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Ecología, poesía y lenguaje


La cosa más bella que podemos experimentar es lo misterioso. Es la fuente de toda verdad y ciencia. Aquel para quien esa emoción es ajena, aquel que ya no puede maravillarse y extasiarse ante el miedo, vale tanto como un muerto… Albert Einstein.

El ojo del poeta, girando en medio de su arrobamiento, pasea sus miradas del cielo a la tierra y de la tierra al

cielo; y como la imaginación produce formas de cosas desconocidas, la pluma del poeta las diseña y da nombre y habitación a cosas etéreas que no son nada. William Shakespeare.

Conversando con niños de cuarto grado en un colegio que fundé en el estado Zulia en la década pasada, le pregunté a un pequeñín de 9 años, hijo de un cerril terrateniente de la zona, porque creía él que era necesario conservar lanaturaleza y la diversidad de la vida; el niño me miró en silencio durante unos instantes y luego, modulando lentamente las palabras, casi como en una confesión, me respondió: “Porqué sin árboles, pájaros y mariposas la vida sería muy triste, muy solitaria y callada profesor”. Debo confesar a mi vez que disfrute enormemente ese momento imaginando la cara del padre del niño cuando se enterara que sobre la larga y añeja tradición de caciques, terrófagos y sementales de su familia se cernía, imprevista y amenazante, la figura de un… poeta!

Esta hermosa declaración, atesorada en mi memoria en las dulces palabras de un niño, me sigue pareciendo hasta hoy, una de las mejores explicaciones que he conocido sobre la importancia de la biodiversidad. La palabra, la poesía, ha sido, y sigue siendo, el instrumento a través del cual nos constituimos en humanos.

Hasta el advenimiento de la modernidad y el capitalismo y su industria cultural, la mayoría de los pueblos del mundo hablaban con lenguajes que pretendían comunicarse con sus entornos, lenguajes que eran un reflejo del medio no antropizado que los rodeaba, lenguajes que adecuaban la vida humana a los astros, las estaciones y el resto de elementos y formas de vida. El lenguaje era construido cotidianamente a imagen y semejanza de los procesos y ritos del entorno natural del hombre, quien los reproducía, primero en su mente a través de la imaginación, y luego en sus palabras a través de la poesía. .

Decía Jean Paul Sartre que el acto de la imaginación es un acto mágico, un encantamiento destinado a hacer aparecer la cosa deseada. Nuestra imaginación es inseparable de nuestro lenguaje. Nombramos las cosas que imaginamos, quizás por ello veamos hoy tan empobrecido nuestro lenguaje, en tanto que cada día la imaginación del ser humano se empobrece, aturdida por la sórdida violencia simbólica de la era electrónica, cibernética y digital en que vivimos.

Con el triunfo y consecuente hegemonía del pensamiento racional-mecanicista en el mundo occidental, y su posterior extensión al resto del mundo, comenzó el proceso de desacralización de la vida y de la naturaleza; los seres vivos, los paisajes, las estrellas, el tiempo, el viento, la luna y el sol fueron convertidos en simples objetos de estudio, en conceptos vacíos, despojados de toda forma de belleza y reverencia. El capitalismo vino a apuntillar lo que quedaba de sagrado y hermoso al convertir todo lo existente en simples mercancías, sustituyendo incluso el lenguaje tecnocientífico por el lenguaje contable, más cónsono con sus principios e intereses.

La visión mágica y poética del mundo, tan necesaria para la participación e integración del hombre con su entorno natural, comenzó a debilitarse. Comenzamos a perder nuestra capacidad de hablar con la naturaleza y de entender lo que ella nos decía. Debido a nuestra originaria y fundamental indeterminación biológica, el hombre debe abrirse al mundo y participar con él y en él. El triunfo casi absoluto del positivismo en el pensamiento occidental del siglo XIX, consolidó el rompimiento con la naturaleza a la vez que sirvió de justificación al avasallamiento y sometimiento de pueblos “bárbaros, salvajes y atrasados” que no hablaban ni entendían el nuevo lenguaje lógico, científico y mercantil.

