantes”.

Porque dice así:

“¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?”.
Ventana sobre la palabra (VIII), p.262.

Y entonces yo me he recostado para pensar y fumar. Es de madrugada y como almohada tengo un fusil (bueno, en realidad no es un fusil, es una carabina que fue de un policía hasta enero de 1994. Antes servía para matar indígenas, ahora sirve para que no los maten). Con las botas puestas y la pistola recostada a un lado, cerca de la mano, pienso y fumo. Afuera, alrededor de humo y pensamientos, mayo se engaña a sí mismo fingiendo que es junio y hay ahora una torm

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