El lenguaje tecnocientífico derrotó y arrinconó al lenguaje poético, estigmatizándolo como propio de parias y locos, de hippies, soñadores y vagamundos; los hombres y sociedades que vivían integrados a sus ecosistemas naturales, comunicándose con ellos, haciéndose verbo cotidianamente con sus entornos, fueron tildados de salvajes y primitivos, de bárbaros y atrasados por quienes esgrimían a la ciencia y la técnica como estandartes de la civilización y el progreso.

Las prácticas e intentos de formación de una conciencia ecológica (Educación Ambiental) no han escapado a esta absurda tendencia. Al utilizar el lenguaje propio del sistema que debería intentar combatir y transformar, han promovido un conocimiento neutro de la naturaleza, sus fenómenos y relaciones, como hechos aislados del ser humano, legitimando de esta forma al modelo racionalista-tecnológico-capitalista que ha generado en los últimos 500 años la crisis medioambiental que vive la humanidad.

Esta crisis se ha acelerado exponencialmente en los 50 años finales del siglo XX y primeras dos décadas del XXI. El marco objetivo del poderosísimo mundo electrónico-digital-mediático del capitalismo ha producido en una enorme porción de la población mundial un estado de nihilismo estructural, un egonarcisismo consumista e hiperindividualista desatado y sin control, que torna en extremo difícil el trabajo de sensibilización sobre la destrucción del ecosistema terrestre y al que no es posible atacar con simples exposiciones de datos o memorización de contenidos. Las estrategias tienen que ser necesariamente emocionales. Una Educación Ambiental sin sensorialidad, deseos, alegría, angustia ni amor es un simple ejercicio mecánico, muerto, yermo y frío. Sólo podremos cuidar, respetar y preservar lo que amamos, y es de un absurdo delirante el creer que se puede enseñar a amar algo a través de un lenguaje técnico, mecanicista y cartesiano. Como bien lo señala George Leonard, la Educación Ambiental tiene que ser una educación con éxtasis.

El capitalismo nos ha condicionado a relacionarnos con la naturaleza no como estetas para admirar su belleza, no como místicos para reverenciar su divinidad, no como poetas para cantar sus múltiples maravillas, no como hijos agradecidos de sus dones, no, nos ha enseñado a relacionarnos con nuestro entorno como conquistadores armados dispuestos a saquear sus riquezas sin reparar en los medios a utilizar para ello. La epistemología positivista legitimó dicha forma de relacionarse, de un lado dándole carácter científico a las tesis civilizatorias y de progreso y desde el lado de las ciencias naturales cosificando y “objetualizando” a la naturaleza y sus relaciones en función de sus valores de cambio.

El dominio y explotación sobre la naturaleza es parte inseparable de la filosofía del desarrollo, quiera llamarse a este sostenible, sustentable o verde. Una Educación Ambiental tecnicista y racionalista, como la que hasta ahora se ha venido impartiendo en todos los niveles, contradictoriamente se vuelve en contra de lo que debería proteger, pues se hace parte de la lógica del sistema, de sus fuerzas productivas, ya que busca garantizar la producción y reproducción de la vida pero sin cuestionar la hegemonía y perpetuación del modelo en el que funciona.

La propuesta de una Educación Ambiental poética es, en modo alguno, ajena a las tareas de construcción de un nuevo socialismo. Construir una nueva sensibilidad, una nueva ética de no destrucción, de no explotación es el presupuesto necesario para el establecimiento de un nuevo orden ecosocial. Es esta la utopía que tenemos frente a nosotros, la que debemos de hacer realidad, y con esto, debemos recordar que la poesía es el vehículo esencial de toda utopía. La poesía, no es redundante recordarlo, perturba el orden establecido, prefigura nuevos mundos y distintas realidades y horizontes, quizás precisamente por ello ha escrito el ecofilósofo y poeta español Jorge Riechmann: “La poesía nos recuerda que lo esencial de la vida, lo que realmente importa, es algo que está más allá de la estadística y la máquina, de la prisa y las ocupaciones, del ruido y del progreso: Algo que tiene que ver con la respiración, el vínculo y el silencio; algo relacionado con perfeccionar el arte de vivir en vez de estar absorbidos por la preocupación constante del progreso”.

EcoPortal.net

Joel Sangronis Padrón

 

La nueva Ley de Semilla y la matríz productiva agrícola


La idea principal de cualquier ley de semilla es que los productores “únicamente siembren semillas de buena calidad”. Todo ello con el propósito de incrementar la productividad, los rendimientos para así alimentar mejor a la población. Noble argumento, el cual encierra un sin fin de complejidades e inexactitudes que suelen confundir y desanimar las tantas buenas intenciones que las leyes ofrecen y a quienes las promueven y fomentan.

La vieja (2002) y nueva ley de semillasvenezolana, han sido redactadas con híbridos de ideas aparentemente progresistas, escondiéndose las distintas intensiones ideológicas y técnicas-políticas que cargan. Lo valoramos cuando vemos reflejado a lo largo de sus contenidos. En particular la férrea dependencia y vasos comunicantes de los mismos lugares, donde se producen las semillas industrializadas. Se utilizan profesionales super-especializados para elaborar y reproducir nuevas semillas. Procesos de semillas en mano y no en la finca de los productores. Por ello, toda ley de semillas, además de celar y potenciar la propiedad intelectual, lleva implícito su regulación comercial. Una situación conlleva a la otra, son fruto del mismo proceso, necesariamente se dan los complementos.

En la mayoría de las leyes de semillas que circulan y en sus valoraciones históricas ver (Biodiversidad y Sustento Abril, 2005) para la comercialización de las semillas son obligatorios el registro y la certificación(modelo del Unión Europea). Los criterios DUS (distinto, uniforme y estable) están en todas partes, y existen varios sistemas internacionales en uso para facilitar y armonizar el comercio mundial de las semillas. Sin embargo las semillas comerciales representan sólo una porción de los que los agricultores siembran. En los países del sur de ese otro mundo posible, los agricultores– no el mercado, tampoco el estado—abastecen de forma directa casi el 70% de las necesidades de la semillas. En Africa es el 90%. En Europa es sólo 5%. En Suiza y Alemania el 50%. A pesar de las reglamentaciones, los agricultores todavía son los más grandes abastecedores de semillas del mundo. Esto no significa que las leyes de semillas son ineficaces; sino que son proclive a crear situaciones en perjuicios de grandes sectores de la población de cualquier sociedad.

Entre las tantas dificultades que una ley de semilla puede proporcionar a cualquier política agroalimentaria, enmarcamos algunos de ellas:

Se aseguran que las variedades tradicionales de semillas que no son producidas por las industrias semilleras y no estén protegidas por los derechos de propiedad intelectual, tampoco puedan circular libremente. En algunos casos son los cultivares que el gobierno decida, se pueden comprar y autorizados por los entes transnacionales.

Se privatiza el conocimiento a partir de las tantas bondades que la diversidad de genes en las semillas nos ofrecen.

Como se ha dado, en todos los países del mundo, las corporaciones imponen una fuerte presión técnico-política, para hacer crecer y consolidar el uso y dependencia de las semillas industrializadas. Imposición que tiene otras aristas en las políticas de financiamiento, científicas y tecnológicas de los que las ejercen, en detrimento del desarrollo de una política agroalimentaria propia. Venezuela tiene una controversial historia al respecto y es desde allí, donde también consideramos que debemos incorporar al debate de las leyes de semilla; ¿el cambio o no de la matriz productiva agrícola nacional?

El registro y la certificación obligatoria de semillas, priva el acceso, intercambio y abastecimiento mucho más significativo entre los agricultores. Se viola un derecho básico constitucional frente a esta ilógica prohibición de circular sus propias semillas.

Las consideraciones anteriores inducen a un proceso privativo, de inmensas ganancias de dinero, controladas por las coorporaciones foráneas. Desmedido lucro, que a posterior se descubre entre la supina inocencia, de los políticos de turno que hacen lobbies en promover las leyes.

Todas las consecuencias precedidas y otras secuelas en lo social, cultural y productivo al parecer, no se están evadiendo con la vieja y nueva ley de semillas venezolana que en la actualidad se debate. Un buen e ilustrativo ejemplo: en el caso de la soya revolucionaria, que en estos últimos 8 años se han invertido excesivas cantidades de dinero por consolidar la producción en la mesa de guanipa en el oriente del país y los resultados han sido precarios. Estas inversiones han venido acompañadas de encomiables esfuerzos, en traer los mejores componentes científicos tecnológicos de Brasil y Argentina, y que por desajustes o desconocimiento entre las condiciones agroecológicas y el andamiaje técnico, los rendimientos esperados de la soya, no se han logrado. Que explicaciones podemos precisar para tratar de entender que cuando se inicia la cooperación técnica argentina la producción de soya inicio su declive llegando a decaer hasta en un 65% en relación a las siembras que venían siendo dirigidas por profesionales venezolanos. Invitamos a evaluar los registros en pérdidas y los desembolsos, que las compañías de seguro archivan en casi una década. Que diga PDVSA Agrícola si esto es: ¿cierto o falso?

Frente a esta realidad los vendedores de Monsanto, aseguran que en dichas condiciones agro-técnica-ambientales, han de tener éxito sus semillas transgénicas de soya. Proponiéndonos cobrar el 9% de Royalty por la producción obtenida. Otros ejemplos, en su mayoría manejados por la Fundación Polar, sujetos a intereses estrictamente comerciales de híbridos de maíz; investigados y mejorados genéticamente en otras latitudes, han sido incorporados en los campos venezolanos con o sin éxito en detrimento de nuestras condiciones ambientales, sociales y financieras.

En el contexto anterior, cabría preguntarse las siguientes reflexiones: ¿tendría sentido avanzar en una ley que legaliza la histórica consolidación de las pérdidas agrícolas y los distintos agravios ambientales? ¿Haciéndonos más dependiente de las transnacionales del agro? ¿no nos luce contradictorio la valoración de estos momentos?¿ La leyes de semillas venezolanas son, apropiadas para los cambios de la matriz productiva nacional? ¿Es necesario o no una ley o reglamentaciones que orienten el proceso de transición de esa nueva matriz productiva en el nuevo orden territorial que la Venezuela de cambios esta exigiendo? ¿ Sería una Ley Organica de Agroecología que llenaría este y otros vacíos?

Ubicarnos en la realidad actual:

Otras tantas preguntas podemos y debemos hacernos, lo que acá también tenemos que resaltar; son los modestos avances que en Venezuela se vienen dando, siendo coherentes con muchos de los documentos rectores que ha impulsado este proceso revolucionario, en especial con el Programa Patria 2013-2019 y las exigencias agro-ambientales que allí se esbozan, cuando se solicita aceleradamente avanzar en un nuevo modelo económico y de producción ecosocialista, partiendo de las reales eco-bases materiales que nuestros recursos biológicos del trópico nos ofrece.

Nuestros modestos logros en: Los satélites Bolívar y Miranda; los productores en transición hacia los alimentos agroecológicos y orgánicos; los aciertos de la producción biológica del INSAI; los importantes resultados que nos dio el plan nacional de semilla, espacio que logro detectar unos cientos cultivares; las propuestas agroecológicas del Presidente Maduro; el plan y manejo de ladiversidad biológica; el recuperable programa todas las manos a la siembra; los logros de los mercados orgánicos y de mano a mano; el despliegue de la formación agroecología en varios niveles del conocimiento; una que otras investigaciones en el área agroambiental que emergen; son algunos de los tantos resultados obtenidos, que claramente nos evidencian la coherencia en los pasos que debemos dar hacia los cambios de la matriz productiva agrícola nacional. Al parecer son dinámicas y procesos que no tiene vuelta atrás.

Las razones anteriores nos dan las bases para sostener y continuar nuestros argumentos, valorados en varias entregas y debatidos en distintos foros: las condiciones agroambientales que nuestra amada patria Venezuela nos exige: se concentran en estudiar, investigar, valorar, producir y desplegar las inmensas potencialidades que las 463 especies alimentarias que nuestro territorio nos ofrece. Allí está la nueva agricultura nacional. De allí parten las razones soberanas de una autentica política científica agroalimentaria y de otras áreas del conocimiento.

Venezuela, como todo país de agroecosistemas tropicales, donde abundan especies alimentarias, natural e históricamente se han dispuesto y co-evolucionado en forma de cultivos múltiples o asociaciones de cultivos ; los cuales conforman, en sus arreglos diferentes estrategias, que apuntan a minimizar riesgos ambientales, los rendimientos se estabilizan y en sus distintas combinaciones son mas altos y representativos que los monocultivos. Todos estos agroecosistemas consiguen niveles de eficiencia, sustentabilidad y complejidad altos.

Distintas investigaciones y reportes de alto nivel académico y científicoliderizados por Francis(1986); Gliessman(1985); Vandermeer(1992) Altieri(2000); Nuñez (2002) nos expresan que las tantas reflexiones en ellos encontradas entre los cultivos múltiples, también se han de manifestar en las cantidades de cultivares asociados que encontramos en Venezuela. Se trata entonces, de avanzar potenciando la realidad propia de nosotros; de lo tanto que nos expresan nuestros agroecosistemas diversos; de sus arreglos, manejo y gestión productiva de manera coherente y sustentable, concibiendo en ellos las distintas tensiones ambientales.

A manera de conclusión:

El trabajar en las áreas ambientales y productivas es también aprender a como integrar las diferentes funciones y sinergías que se conciben en los agroecosistemas y sus componentes en la dinámica social que emerge. Ello requiere del compromiso, colaboración y unidad de un equipo transdisciplinario, donde se expresen las distintas voluntades en saber entender que la nueva producción agrícola y sus tantas reglamentaciones tiene que contemplar una perspectiva multifuncional. Donde la participación de distintos sectores, profesionales diversos, estudiantes se activen y expresen sus tantos aportes. En especial nuestros productores y campesinos quienes con sus experiencias y conocimientos desde sus sistemas productivos diversos, nos argumentan el verdadero sentido de pertinencia social y territorial que toda ley, norma o reglamento debe y tiene que expresarse, con la coherencia que los procesos revolucionarios exigen. En Venezuela podemos lograrlo!!!

Referencias Bibliográficas
Altieri,M.(2000), Biodiversidad Multifuncional en la Agricultura Tradiconal Latinoamericana. Volumen 15 nros 3-4. Boletin ILEIA. Holanda.
Francis, C.A(1986), Multiple Cropping SystemsMacmillan, New york. USA
Gliessman,S (1985), Multiple Cropping Systems: A Basis for Developing an Alternative Agriculture. Envirotmental Studies. University of California. Santa Cruz, California. USA.
Grain. (2005), Leyes de Semillas: Imponiendo un Apartheid Agrícola.
Biodiversidad y Sustento. Redes-at Uruguay.
Núñez, M.A. (2002), 2da edición. Manual de Técnicas Agroecológicas. PNUD e IPIAT, Merida Venezuela.
Vandermeer J. (1992), The Ecology of Intercropping. University of Michigan, USA. Cambridge University Press.

Ecoportal.net

Aporrea
http://www.aporrea.org/

http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Transgenicos/La_nueva_Ley_de_Semilla_y_la_matriz_productiva_agricola

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